<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' version='2.0'><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986</atom:id><lastBuildDate>Mon, 21 Dec 2009 13:13:08 +0000</lastBuildDate><title>Visiones2</title><description></description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/</link><managingEditor>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>43</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-5931338731178947930</guid><pubDate>Mon, 21 Dec 2009 13:09:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-21T05:13:08.287-08:00</atom:updated><title>"NO HAY FUTURO PARA LA HUMANIDAD FUERA DEL SOCIALISMO"</title><description>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(102, 102, 102);"&gt;Entrevista con Frei Betto, Premio ALBA de las letras&lt;br /&gt;Nirma Acosta (La Jiribilla)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frei Betto ha regresado a La Habana. Esta vez, invitado a recibir el Premio ALBA de las Letras [I] durante la inauguración de la primera Casa del ALBA que tuvo lugar en Cuba como parte de las acciones por la celebración de la VIII Cumbre de esta alianza continental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El escritor y teólogo brasileño [II] tiene más de 50 títulos publicados —ficción, ensayo, memorias, epistolarios— y una intensa labor periodística, pero es una referencia indiscutible su Bautismo de sangre [III] , resultado de la investigación y las vivencias juveniles que narra la participación de un grupo de frailes de la Orden de Santo Domingo en la lucha contra la dictadura militar en Brasil [IV] . En 1973, luego de permanecer cuatro años en prisión como consecuencia de su relación con Acción Libertadora Nacional (ALN) liderada por Carlos Marighella, comienza las indagaciones que quedan recogidas en el texto y luego en un filme de Helvecio Ratton [V] . Tardó, según cuenta, unos diez años en escribir esta historia. “Me dolió describir con detalles, la pasión de frei Tito de Alentar Lima, llevado al suicidio en 1974, a sus 28 años, debido a las torturas sufridas en las dependencias del 2º Ejército, en Sao Paulo.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El fraile dominico ha sido reconocido en dos ocasiones con el Premio Jabuti, uno de los más importantes de su país; fue Jurado del Premio de Ensayo Pensar a Contracorriente y entre sus obras sobresalen, además, De las catacumbas, 1988: La noche en que Jesús nació, La mosca azul, Calendario del poder, Trece cuentos diabólicos y uno angélico, Uala, o amor y El vencedor, entre muchos otros títulos. Visitó la Isla por primera vez en 1981 para ser jurado del Premio Casa de las Américas, y en varias ocasiones ha recalcado que desde muy joven tenía admiración por el proceso revolucionario. “Para mí Cuba era un paradigma”, asegura. No obstante, su encuentro literario con los cubanos fue varias décadas después, en 1985, con la publicación de Fidel y la religión, un libro que ha acopiado elogios y reseñas de lectores de distintos idiomas e ideologías y por el que le distinguieran como Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. Desde entonces ha mantenido una entrañable relación con la Isla y con Fidel [VI] , a quien reconoce como un “ejemplo de hombre nuevo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La primera edición de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Fidel y la religión&lt;/span&gt; va a cumplir 25 años en 2010. Fue un libro revelador y sigue siendo recurrente al hablar con usted volver a la importancia de ese texto. ¿Qué valores le concede hoy luego de haber sido releído por distintas generaciones y en coyunturas diferentes?&lt;br /&gt;—Mi primer encuentro con Fidel fue en julio de 1980, en Managua, durante el primer aniversario de la Revolución Sandinista; en 1981 vine por primera vez a Cuba y ahí se estableció una amistad muy fuerte; en 1985 tuve la oportunidad de hacer el libro. Se han publicado más de un millón de ejemplares en Cuba, y calculo más tres millones en todo el mundo, en 32 países y 23 lenguas. Es un libro que tuvo un impacto muy fuerte porque quitó el prejuicio de los comunistas y el miedo de los cristianos, creó puentes en dos orillas de un mismo río.&lt;br /&gt;El proceso cubano es muy singular pero hasta ese momento, sobre todo en relación con la iglesia católica, no había puentes, había dificultad de diálogo, sospechas recíprocas. Había una característica en Cuba que fue fruto de la general del proceso socialista en el mundo, la declaración del Partido del estado como ateo. En Cuba esto cambió, son laicos como conviene en la modernidad. El libro tuvo un impacto tremendo porque los cristianos, los creyentes ―no solamente de la religión cristiana sino de otras denominaciones también― históricamente han participado en los procesos revolucionarios, no como un conjunto de iglesias, pero aquí mismo en Cuba están el Padre Sardiñas, José Antonio Saco, Varela.&lt;br /&gt;Mucha gente luchaba desde su fe, y en este momento de la entrevista con Fidel era mucho más fuerte por el proceso sandinista, el salvadoreño, los procesos liberadores revolucionarios o no; por ejemplo, en Brasil, las comunidades eclesiales de base eran muy activas en la lucha contra la dictadura. Entonces el libro fue una especie de sacramentalización, porque Fidel fue el primer dirigente comunista que manifestó una visión positiva de la religión, demostrando que la religión no era ontológicamente el “opio del pueblo”, que dependía de la visión religiosa, eso vale para la religión y para cualquier otro aspecto en la vida, vale para la enseñanza, para la medicina...&lt;br /&gt;Hoy, a la luz de los 25 años del libro, es importante subrayar que América Latina vive una primavera democrática y la figura paternal de ese proceso es Fidel; el ejemplo de Cuba y el ejemplo de Fidel han permitido desarrollar en nuestros pueblos una conciencia crítica hacia las dictaduras militares primero y hacia los gobiernos mesiánicos neoliberales después; hoy la mayoría de la gente en nuestros países de América Latina vota por candidatos democráticos populares que no vienen de las oligarquías, incluso que muchos son creyentes y revolucionarios como Lula, Lugo, Correa, Evo, Daniel Ortega, el propio Chávez que es un hombre espiritualista; todo eso es fruto de la visión muy aguda de Fidel de que como decía aquí en Cuba una vez Monseñor Méndez de Arceu, no había incompatibilidad entre cristianismo y revolución; pero en ese momento tampoco había identificación. Las ideas de Fidel en este sentido eran muy revolucionarias y partían sobre todo de su experiencia política.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En un nuevo contexto para América Latina se le concede a Frei Betto el Premio ALBA de las Letras. ¿Qué compromisos entraña este reconocimiento no sólo a la obra sino al quehacer de quien ha estado consecuentemente del lado de los desposeídos?&lt;br /&gt;—El premio no es propiamente para mí como autor, como escritor, es el reconocimiento de una literatura que procura dar voz y voto a la gente que no lo tiene, una literatura que se encuentra en toda la historia literaria de América Latina: Pablo Neruda, Jorge Amado, Nicolás Guillén, Juan Rulfo, una literatura que tiene como personaje central a los desposeídos, a los pobres, a la gente marginada del continente; es un premio que demuestra que la literatura sí tiene una función social, claro que cuando escribimos ficción no pensamos en transformar nuestra literatura en un mensaje, la ficción no es ni de izquierda ni de derecha, debe ser bella, pero el autor sí tiene que definirse y cuando uno define su obra de alguna manera refleja sus compromisos, su sensibilidad, su ideología, su fe; por eso mi obra literaria, sobre todo la parte ficcional, está muy centrada en este mundo de la gente que es víctima del sistema capitalista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En este nuevo proceso integrador de América Latina reaparece un golpe de Estado, esta vez en Honduras. ¿Qué reflexiones trae a quien ha vivido la experiencia y sufrido las consecuencias de una dictadura?&lt;br /&gt;—América Latina vive su mejor momento desde hace años. En Honduras, es una lástima, se rompió ese proceso de conquistas democráticas de América Latina y ahora vemos que Obama no difiere mucho de Bush, o sea, Obama al reconocer a Micheletti, al legitimar las últimas elecciones, abre precedentes, estimula a los sectores más de derecha de nuestro continente a repetir golpes de Estado por ahí. Hay un chiste en Brasil que dice: ¿por qué nunca hubo un golpe de Estado en los Estados Unidos ?, ¿porque en Washington no hay embajada de los Estados Unidos ?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Internet además de una ventana al conocimiento se ha convertido en un nuevo espacio de batallas. ¿Qué significados —y usos— debemos darle a esta nueva tecnología?&lt;br /&gt;—Hay que aprovechar todos los medios, y la Internet tiene la ventaja de ser un medio muy rápido, muy universal. Es sorprendente la cantidad de personas que accede en todas partes del mundo a los textos que se colocan en Internet, y la Internet refleja las contradicciones sociales, ideológicas y culturales que hay en el mundo; nosotros tenemos que aprovechar y transformar la Internet en una trinchera de utopías, de ideales, de principios, de ética, de sueños de este otro mundo posible del cual el Foro Social Mundial tanto habla. Nuestra misión es utilizar todos los medios, no solamente la Internet, pero la Internet tiene una función muy importante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Algunos medios construyen las realidades que les interesan sobre Cuba. Las noticas sobre la Isla no escapan de las tergiversaciones y silenciamientos como precio a pagar por haber llevado adelante desde 1959 un proyecto independiente de las reglas impuestas por el imperio. ¿Cuál es para Ud. esa verdad “otra” que no suele publicarse?&lt;br /&gt;—Vivimos en un mundo unipolar, hegemonizado por el capitalismo, por el carácter neoliberal del capitalismo, y tenemos que de un lado aprender a convivir con eso y de otro guardar el pesimismo para días mejores, o sea, seguir luchando, sabiendo que, en especial en América Latina, los procesos políticos han avanzado muchísimo en los últimos diez años, desde que Chávez llegó al poder en el 98; entender también que para la gente que vive en países capitalistas como yo, no es fácil mirar una realidad socialista como la de Cuba por otros espejuelos que no sean los del sistema capitalista, la gente hace una transposición automática de lo que ellos viven en sus países como clase dominante.&lt;br /&gt;Por ejemplo, hace poco en una conferencia en Brasilia un señor me dijo que en Cuba no había libertad. Y yo le pregunto: ¿cómo que no hay libertad? Y me dice: Sí, en Cuba la gente no puede salir al exterior, moverse y no sé cuántas cosas más. Yo le digo: Usted tiene un ama de casa, una señora que va a hacer la limpieza todas las semanas. ¿Cuántas veces esa señora ha ido al exterior? Otras preguntas: ¿Esa señora tiene hijos? ¿Usted está seguro de que ese hijo va a llegar a la universidad?, pues yo estoy seguro de que no. ¿Esa señora tiene cultura? ¿Cuál es su grado de escolaridad? ¿Cuando está enferma, esa señora tiene médico, tiene hospital?&lt;br /&gt;Esa señora es la mayoría del pueblo de Brasil; en Cuba la gente tiene todo eso, y cuando un cubano individual o comunitariamente, un grupo de ballet, un evento científico, necesita ir al exterior va. Lo que no hay en Cuba es turismo como lujo individual y evasión de divisas. Nunca había pensado desde esta óptica, me lo han dicho después. Es así, la gente hace esas comparaciones sin percibir que mira a Cuba como si los Derechos Humanos fueran los derechos a ser burgués. ¿Cuánta gente es burguesa? Una minoría en todo el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Sigue creyendo en el socialismo como alternativa?&lt;br /&gt;—No hay futuro para la humanidad fuera del socialismo, estoy convencido, o sea, compartir los bienes de la tierra y los frutos del trabajo humano. El socialismo es la única manera de crear un marco civilizatorio verdaderamente humano, digno y feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué es Cuba para Frei Betto?&lt;br /&gt;—Soy apasionado por Cuba, tengo una relación entrañable con todo lo que significa la cubanidad, y para mí Cuba es un acto de amor.&lt;br /&gt;-.-&lt;br /&gt;Notas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[I] La tercera edición de los Premios ALBA de las Letras y las Artes se otorgó al escritor y pensador brasileño Frei Betto y al pintor argentino León Ferrari, concedidos por la Fundación Cultural de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), a creadores vivos que hayan consagrado su vida y obra a engrandecer el patrimonio cultural de América Latina y el Caribe con aportes originales en los géneros literarios y las manifestaciones artísticas. [II] Carlos Alberto Libânio Christo nació el 25 de agosto de 1944, en Belo Horizonte, Minas Gerais. Es considerado uno de los máximos exponentes de la teología de la liberación. [III] Batismo de sangue fue reconocido en 1982 con el Premio Jabuti, de la Cámara Brasilera del Libro y con el Premio Juca Pato, en 1985. [IV] El golpe de Estado en Brasil tuvo lugar con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos la noche del 31 de marzo de 1964. Tras el golpe, comenzó en Brasil una dictadura militar que duró hasta la elección de Tancredo Neves en 1985. [v] Helvecio Ratton, director de cine, guionista y productor brasileño. Como consecuencia de la dictadura militar en Brasil, se exilió en Chile en los años 70. Llevó al cine Batismo de sangue en el año 2006. [VI] En el año 2000, Frei Betto fue reconocido con la Medalla de Solidaridad otorgada por el gobierno cubano.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-5931338731178947930?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/12/no-hay-futuro-para-la-humanidad-fuera.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-3598713898997805035</guid><pubDate>Mon, 07 Dec 2009 15:45:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-07T07:47:32.698-08:00</atom:updated><title>EL CERVANTES PARA PACHECO, HEREDERO DE OCTAVIO PAZ</title><description>El escritor mexicano José Emilio Pacheco es el nuevo ganador del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, correspondiente a 2009. Exigente y comprometido, Pacheco es poeta, ensayista, editor, catedrático en Maryland (EE.UU.), periodista y traductor, además de uno de los mayores hijos literarios de Octavio Paz. La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, ha anunciado el nombre del ganador en torno a las 15:00 horas. Este galardón, que concede anualmente el Ministerio de Cultura, está dotado con 125.000 euros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuevo se cumple así el acuerdo tácito que rige la concesión de este premio, el más importante de las letras hispanas, según el cual debe recaer alternativamente en un escritor español y en otro de Hispanoamérica. Tras obtener el Cervantes 2008 el escritor catalán Juan Marsé, este año debía ganar un autor del otro lado del Atlántico. Y así ha sido, una vez más. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jurado ha reconocido a Pacheco por ser "un poeta excepcional de la vida cotidiana", por su "capacidad de crear un mundo propio" y por "el distanciamiento irónico de la realidad" que hay en su obra. "José Emilio Pacheco se puede definir como el idioma entero", ha asegurado José Antonio Pascual, presidente del jurado, instantes después de que la ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, hiciera público el fallo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mayor parte del jurado le ha afectado "su condición de poeta excepcional, pero también el que sea un narrador importantísimo", periodista y crítico literario, ha subrayado Pascual, quien recomendó un libro del ganador: Las batallas en el desierto, un cuento "magnífico que tiene que ver con la infancia, la adolescencia y la juventud". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan Gelman, ganador del Cervantes de 2007 y miembro del jurado, se ha mostrado también "muy contento" por los resultados de las votaciones, dado que Pacheco "es una figura intelectual que no se repite mucho en América Latina, porque a sus dotes de poeta une las de narrador, crítico y periodista, todo eso sostenido por una cultura enorme y afinada". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ganador ha conocido la noticia del premio en Guadalajara (México), donde estos días recibe un homenaje en la Feria del Libro de esta ciudad. "Está muy contento y emocionado", aseguró la ministra, tras haberse puesto en contacto telefónico con el ganador. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La elección del ganador "no fue fácil" porque, como reconoció Gelman, había otros candidatos "de primera línea". A la votación final llegaron Pacheco y el también mexicano Fernando del Paso, y estuvieron muy cerca de ganarlo Ana María Matute y Elena Poniatowska, pero este año "tocaba" escritor hispanoamericano, según esa ley no escrita que recomienda alternar el premio entre Hispanoamérica y España, y al final el jurado optó por mayoría por José Emilio Pacheco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El galardón, creado en 1975 por el Ministerio de Cultura pretende rendir anualmente testimonio de admiración a la figura de un escritor que, con el conjunto de su obra, haya contribuido a enriquecer el legado literario hispánico. Siguiendo la tradición, el Rey don Juan Carlos hará entrega del galardón el 23 de abril, coincidiendo con la fecha en que se conmemora la muerte de Miguel de Cervantes, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jurado, presidido por José Antonio Pascual, representante de la Real Academia Española, estuvo formado por Jaime Labastida, representante de la Academia Mexicana de la Lengua; Luis García Montero, propuesto por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas; María Agueda Méndez, por la Unión de Universidades de América Latina; Soledad Puértolas, por la directora del Instituto Cervantes; Almudena Grandes, por la ministra de Cultura; Pedro García Cuartango, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España; Ana Villarreal, por la Federación Latinoamericana de Periodistas; David Gíes, por la Asociación Internacional de Hispanistas; y Juan Gelman, autor galardonado en la edición de 2007. Como secretario ha ejercido Rogelio Blanco, director general del Libro, Archivos y Bibliotecas y como secretaria de actas, Mónica Fernández, subdirectora general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribir y escribir&lt;br /&gt;José Emilio Pacheco, poeta, narrador, ensayista y traductor, nació en Ciudad de México en 1939. Estudió en la Universidad Autónoma de México. Inició sus actividades literarias en la revista Medio Siglo. Ha trabajado como director y editor de colecciones bibliográficas y diversas publicaciones y suplementos culturales. Dirigió con Carlos Monsiváis el suplemento de la Revista de la Universidad de México y en La Cultura en México. Fue director de la Biblioteca del Estudiante Universitario y profesor en varias universidades de los Estados Unidos, Canadá e Inglaterra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pertenece a la generación de los años cincuenta , de la que forman parte también Carlos Monsiváis, Eduardo Lizalde, Sergio Pitol, Juan Vicente Melo, Vicente Leñero, Juan García Ponte y Salvador Elizondo. Forma parte del grupo de investigadores del Centro de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia y es un especialista de la Literatura Mexicana del siglo XIX. Entre sus investigaciones cabe destacar En torno a la cultura nacional y Belleza y poesía en el arte popular mexicano. Ha traducido a autores, como Samuel Beckett, Tennesse Williams, Oscar Wilde, T.S. Elliot y Marcel Schwod. Es miembro del Colegio Nacional (México) y profesor distinguido en el Departamento de Español de la Universidad de Maryland.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nota publicada en &lt;a href="http://www.elcultural.es"&gt;www.elcultural.es&lt;/a&gt;  ( 13/11/2009 )&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-3598713898997805035?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/12/el-cervantes-para-pacheco-heredero-de.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-3730753612465178112</guid><pubDate>Mon, 07 Dec 2009 15:34:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-07T07:45:17.040-08:00</atom:updated><title>SEIS POEMAS INÉDITOS DE JOSÉ EMILIO PACHECO</title><description>&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Concordancias: Las personas del verbo &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez&lt;br /&gt;Y por breve tiempo&lt;br /&gt;Hace mucho tiempo&lt;br /&gt;Tú y yo&lt;br /&gt;Fuimos de pronto hasta muy adentro&lt;br /&gt;Nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Nosotros dos» podía yo decir&lt;br /&gt;En las horas voraces que fueron nuestras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde hace tiempo&lt;br /&gt;Si hablo de ti&lt;br /&gt;Sólo puedo emplear&lt;br /&gt;La tercera persona: Ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El yo empobrecido se hunde&lt;br /&gt;Entre las concordancias de la Nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Fluir &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corre bajo los puentes.&lt;br /&gt;No regresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su vuelo horizontal&lt;br /&gt;Arrasa el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para nosotros&lt;br /&gt;Esa eterna huida&lt;br /&gt;Lo dice todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El agua no lo sabe&lt;br /&gt;Y no le importa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se limita a fluir&lt;br /&gt;Y a despedirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Un puñado de polvo &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos quisimos la corona del rey&lt;br /&gt;Nadie pudo encontrarla entre el fragor de la guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esa busca nos entrematamos.&lt;br /&gt;Por sanguinarios les dimos asco a las fieras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siglos después, cuando encontré la corona,&lt;br /&gt;Vi que era sólo un puñado de polvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Lupus &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la noche del mundo el gran temor&lt;br /&gt;A su ferocidad siempre al acecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace temblar con su brutal aullido.&lt;br /&gt;Deja huellas de sangre entre la nieve&lt;br /&gt;Y en los barrancos pilas de cadáveres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos ha vencido en todas las batallas.&lt;br /&gt;Levantó las murallas que nos cercan.&lt;br /&gt;Nos oprime con cepos y cadenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día el monstruo pasó ante nuestros ojos,&lt;br /&gt;Receloso y amargo entre las ruinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el lobo del hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Ver la luz &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué se verá originalmente en el útero?&lt;br /&gt;Acaso nada resulte claro.&lt;br /&gt;Somos como otros peces que han nacido del agua,&lt;br /&gt;Totalidad de su visión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para hablar del nacer&lt;br /&gt;decimos siempre:&lt;br /&gt;«Vio la luz» o bien: «abrió los ojos».&lt;br /&gt;Somos sujeto y objeto&lt;br /&gt;De esa luz que dibuja la realidad&lt;br /&gt;Y nos obliga a inventarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por ello al final todo se apaga.&lt;br /&gt;Entre la sombra sólo queda espacio&lt;br /&gt;Para los cirios funerales:&lt;br /&gt;última luz que siempre abre camino&lt;br /&gt;A las tinieblas del origen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;College Park, Maryland &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esas frondas también dicen adiós.&lt;br /&gt;Las estremece un viento que llega ileso&lt;br /&gt;Desde el pasado en este mismo instante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(51, 204, 0);font-size:130%;" &gt;Pacheco y la poesía mexicana&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Joaquín Marco&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);font-size:130%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;La obra de José Emilio Pacheco (1939) concita fervores generacionales y nacionales. Cuando, a finales del pasado junio, recibió la Medalla de Bellas Artes en la sede mexicana del Instituto Nacional, Elena Poniatowska llegó a decir que “los jóvenes se arrodillan ante Pacheco”, porque “es uno de ellos, es la voz de la tribu”. En la reciente Antología de la poesía del siglo XX en México, de Marco Antonio Montes Campo (Visor, 2009) se asegura que resulta también el poeta mexicano más conocido fuera de su país y se entiende su obra como una unidad que refleja nuestro paso “por un mundo condenado: no en la inminencia de la catástrofe, sino en una catástrofe tras otra”. Su prestigio no se asienta tan sólo en la poesía: ha sido profesor en diversas universidades estadounidenses, en Gran Bretaña, en Canadá, además de profesar en su país. Ha dirigido suplementos literarios; ha cultivado el periodismo, la novela, el cuento, el ensayo, el guión. Se especializó en la poesía mexicana del XIX, y, en su juventud y madurez estuvo próximo a Cernuda, a Alfonso Reyes y a Paz. es un excelente traductor. Y ha ido puliendo su obra, siguiendo la fórmula juanramoniana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde la tradición mexicana, en sus dos primeros libros descubriremos huellas del simbolismo, del surrealismo, de “Los Contemporáneos”, de un López Velarde asumido críticamente, de Alí Chumacero, de Bonifaz Nuño. Pero de ahí nace la voz original que irá modificándose y alcanzando, desde los años 50, una relevancia que se ha ido jalonando con premios como el Reina Sofía de Poesía Iberoamerican, el Octavio Paz, el Pablo Neruda en Chile, el Xavier Villaurrutia, el García Lorca, el José Asunción Silva en Colombia, el Nacional de Poesía, o el I Premio Iberoamericano de Letras José Donoso. Se le sitúa en la promoción de los 50, próximo a Carlos Monsiváis, a Sergio Mondragón, José Carlos Becerra, a Homero Aridjis, a Sergio Pitol, a Gabriel Zaid, quien comentó ya sus primeros libros: Los elementos de la noche (1963) y El viento distante, que junto a El reposo del fuego (1966) constituyen una primera etapa. Pero será tras la edición de su novela Morirás lejos (1967) cuando con No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969) pasará a ser considerado como uno de los poetas más destacados de su tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya resulta tópico señalar la circularidad unitaria de su obra, la referencia a un “mandala”, tal vez herencia indirecta de Paz, las influencias orientales, incluso en formas poéticas, y helenísticas. Pero sus temas esenciales son los de la poesía de nuestro tiempo, culminando en lo amoroso y erótico. Sin lugar a dudas, la obra de Pacheco coincide en algunos de sus rasgos con la promoción coetánea española: el hallazgo de la narratividad, la utilización de un lenguaje cotidiano, casi oral; el dramatismo de algunos de sus textos; un pesimismo radical que se transmite en otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su preocupación por la esencialidad mexicana se ejemplifica en su naturaleza de poeta urbano, de un México D.F. que parece sumergirse en una decadencia deliberada. Pero, de forma subterránea, pueden descubrirse también los rasgos de los mitos primitivos mexicas. Su obra manifiesta un extremo cuidado por el lenguaje, el respeto a la tradición y un intelectualismo fruto de un hondo conocimiento de lo universal.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-3730753612465178112?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/12/seis-poemas-ineditos-de-jose-emilio.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-7730424786751824347</guid><pubDate>Fri, 04 Dec 2009 20:46:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-04T12:47:41.787-08:00</atom:updated><title>KATEB YACINE, QUELQUES POÈMES</title><description>&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;BONJOUR &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bonjour ma vie &lt;br /&gt;Et vous mes désespoirs. &lt;br /&gt;Me revoici aux fossés &lt;br /&gt;Où naquit ma misère ! &lt;br /&gt;Toi mon vieux guignon, &lt;br /&gt;Je te rapporte un peu de cœur &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bonjour, bonjour à tous &lt;br /&gt;Bonjour mes vieux copains ; &lt;br /&gt;Je vous reviens avec ma gueule &lt;br /&gt;De paladin solitaire, &lt;br /&gt;Et je sais que ce soir &lt;br /&gt;Monteront des chants infernaux… &lt;br /&gt;Voici le coin de boue &lt;br /&gt;Où dormait mon front fier, &lt;br /&gt;Aux hurlements des vents, &lt;br /&gt;Par les cris de Décembre ; &lt;br /&gt;Voici ma vie à moi, &lt;br /&gt;Rassemblée en poussière… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bonjour, toutes mes choses, &lt;br /&gt;J'ai suivi l'oiseau des tropiques &lt;br /&gt;Aux randonnées sublimes &lt;br /&gt;Et me voici sanglant &lt;br /&gt;Avec des meurtrissures &lt;br /&gt;Dans mon cœur en rictus !… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bonjour mes horizons lourds, &lt;br /&gt;Mes vieilles vaches de chimères : &lt;br /&gt;Ainsi fleurit l'espoir &lt;br /&gt;Et mon jardin pourri ! &lt;br /&gt;- Ridicule tortue, &lt;br /&gt;J'ai ouvert le bec &lt;br /&gt;Pour tomber sur des ronces &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bonjour mes poèmes sans raison… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;TOI, MA BELLE&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toi, ma belle, en qui dort un parfum sacrilège&lt;br /&gt;Tu vas me dire enfin le secret de tes rires.&lt;br /&gt;Je sais ce que la nuit t'a prêté de noirceur,&lt;br /&gt;Mais je ne t'ai pas vu le regard des étoiles.&lt;br /&gt;Ouvre ta bouche où chante un monstre nouveau-né&lt;br /&gt;Et parle-moi du jour où mon cœur s'est tué !…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu vas me ricaner&lt;br /&gt;Ta soif de me connaître&lt;br /&gt;Avant de tordre un pleur&lt;br /&gt;En l'obscur de tes cils !&lt;br /&gt;Et puis tu vas marcher&lt;br /&gt;Vers la forêt des mythes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parmi les fleurs expire une odeur de verveine :&lt;br /&gt;Je devine un relent de plantes en malaises.&lt;br /&gt;Et puis quoi que me dise ma Muse en tournée,&lt;br /&gt;Je n'attendrai jamais l'avis des moissonneurs.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lorsque ton pied muet, à force de réserve,&lt;br /&gt;Se posera sur l'onde où boit le méhari,&lt;br /&gt;Tu te relèveras de tes rêves sans suite&lt;br /&gt;Moi, j'aurai le temps de boire à ta santé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt; C’EST VIVRE&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; C’est vivre&lt;br /&gt; Fanon, Amrouche et Feraoun&lt;br /&gt; Trois voix brisées qui nous surprennent &lt;br /&gt; Plus proches que jamais&lt;br /&gt; Fanon, Amrouche, Feraoun&lt;br /&gt; Trois source vives qui n’ont pas vu &lt;br /&gt; La lumière du jour &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Et qui faisaient entendre &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Le murmure angoissé  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Des luttes souterraines &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Fanon, Amrouche, Feraoun &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Eux qui avaient appris &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; A lire dans les ténèbres &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Et qui les yeux fermés &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; N’ont pas cessé d’écrire&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Portant à bout de bras&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Leurs oeuvres et leurs racines &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Mourir ainsi c’est vivre &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Guerre et cancer du sang &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Lente ou violente chacun sa mort &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Et c’est toujours la même &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pour ceux qui ont appris &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; A lire dans les ténèbres, &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Et qui les yeux fermés &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; N’ont pas cessé d’écrire &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Mourir ainsi c’est vivre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;POUSSIÈRES DE JUILLET&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Le  sang&lt;br /&gt; Reprend  racine&lt;br /&gt; Oui&lt;br /&gt; Nous  avions  tout  oublié&lt;br /&gt; Mais  notre  terre&lt;br /&gt; En  enfance  tombée&lt;br /&gt; Sa  vieille   ardeur  se  rallume &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Et  même  fusillés&lt;br /&gt; Les  hommes  s’arrachent  la  terre&lt;br /&gt; Et  même  fusillés&lt;br /&gt; Ils  tirent la  terre  à  eux&lt;br /&gt; Comme  une  couverture&lt;br /&gt; Et  bientôt  les  vivants  n’auront  plus  où  dormir &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Et  sous  la  couverture&lt;br /&gt; Aux  grands trous  étoilés&lt;br /&gt; Il  y  a  tant  de  morts&lt;br /&gt; Tenant  les  arbres  par  la  racine&lt;br /&gt; Le  cœur  entre  les  dents &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Il  y  a  tant  de  morts&lt;br /&gt; Crachant  la  terre  par  la  poitrine&lt;br /&gt; Pour  si  peu  de  poussière&lt;br /&gt; Qui  nous  monte  à  la  gorge&lt;br /&gt; Avec ce vent  de  feu&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt; N’ enterrez  pas l’ancêtre&lt;br /&gt; Tant  de  fois  abattu&lt;br /&gt; Laissez-le renouer la trame  de  son  massacre    &lt;br /&gt;       &lt;br /&gt; Pareille  au  javelot  tremblant&lt;br /&gt; Qui  le transperce&lt;br /&gt; Nous  ramenons  à  notre  gorge&lt;br /&gt; La  longue  escorte  des  assassins.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Poemas tomados de:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.ziane-online.com/poemes/kateb_yacine.htm#1 "&gt;http://www.ziane-online.com/poemes/kateb_yacine.htm#1 &lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-7730424786751824347?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/12/kateb-yacine-quelques-poemes.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-4473078103179843112</guid><pubDate>Sun, 22 Nov 2009 17:16:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-22T09:17:55.291-08:00</atom:updated><title>SEIS EJERCICIOS SOBRE “EL DINOSAURIO”, DE AUGUSTO MONTERROSO</title><description>Por Andrés Capelán&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;UNO&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche, el sereno del museo de Historia Natural estaba cansado. Contra su costumbre, había bebido demasiado alcohol en el cumpleaños de su cuñado. Él, siempre tan responsable, tan sobrio, tan medido, se había dejado llevar por la charla y el jolgorio y –sin darse cuenta– había estado bebiendo whisky tras whisky hasta que fueron demasiados. Ahora, a las tres de la madrugada, los ojos se le cerraban a su pesar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viendo lo irremediable de la situación, buscó un lugar confortable  para echarse un sueñecito. Caminó por los pasillos en penumbras hasta la sala del Tyranosaurus rex, la idea fija en el mullido sillón allí ubicado. Cuando entró al gran salón, sus ojos buscaron el asiento con la lujuria del somnoliento. Puso el despertador de su reloj pulsera a las cinco de la mañana, y se deshilvanó en el sofá. Cerró los ojos y en unos pocos segundos la oscuridad y el silencio y la paz fueron con él. Pero no por mucho rato, porque pronto una pesadilla lo vino a buscar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Revolviéndose en el sofá, soñó que el tiranosaurio cobraba vida, que poco a poco sus huesos comenzaban a llenarse de tendones, de vasos sanguíneos, de músculos, de piel, y que -completo que estuvo- el monstruo se sacudía cual un perro al salir del agua, emitía un profundo rugido, y se iba caminando haciendo temblar el edificio. El sereno soñaba que el lagarto terrible huía y él estaba inmovilizado y no podía hacer nada para impedirlo. Empapado de sudor, quiso pegar un alarido pero ningún sonido salió de su boca. Hizo una fuerza increíble para despertarse. No pudo. Volvió a intentarlo y esa vez lo logró. Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;DOS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Mirándolo fijamente con sus fríos ojos de reptil ávido de sangre, la saliva escurriendo por entre sus grandes dientes afilados como puñales, chorreando por la comisura de su boca sin labios... Inclinado sobre él, la lengua ondulante, los pequeños brazos levantados en posicion de ataque, el dinosaurio todavía estaba allí. Se levantó rápidamente, el ceño fruncido, malhumorado. Entonces gritó: -¡Rosaaaura! ¿No te dije que sacaras del cuarto el póster de ese dinosaurio de porquería? ¡Me caigo y no me levanto! –gritó, y se fue a lavar la cara sin esperar respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;TRES&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese juguete era el mayor tesoro del niño. No por lujoso, ni por grande, ni por llamativo. Al contrario, era un muñequito de paño pequeño y barato. Tal vez lo quería tanto por la apariencia torpe que le daban esas grandes y pesadas patas, ese largo cuello, esa sonrisa simpática de monstruo, pero de monstruo hervíboro, que los hervíboros siempre son los buenos en las fábulas y las historias infantiles: las cabritas, las ovejitas, los conejitos… y los dinosauritos hervíboritos también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanto lo quería que no se dormía si no era abrazándolo. Tanto lo quería que un día soñó que el niño de al lado se lo robaba. Ese niño malo le arrancaba el muñeco de los brazos y salía corriendo, y él gritaba y nadie le oía. Sus padres miraban cómo el niño malo huía con su dinosaurio y nada hacían, peor: reían. Lo miraban, se miraban, y reían. Abrió los ojos llorando desconsolado pero se calmó enseguida, porque cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;CUATRO&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Mirándolo fijamente con sus fríos ojos de reptil ávido de sangre, la saliva escurriendo por entre sus grandes dientes afilados como puñales, chorreando por la comisura de su boca sin labios... Inclinado sobre él, la lengua ondulante, los pequeños brazos levantados en posicion de ataque, el dinosaurio todavía estaba allí, olfateándolo como extrañado. Superado el desmayo, el viajero sintió que un escalofrío le recorría todo el cuerpo y comenzó a sudar. Venciendo su miedo, extendió lentamente su mano hasta hacerse con el bastón de mando de la máquina del tiempo y –tembloroso- marcó 2107.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se desvaneció un segundo antes de que las enormes mandíbulas se cerraran en el aire que había estado ocupando hasta ese momento. El dinosaurio miró a un lado y a otro desconcertado. Su rara presa tan largamente olfateada ya no estaba allí. Sacudió la cabeza, se volvió, y siguió cazando como si no hubiera pasado nada. En ese mismo momento, millones de años después, el viajero en el tiempo estaba pensando en que tenía que encontrar una solución a ese asunto de los desmayos al momento de hacer la transferencia. Recordó el aliento apestoso del dinosaurio y volvió a sentir un escalofrío en la columna vertebral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;CINCO&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pequeño terápsido peludo corrió y corrió y corrió. Despavorido, perseguido de cerca por un ágil velociraptor verdoso, corrió y corrió hasta que logró entrar a su madriguera justo en el momento en que su perseguidor le lanzaba una estocada con su mano de afiladas garras. Sintió un dolor punzante pero siguió corriendo hasta el fondo de la cueva, donde le esperaban madre terapsida y sus otros hermanos. Se cobijó en su vientre, temblando y gimiendo. La madre olió la sangre, encontró su cola herida y comenzó a curarla lamiéndola lentamente. Por el agujero de la madriguera veía al velociraptor husmeando, pero no tuvo miedo, porque estaba con su madre y porque sabía que el monstruo no podría llegar hasta él. Vino la noche y se quedó dormido. Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;SEIS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Mirándola fijamente con sus fríos ojos de reptil ávido de sangre, la saliva escurriendo por entre sus grandes dientes afilados como puñales, chorreando por la comisura de su boca sin labios... Inclinado sobre ella, la lengua ondulante, los pequeños brazos levantados en posicion de ataque, el dinosaurio todavía estaba allí. –Steven, cariño –llamó- ¿Cuando te vas a llevar el Ti-rex? Ya te dije que no me gusta que traigas trabajo a casa, cielo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-4473078103179843112?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/11/seis-ejercicios-sobre-el-dinosaurio-de.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-1159927096689689664</guid><pubDate>Sun, 22 Nov 2009 17:12:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-22T09:14:15.888-08:00</atom:updated><title>Andrés Capelán - Bar Sobia</title><description>(LO ÚNICO EN LA VIDA QUE NO SE PARECIÓ A MI VIEJA)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EPISODIO 1 / ILUMINACIONES&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno vive la vida viendo una misma palabra, sumido en su ignorancia, sin darle mayor importancia, cualquiera sea la circunstancia. Y así día tras día, mes tras mes, año tras año, década tras década, y aunque parezca raro, hasta siglo tras siglo (a mi me ha pasado eso tanto antes, en el siglo XX como ahora, en el siglo XXI). En fin, la cosa es que a veces, de repente, algo sucede: un destello en la noche oscura de su mente (hablo de la mía, en la suya no sé lo que pasa, si es que pasa algo). ¿Una estrella fugaz? ¿Una luciérnaga? ¿La Estación Espacial Internacional? ¿Un Ovni? ¿Una cañita voladora? No, no, nada de eso, estoy me-ta-fo-ri-zan-do. Hablo de un rayo de sabiduría, de un relámpago de entendimiento, de un refucilo de comprensión lectora que a veces cae de repente en el medio del desierto de su cabeza (sí, de la mía ¿entendió o voy a tener que seguir explicándolo todas las veces?), una iluminación, una revelación, una epifanía que le hace a uno ver el mundo y sus cosas de manera distinta a cómo lo y las venía viendo hasta ese momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así me pasó el otro día, charlando con el Toto, el Tito y el Tato en el boliche del Polaco, un pelirojo grandote, analfabeto pero muy luchador, que bautizó a su expendio de bebidas “Bar Sobia”. Allí estábamos, los guarangos de siempre, como por la quinta vuelta de Lija, cuando en TN Noticias, entre la lista de las 18 quinielas que tienen allá y la lista de los litros de sangre que se habían derramado ese día en la conurbano bonaerense, el locutor dijo no sé qué cosa del ex ministro de economía argentino, Roberto Lavagna. Y ahí mismo comencé a reírme y reírme y reírme y no podía parar y el Toto y el Tito y el Tato me miraban y no entendían nada (porque por un general yo soy un tipo muy serio) y al final me tuvieron que pegar una trompada para que parara. Y paré. Sacudí la cabeza, me froté el mentón, los miré, y me volví a tentar pero me aguanté porque aunque el Tito me había largado un uppercut de los suavecitos, igual me dolía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los tres me miraban callados y no se animaban a preguntar por qué me había venido ese ataque de risa. Pero yo igual les contesté: ¿No se dan cuenta? ¡Ese tipo se llama Pizarrón! ¡Pizarrón en italiano se dice Lavagna! ¡Roberto Pizarrón! ¿Se dan cuenta? ¿Se dan cuenta? ¡La Lavagna, il gesso e il cancelino! ¡Juasss! ¡Il gesso serve a scrivere sulla lavagna e il cancelino a cancelare! ¡Juasss!. Bueno, por suerte el Toto, el Tito y el Tato son tipos muy perspicaces y se dieron cuenta de la importancia y la trascendencia de mi iluminación y no me pegaron más y hasta empezaron a reírse ellos y al final nos tentamos todos y nos matámos de la risa los cuatro y el polaco miraba y no entendía nada pero estaba loco de la vida porque la risa nos había dado sed y el Tato mandó otra vuelta de Lija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, que de allí para adelante se desató salvajemente nuestro entendimiento y comenzamos a descubrir juntos otras maravillosas maravillas del nomenclátor universiadano. El segundo que se iluminó fue el Tito, quien demostrando que por algo vive en la calle Francia y poniendo cara de la carga que un amperio transporta cada segundo, espetó serio: ¿Y ustedes saben cual es el perfume que usa Sonia Breccia? Los otros tres nos miramos desconcertados, miramos al Tito, que seguía con la cara de Culombio, y nos volvimos a mirar, y el Tato se me acercó y me dijo bajito: Éste está más loco que vos, está... ¡Gil! –le gritó jodiendo el Tito que lo había escuchado– no sabés nada...¡Analfabestia! ¡Sonia Breccia usa “Chanel Nº 5”! Y se quedó tan serio que empezamos a matarnos de la risa y otra vez no podíamos parar...  ¡Co-có Cha-nel! ¡U-nacaga-dae-secanal! –hipó el Toto mientras se resbalaba de la silla y caía despacito al suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el Tito siguió serio y nos preguntó otra pregunta: ¿Y a que no saben ustedes cual es la ciudad más dulce del mundo? preguntó de nuevo el Tito, serio, otra vez, preguntó. ¡Noooo! –coreamos los otros tres a trío. ¡Sucre! –respondió el Tito retorciéndose de la risa en el asiento, pero riéndose bajito para adentro, como el perro Pulgoso, que es como se ríe el Tito después del quinto vaso de vino. No le voy a decir que a esa altura, de reirme me dolía hasta el hígado, porque ya no tengo, pero bueno, me dolía hasta el pabellón auricular, que eso si tengo por partida doble y en perfectos estados, En fin, que para intentar ponerse a tono, el Tato hizo el chiste viejo ése de que la ciudad de Pelotas no debería estar en Brasil sino en Bolivia, que el río Misissippi no debería desembocar en el Golfo de México sino en el Lago Titicaca, y que cuando él era chico creía que el Misissippi y el Orinoco eran el mismo río, y que uno era el nombre popular y el otro el nombre académico. Bueno, ¿qué le va a hacer? El Tato es buen tipo y nos reímos igual para que no se sintiera menos, que la soberbia es mala consejera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí fue que desde abajo de la mesa el Toto pidió la palabra y dijo: Yo he descubierto algo muchísimo más importante. Y sin esperar a que le preguntáramos qué era, esputó y espetó: La mayoría de los nombres de los países del mundo terminan en “ia”. Sólo eso. Los otros tres miramos al vacío (al vaso vacío) y mientras le pedíamos otra vuelta al Polaco, empezamos a hacer una lista mental: Polonia, Rusia, Rumania, Bulgaria, Grecia... bueno, que a la altura de Turquia ya nos dimos cuenta de que iba a ser una lista muy pero muy larga y la dejamos por esa y lo palmeamos y lo felicitamos al Toto por su perspicacia. El Tito permanecía callado, como pensando, y lo miramos y se dio cuenta y nos dijo: No... estaba pensando que España antes era Hispanía y que Portugal era Lusitania, y que Inglaterra era Anglia... Y ahí el Toto le tapó la boca y le dijo: Tá Tito, ya está. ¡El Tatito soy yo, Toto! –dijo el Tato mientras el vino se le derramaba por la comisura de los labios. Pero el Tito masculló un último nombre bajo las cinco butifarras derechas del Toto: MfgSanmfgtamfgLumfgcía!!! Y ahí nos volvimos a matar de la risa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos servimos otra vuelta y entonces dije: ¡Pido permiso señores! ¿Sos el tango? –preguntó tentado el Tato. Ignorándolo, me puse de pie, y en el vaivén no desaparecí, sino que dije: ¿Se han dado cuenta de que de todos los continentes que flotan sobre el magma del planeta, el único que tiene nombre masculino es el Asia? Silencio en la noche. Primero los tres mirándose las manos, contando con los dedos, y luego los tres, uno a uno, estrechando mi diestra y felicitándome solemnemente. ¡Y eso no es todo! –agregué entusiasmado. ¿Se dieron cuenta de que EL satélite de EL planeta LA Tierra se llama LA Luna, y que los dos (¿o las dos? ¿o el uno y la otra?) giran alrededor de EL Sol, que es UNA estrella? Fue ahí que el Polaco (que aunque no entendía qué cornos era lo que nos hacía tanta gracia, sí sabía lo que le había puesto al vino) empezó a baldear el piso de portland con agua con creolina. Entonces dejamos de aplaudirnos, nos levantamos, pagamos y nos fuimos cantando “A la Violeta” abrazados por la calle como en Zorba el Griego y la gente nos miraba y no entendía nada porque la ontología y la filología no son para cualquiera. ¿Vio?&lt;br /&gt;-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EPISODIO 2 /  EL POLACO Y YO&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Sigbasé, señog Tete...”  –me dice siempre con una sonrisa socarrona el polaco Kowalski cuando me sirve el capuchino con plantillas todas las mañanas. Gracias, Kowalski –me vengo yo (no, del verbo “venir” no, del verbo “vengar”), porque así como el polaco malinterpreta el motivo por el que me dicen “El Tete”, él no se llama Kowalski. Le decimos así porque su apellido verdadero es impronunciable (uno de esos con noventa por ciento de consonantes de las del final del abecedario), y su primer nombre no condice con su profesión (se llama Lech ¿se imaginan a un bolichero que se llame Lech?). Entonces, por piedad, le empezamos a decir Kowalski, que es como se llaman todos los polacos que aparecen en las películas de Hollywood y a él le gustó y entonces le seguimos diciendo así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el me dice “señog Tete” y se ríe, porque como entiende poco el español (lo poco que entiende son cosas de relajo) y no mira televisión; no sabe que a mi me llaman así no por lo que él imagina (obviamente relaciona mi sobrenombre con la angustia oral y/o con la obsecuencia, por así decirlo ¿para qué abundar?), sino porque me parezco mucho a un conductor de televisión que tiene ese apellido. Bah, sí, ¿por qué no lo voy a decir? Me pusieron ese mote porque soy igualito a Fernando Tetes. Los motetes del Toto, el Tito y el Tato, en cambio, vienen de antes, y sin dudas que esa cacofonia pre existente ha de haber influído al momento de elegirme mi mote a mí, que llegué último y no tenía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, al Tato y al Tito ya los conocía de antes. Al Toto no, al Toto lo conocí en el boliche del polaco, y fue él el culpable de motejarme como “El Tete”. Protesté, intenté reflotar el infantil mote de “Polo” que usaba mi madre cuando gracias a Admunsen y a Peary la palabra se puso de moda (supongo) pero no tuve suerte, fue peor. Así que desde ese día soy el Tete. Y el polaco Kowalski me lo dice y me mira y se ríe, el muy bocho podrido, se ríe. A mi me da bronca, pero hago como que no, porque si le fuera a dar bolilla, terminaríamos agarrándonos a las piñas y el polaco es grandote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vino en un barco, hace como 10 años, y se metió en un piringundín y se emborrachó y las minas le sacaron toda la guita y el barco se fue y él todavía seguía durmiendo la mona y cuando se le pasó el barco se había ido y anduvo viviendo en la calle unos días y después se puso a trabajar de changador en el puerto y un día entró en el boliche de una gallega que había quedado viuda y a ella le gustó el polaco y al polaco le gustó la gallega y se juntaron y le cambiaron el nombre al boliche y la gallega dejó de trabajar y se pasa todo el día comiendo bombones y mirando televisión mientras el polaco atiende el boliche y son felices para siempre o hasta que otra mina u otro tipo los separe. Y el polaco me dice “Sigvasé señog Tete” y se ríe y vaya a saber qué piensa de mí, pero yo hago como que no me importa y mojo las plantillas en el capuchino y pienso qué sabia que es esa cultura milenaria, que además de inventar los fideos y el papel y la imprenta, inventó también el café con leche con espumita.&lt;br /&gt;-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EPISODIO 3 / EL TITO SE QUIEBRA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Tato y el Toto no son tontos. El Tito tampoco, pero cuando se mama, se pone un tanto tontito (lo que no quiere decir que no sea un buen muchacho, eso es distinto). ¿Así que me pongo un poco tontito? –me dice el Tito, que leyó lo que acabo de escribir. ¿Y vos, en-ton-ces-có-mo-te-po-nés? ¿Ton-tete, Te-te? –agrega silabeando de-te-ni-da-men-te. ¿Ves como tengo razón? –le-con-tes-to-yo. Y además: ¿qué tenés que andar leyendo lo que escribo? –le recrimino haciendo como que me pongo serio. Tenés razón, para las pavadas que escribís, no sé para qué te leo, no sé –me contesta, y se va para el baño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Tato y el Toto siguen jugando al pool por la ficha sin darse por enterados. Kowalski le bajó el volúmen al partido de fútbol que –como siempre– están pasando en la tele y que –como siempre– nadie mira; y puso la radio, en la que –como siempre– están meta pasar reclames que –como siempre– nadie escucha. Pero atención, parece que no es tan así. Miren al Tito volviendo del baño hecho una furia, gritando: ¡Kowalski! ¡La-pu-ta-que-te-pa-ri-ó! ¡Apagá esa radio antes que te la tire por la ventana, apagá! –dijo y se le fue arriba al polaco que pegó un salto y apagó la radio de apuro. ¿Que pasagh? –preguntó el polaco que está convencido de que todo buen extranjero debe conjugar en infinitivo. Los diptongos no se separan, Tito, se silabea pa-rió, no pa-ri-ó –le dije yo, y el Tito entendió porque me repitió la misma oración lentamente y esta vez bien silabeada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Tato y el Toto abandonaron el pool y se vinieron al humo. Estagh pgohibido fumagh señogh Tete –me dijo el polaco a mi, que con los nervios me había olvidado de lo malo que era el tabaco y había prendido un pucho. Agarraron al Tito y lo sentaron a prepo en la mesa y le preguntaron qué carajo le pasaba que estaba armando tanto escándalo con la radio: ¿Qué carajo te pasa que estás armando tanto escándalo con la radio? –le preguntaron a dúo al Tito el Tato y el Toto. ¿No lo escucharon? ¿No lo escucharon? –repetía el Tito mientras inclinaba la cabeza y se la agarraba con las manos como si se le fuera a caer. ¿Lo qué no escuchamos? –preguntó el Tato. Eso, ¿que es lo que no escuchamos? –preguntó el Toto. Yo no pregunté porque ya me parecía una exageración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Tato y el Toto miraban al Tito esperando su respuesta, y yo también. El reclame ese de los chorizos... –dijo con voz lastímera el Tito. ¡Me tiene podrido! ¡Me tiene podrido! –gimoteó al borde del llanto, siempre con la cabeza gacha. El Tato, el Toto y Yo nos miramos a los ojos, hicimos un poquito de memoria (un poquito nomás, mismo) y nos dimos cuenta de que no era que el Tito se hubiera vuelto loco. A nosotros también nos tenía podridos ese reclame de chorizos que provocan adicción con el que empiezan todas las tandas de algunas radios. ¡Pero Tito! No te podés poner así por eso –le dijo el Tato. Si te vas a empezar a quebrar por esas cosas vas a tener que irte a vivir a una isla desierta –le dijo el Toto. Kowalki, serví otra vuelta acá –dije yo, y mientras palmeaba al Tito para darle animos,  adentro de mi cabeza iban y venían las estrofas del jingle bell de los chorizos esos (“los prueba una vez, los prefiere siempre”) que ya juré no volveré a comprar por el resto de mi vida no porque tema volverme adicto a ellos sino como castigo por repetir hasta el hartazgo mismo esa cantinela insoportable ramplona vulgar y mal versificada y casi enloquecer a mi amigo el Tito. Que si hay gente mala en el mundo, esos son los publicitarios. “Los prueba una vez, los prefiere siempre” ¡¡yo te voy a dar!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EPISODIO 4 / FLOR DE DIVAGUE&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Polaco prendió la radio y apareció el otro polaco recitando un tango: “Era más blanda que el agua, que el agua blanda”, afirmaba y reiteraba Goyeneche en la calurosa tardecita invernal. Si, si, “era más fresca que el río naranjo en flor” –se adelantó molesto el Tato. ¡Qué lo parió! No puedo con ese tango, no puedo y no puedo –agregó obviamente también el Tato, que era el único que podía agregar algo porque había sido el único que había hablado. ¿Qué problema tenés, Tatito? –preguntó el Toto. Sí ¿Qué drama tenés con ese tango? ¿No te gusta? –preguntó a su vez el Tito. El Tato me miró a mí, pero como yo ni miras de mover la boca, los miró a ellos y les contestó: No, sí, me gusta, me gusta, lo que pasa es que no lo entiendo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué no entendés? –le preguntó el Toto, que es el más sabio de nosotros y le gusta hacer gala de ello. La letra, Toto, la letra –contestó el Tito, y agregó: Mirá que le doy vueltas y vueltas y no puedo entender como una tipa puede ser “más blanda que el agua”. ¿No se dan cuenta de lo terrible que sería eso? ¿La tipa desparramándose por todos lados? –explicó el Tato, mientras un escalofrío lo recorría de pies a cabezas. Entonces el Toto lo miró canchero y le dijo: Pero Tato, eso es una metáfora, el autor lo que quiere decir es que la tipa era tierna. No, Toto, no –le replicó el Tato. Si hubiera querido decir que era tierna hubiera dicho algo así como que “era mas tierna que el durazno, que el durazno tierno”, por ejemplo. En cambio, el tipo dice que era blanda. Una cosa es “tierna” y otra cosa muy distinta es “blanda”. Y si vamos al campo de lo metafórico, el termino “blanda” aplicado a una persona significa “falto de carácter, cobarde, floja, pusilánime”, así que tampoco me gustaría una mujer así –concluyó el Tato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Tito salió a la vereda a fumar un cigarrito porque no estaba entendiendo un comino lo que decía el Tato. El Toto se puso caviloso. Apoyó en la mesa su codo y tomó su pera con su mano derecha, mientras con los dedos de la otra mano (la izquierda) tamborileaba en la primera (en la mesa, claro). Yo quise aportar algo, y les recordé que Naranjo en Flor es un tango greco-romano, pues ha sido compuesto por Homero y Virgilio, dos hermanos que antes vivían en Pócitos, pero el Tato y el Toto me miraron como para matarme y decidí callarme la boca y escuchar y aprender. ¿Sabés que tenés razón? –dijo el Toto como si preguntara pero afirmando. Porque además, más adelante habla de un “dolor de vieja arboleda”... ¡Eso! ¡Árboles que sienten dolor! ¿Te das cuenta, Toto? ¿Te das cuenta? ¿Viste como tengo razón? A ver: qué explicación metafórica me encontrás para eso. ¿Eh? –sonrió triunfante el Tato mientras el Toto se daba cuenta de que no había explicación posible para esa metáfora antropomórfica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y más aún –agregó entusiasmado– fijáte que en la parte del medio el loco entrevera todo el fluir de la vida cuando dice que “Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento”. ¿Te das cuenta? Si, me doy –dijo el Toto, y agregó: en todo caso, el orden correcto sería “amar” - “partir” - “sufrir”, o “amar” - “sufrir” - “partir”, pero nunca “sufrir” - “amar” - “partir”... no cierra. ¿Y qué me decís de lo de “andar sin pensamiento”? –insistió el Tato. Será que está hablando del Alzheimer, dijo el Tito que ya había terminado el cigarrito. El Tato y el Toto hicieron como que no lo escucharon y yo también, para no ser menos. A mi lo que me preocupa más es esa interrogante que se hace el autor de “¿Qué le habrán hecho mis manos, qué le habrán hecho? ¿Es que también era amnésico el tipo? –aporté yo. Nos quedamos todos pensando un rato largo, hasta que el Toto giró en su silla y le dijo a Kowalski: Ché, Polaco, poné Oldies, poné. Y el polaco hizo caso y entonces comenzaron a sonar los acordes de Lucy en el Cielo con Diamantes y sonreímos y nos pusimos a hablar de otras cosas.&lt;br /&gt;-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EPISODIO 5 / LA ÚLTIMA COPA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un boliche como tantos, el Bar Sobia. Una mesa como hay muchas, ésta en la que estoy sentado en esta tarde de diciembre. Humedad... Llovizna y frío... Mi aliento empaña el vidrio azul del viejo bar en el que un chiquilín mira de afuera, la ñata contra el vidrio. Pego una palmada en el vidrio y el chiquilín pega un salto y sale corriendo como esas cosas que nunca se alcanzan. Siempre que llueve, el que viene corriendo es Cacho Castaña, buscando la barra eterna de Gaona y Boyacá; y Marcial, que aún cree y espera, siempre le dice que se equivocó de boliche y de ciudad, que estamos en Montevideo y que éste no es el Café La Humedad sino el Bar Sobia y que la única barra eterna que hay acá es la de Pérez Castellano y Sarandí y que mejor que la esquive que le van a robar el Rolex y el Cacho se va con la cabeza gacha de vuelta para el Buquebús y siempre que pasa eso me prometo dejar de tomar y me pregunto por qué los dioses del Olimpo permitieron que Cacho Castaña escribiera tangos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué tarde llena de hastío y de frío! El Tato, el Tito y el Toto están demorados, y mientras tanto la garúa se acentúa con sus púas y no se ve a nadie cruzar por la esquina. ¡Un momento! Solo y triste por la acera viene aquí un tipo como con el corazón transido con tristeza de tapera. Entra al boliche y le dice al Polaco: ¡Mozo! Traiga una copa y sírvase de algo el que quiera tomar, que ando muy solo y estoy muy triste desde que supe la cruel verdad. ¡Mozo! Traiga otra copa que anoche, juntos, los vi a los dos... La mujer que yo quería con todo mi corazón se me ha ido con un hombre que la supo seducir y, aunque al irse mi alegría tras de ella se llevó, no quisiera verla nunca... y el tipo seguía y seguía y el Polaco lo miraba feo porque no le gusta que le digan Mozo. Él es Kowalski para los amigos y Patrón para los desconocidos. Mozo, nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo miré al polaco y con los ojos le hice la seña de “no te calentés, servíle nomás que es un rayado más, además, mandó la vuelta para todos... ¿entendés o te lo explico más?”. El polaco entendió la seña, sonrió, y se puso a llenar vasos y copas. Un whisky escocés del más caro para el recién llegado, un vaso de vino para el Tato, otro para el Tito y otro para el Toto (que iban a llegar en cualquier momento), una caña para un tipo que estaba sentado en el fondo, y un vodka sin hielo y sin agua para él. Todo doble. Yo le hice seña de que me sirviera un Jerezano sin hielo, y el polaco también me lo sirvió doble.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En eso, el tipo que estaba sentado en el fondo, alzó la voz y dijo: “Si un hombre pa'tomar un trago e'caña precisa la traición de una mujer, no es hombre, no se cura, no se engaña. ¡Es maula p'al sufrir y p'al perder!.” ¡A la pelotita! El silencio se adueñó del boliche (el polaco le había puesto mute a la tele para escuchar mejor), y todos los ojos se dirigieron hacia el recién llegado, hasta él se miró, en el espejo con el reclame de Americano Gancia que tenía enfrente. Pasaron los segundos, y nada. Todos seguíamos mirando al tipo, esperando... y nada. Al fin, el tipo, sin dejar de mirarse en el espejo, carraspeó, se acomodó la corbata, se quitó las pelusas de las solapas del saco, estiró las mangas y preguntó: “Y usted, amigo ¿por qué toma?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí todos los ojos se dirigieron hacia el otro tipo, el del fondo, menos los del tipo del fondo, que seguía mirando al otro tipo (al primero) y sin dejar de mirarlo dijo: “Yo tengo bien templado el de la zurda no tomo p'aguantar un tropezón, yo tomo porque sí... ¡De puro curda! Pa'mi es siempre buena la ocasión”. Otro silencio, otra vez las miradas clavadas en el recién llegado, la tensión creciendo y creciendo y creciendo. El aire podía cortarse con una sandía, pero no había ninguna porque todavía no era la época así que quedó espeso como estaba, no más. Los dos tipos se miraban como midiéndose, el del fondo midiendo al recién llegado, el recién llegado midiéndose a sí mismo en el espejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tipo del fondo era un albañil que venía todos los días de cobro, con unas manos que parecían las de la campaña por la despenalización del aborto, incluso por el color porque se ve que había estado cargando ladrillos. El recién llegado era un alfeñique de 44 kilos antes de conocer a Charles Atlas, el inventor de los mapas. Y en eso... en eso se oye la voz de una nena: "¡Papá, vamos que mamá te llama!..." Y el albañil se tomó la caña doble de golpe y se fué más rápido que ligero, sin mirar al otro tipo, que –sin dejar de mirarse al espejo– dijo otra vez: “¡Mozo! Traiga otra copa y sírvase de algo el que quiera tomar.” Y el polaco sonrió, porque justo en ese momento entraban el Tato, el Tito y el Toto.&lt;br /&gt;-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;EPISODIO 6 / TIEMPO DE VERANO&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchos años después, frente al pelotón de la vuelta ciclística, el polaco Lech Zbreszynzkii había de  recordar aquella tarde remota en la que se le acabó el hielo. Ni al Tato ni al Toto ni al Tito ni a mi nos importó demasiado, pues estábamos tomando cerveza, y nacional. Pero le mirábamos la cara al polaco y no podíamos evitar un sentimiento de angustiada conmiseración. Porque a pesar de su aspecto tosco, su modo de ser rústico, su mal manejo del idioma castellano, la desatención para con su vestimenta, y su proverbial desapego por la higiene corporal, el polaco tenía sentimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El episodio ocurrió a fines del siglo XX, una tórrida tarde de verano en la que el mercurio del termómetro trepó a los 41º. “La temperatura rompió la barrera de los 40º”, decía la radio, y nos imaginábamos a la calor abriéndose paso a piñazos y a patadas, escalando la escala de los gradientes con garras y dientes, desparramando mercurio para todos lados y provocando una epidemia de saturnismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en el Bar Sobia no había termómetro y por eso todo estaba tranquilo, no volaba ni una mosca. Es que el polaco había acabado de baldear el piso con Fluido Manchester (el boliche había quedado con olor a laboratorio pero bueno, moscas no había). –Me lo ghecomendó un tambegho –decía el Polaco, parco pero orgulloso, a todo aquél que le preguntaba por el líquido mágico que convertía a aquél boliche en el único lugar sin moscas de todo el Barrio Guruyú. Y luego sonreía y se ponía a mirar para otro lado como para que no le preguntaran más. Y si le insistían, se limitaba a preguntar:  –¿El señogh qué va a tomagh?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que con tanta calor, al repartidor de hielo se le había terminado el idem, o sea el ítem, y por esa propiedad transitiva propia del capitalismo mercantilista, también se había terminado el hielo en el supermercado y en la estación de servicio y en el almacén y en todos los comercios dependientes y/o subsidiarios, como por ejemplo en el Bar Sobia. Esa tórrida tarde finisecular, seguro que el hielo solo sobrevivía en los congeladores de las heladeras de las casas de los vecinos que estaban en otro lado. Luego nos enteramos que lo que provocó la escasez fue un cortocircuito que provocó un pequeño incendio que provocó un corte de luz que provocó la detención de la máquina que fabricaba hielo en el Frigorífico Modelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El empedrado ardiente se adivinaba detrás de la cortina de tiritas de plástico multicolores que cubría la puerta. A medida que el sol daba más de lleno sobre ese costado de la construcción, el boliche se iluminaba de rayos verticales y amarillentos que dejaban ver innumerables partículas de polvo. Nosotros bebíamos silenciosamente nuestra cerveza en el rincón más fresco del establecimiento, debajo del ventilador de techo que movía cansinamente sus aspas, y jugábamos a la Escoba del Quince, que es muda, porque no nos daban las fuerzas para un Truco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es que nadie hablaba ni quería hablar. Si no hubiera sido porque estábamos jugando a la Escoba del Quince en lugar de al Poker, hubiera jurado que estábamos en el condado de Yoknapatawpha. Eso pensé, pero nada dije, porque hubiera tenido que explicar qué cornos era eso, y –como ya dije– ninguno teníamos ganas de hablar (y además no me gusta mandarme la parte).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que cada nuevo cliente que entraba al boliche era una nueva angustia para el Polaco. Sudaba –pobre Kowalski– no sólo del calor, sino además del temor que le producía la idea de que el parroquiano entrante le pidiera un whisky, o un vermouth, o una caña, o cualquier otra cosa que se sirviera con hielo. Desde nuestra mesa veíamos de reojo (no mirábamos directamente al Polaco para no ponerlo más nervioso) cómo el sudor de su temor resbalaba sobre el sudor de su calor (es sabido que ambos sudores tienen distintas densidades y por eso no se mezclan), y caía en forma de prístinas gotas sobre su delantal negro y/o sobre la pileta del mostrador cuando no le daban el tiempo o las ganas de enjugárselo con el fregón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Buenas tardes! –dijo antes de derrumbarse en una silla de la mesa que estaba pegada a la ventana entreabierta que daba para el lado de la sombra el hombre que entró a las tres y media de la tarde. Le miramos, sonreímos, lo saludamos inclinando nuestras cabezas –ya dije que ninguno teníamos ganas de hablar– (si, ya sé que no se escribe así, pero estoy escribiendo como se habla) y seguimos jugando silenciosamente a la Escoba del Quince. El polaco sacó fuerzas de mejor no saber cuales flaquezas, y con voz temblorosa le dijo: –Buenas taghdes, ¿qué se va a seghvigh el señogh? Todos vimos el aliviado y sonriente resucitar del Polaco cuando el hombre dijo: –Una cerveza tres cuartos bien fría, por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo sonreí y pensé: ¿de donde cornos habrá sacado Gershwin eso de que en el verano la vida es fácil? Eso pensé, pero nada dije, porque hubiera tenido que explicar qué cornos era eso, y –como ya dije– ninguno teníamos ganas de hablar, y además no me gusta mandarme la parte (por lo menos en el boliche).&lt;br /&gt;-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-1159927096689689664?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/11/andres-capelan-bar-sobia.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-4201130546547600768</guid><pubDate>Thu, 19 Nov 2009 02:28:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-28T04:33:25.927-08:00</atom:updated><title>EL CONTORNO DEL OJO</title><description>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(102, 102, 102);font-size:130%;" &gt;Roberto Bolaño&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Diario del oficial chino Chen Huo Deng, 1980.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Jueves. Una curiosa criatura parecida a una vaca gigante pero que posee un pico de pato. Las palabras del periódico se ordenaron como un acertijo infantil dentro de mi cabeza. Me levanté a las cinco de la mañana. Después de lavarme descorrí la cortina: al fondo, en las escarpadas, muy lejos de la aldea, unas fogatas me recordaron los campamentos militares de mi adolescencia. Eran los carboneros. Más allá, hacia el oeste, entre bosques y campos de cultivo, el tendido ferroviario y un tren iluminado a medias que se perdía en la noche. Martes. El comisario político de la aldea vino a visitarme. Eran las siete de la mañana y la puerta estaba abierta. Debió deducir que me hallaba despierto y entró. El hombre quedó sorprendido de encontrarme sentado en el suelo, de cara a la pared, sin ninguna prenda de vestir encima. Al volverme hacia él se puso a parpadear y musitó que lo sentía. Le dije que no importaba. Mi rostro recién afeitado contrastaba con su cara soñolienta. Luego dijo: buenos días camarada Chen, y se marchó. Me quedé un instante escuchando sus apresurados pasos sobre el camino. Jueves. Por la mañana estuvo conmigo el médico. Me preguntó cómo me sentía. Le dije que escribía un diario. Dijo que hacía años que había leído mis diarios de juventud. Le dije que el diario que ahora llevaba no era para la imprenta. He escrito muchos diarios, le dije, la mayoría fruto del cansancio, muletas para mi creación literaria. Dijo que comprendía que los poetas escribiéramos mil palabras para librar una. Le dije que en mi diario actual se libraba algo más y se rió sin comprender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viernes. Hoy ha habido ajetreo en la aldea. Por la tarde un grupo de hombres y mujeres salió hacia el bosque que colinda con la Granja; el resto del pueblo se reunió en la biblioteca y partieron después en dirección a las escarpadas. Temí que fuera el único habitante que quedara en la aldea. Me vi a mí mismo, solo en la casa y luego vi la casa confundida entre las otras casas vacías. En la perspectiva había algo que iba mal. Salí al jardín a fumarme un cigarrillo y a pensar; en la casa de enfrente se abrió una ventana y una anciana a quien nunca antes había visto me sonrió. Permanecí allí bastante rato; observé que las plantas crecían con inusitado vigor; al final del camino un perro jugaba solo. Entrada la noche comenzaron a regresar los aldeanos. Casi nadie hablaba, a excepción de los niños que parecían alegres y excitados. Jueves. Por el camino principal de la aldea vi venir al comisario político acompañado de tres niños. Los niños conversaban entre ellos y de vez en cuando le dirigían la palabra al comisario. Pensé que iban a la Granja. Camarada Chen, sonrió el comisario al llegar a la casa, pero sin entrar, estos alumnos tienen que escribir una composición sobre tus libros, explicó: sé amable con ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Camarada, dijo uno de los niños, nuestro trabajo de literatura de este mes versará sobre ti. Les dije que me halagaban, cuidándome mucho de preguntarles si había sido idea de ellos o de la maestra. Parecían unos niños muy serios. El comisario se marchó enseguida. Mientras mis huéspedes se acomodaban en el cuarto me asomé a la ventana y lo vi alejarse por el camino del pantano, la cabeza inclinada como si tuviera sobre sí un gran problema. El gris del cielo parecía enfermizo, veteado de blanco, con fosforescencias apagadas en la línea del horizonte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martes. Una curiosa criatura parecida a una vaca gigante pero que posee un pico de pato ha sido vista repetidas veces desde el mes de agosto en un lago volcánico cerca de la frontera con Corea. Algunos trabajadores temporeros la han podido observar a 40 metros de donde se hallaba, aunque no se sabe si es una especie acuática o anfibia, cómo vive ni por qué este raro ser no ha sido visto antes del citado mes. Miércoles. Vino a visitarme la maestra. Es una muchacha de unos 20 años. Parece frágil, pero sus ojos son fuertes y mira de una manera decidida. Hablamos poco. Los niños, la escuela, la biblioteca. Dijo que era un honor para ellos que yo viviera una temporada aquí. Le dije que estaba en la aldea por prescripción médica y luego añadí que había sufrido un trastorno nervioso considerable, que había estado internado un mes en el Hospital Militar de Nanning y que finalmente los médicos y mis superiores habían llegado a la conclusión que lo mejor para mi salud era pasar un par de meses en el campo, sin hacer nada. Dijo que ya lo sabía y que confiaba que me recuperara pronto. Luego propuso dar un paseo. Al levantarnos tuve la sensación imperceptible pero clara que estaba angustiada. Caminamos hasta una loma desde la que se divisaba la Granja. De pronto sentí deseos de volver, de estar solo. Le dije que prefería volver, que estaba cansado. Es normal, dijo ella. De vuelta a casa permanecí hasta tarde recortando noticias de diferentes periódicos. Jueves. Wan. Un niño de 11 años de edad puede ver con sus ojos, como si fueran rayos X, el corazón, los pulmones y cualquier órgano interno del ser humano. Su nombre es Shie Zo Hue, vive en la ciudad de Wan, en la provincia de Guizho, y su caso ha sido examinado por la Academia de Medicina de la provincia de Hubel. El niño puede ver, por ejemplo, en qué posición se encuentra el feto de una madre embarazada y en una ocasión adelantó que había visto mellizos en el seno de una mujer y el resultado se pudo comprobar poco después. Un grupo de investigadores científicos se ha servido del niño para hacer radiografías que serían difíciles o peligrosas por otros métodos. Shie Zo ya ha examinado en los últimos meses a 105 pacientes. Martes. La maestra me invitó a cenar. Al llegar a su casa encontré a cinco personas de las que sólo conocía al comisario político y al muchacho que baja a la ciudad tres veces a la semana en la camioneta del pueblo. Fui recibido con efusivas muestras de alegría. Durante la comida hablaron de cuestiones agrícolas. Uno de los comensales, una campesina de la Granja, dijo repetidas veces “se inunda el valle“. No supe, pese a la atención que presté a su conversación, a qué se refería. Después de la comida la maestra me llevó aparte; salimos al jardín y me preguntó qué pensaba de la guerra. Permanecí callado, estudiándola; sus ojos estaban llenos de lágrimas. Detrás de ella las colinas eran una mancha negra debajo de la luna creciente, pero al mismo tiempo era una mancha móvil, inestable. De improviso sentí que no estábamos solos: los otros se habían asomado a la ventana y desde allí nos miraban con sonrisas heladas que se aproximaban demasiado a la piedad. Martes. Me desperté a las cuatro de la mañana, sudando y con fiebre. Salí a caminar, la aldea estaba dormida y sólo se escuchaba el ladrido de un perro por el camino de la Granja. Me dirigí a la biblioteca; ésta tenía la puerta cerrada pero sin llave, como parecía ser costumbre. Encendí una pequeña lámpara, busqué papel y lápiz y me puse a escribir. Al cabo de una hora tenía sueño, pero permanecí un rato más hasta terminar el bosquejo de mi informe. Después apagué la luz, dejé todo tal como lo había encontrado y regresé a casa. Dormí hasta las nueve de la mañana. Me despertó el muchacho que regresaba de la ciudad para entregarme los periódicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Domingo. Pekín. Tres personas murieron pisoteadas por la multitud y otras diez resultaron heridas al final de un festival de música moderna celebrado en Pekín hace dos días con motivo de la “Fiesta de la Luna“. Hoy se reveló que la empresa encargada del parque de Beihai, donde se celebró el festival, cometió graves irregularidades que propiciaron el accidente. El recinto estaba preparado para recibir 25.000 personas, pero la administración del parque vendió exactamente hasta 50.240 entradas e invitó a otras personas, hasta completar la cifra de 60.000. Domingo. Hoy me encontré con la maestra. Era mediodía y yo estaba desde muy temprano leyendo en un claro del bosque cuando ella apareció precedida por unos cuarenta niños. Se sentó conmigo -en el claro hay bancos de madera construidos por los aldeanos- mientras sus alumnos se dedicaban a buscar hojas y musgo. Parecía cansada. Me preguntó qué leía. Se lo dije; luego permanecimos en silencio, ella evitaba mirarme. De pronto, sin levantar la vista, me preguntó cómo era la guerra. Es muy dura, le dije. Muere gente. Cuando me miró comprendí que estaba agradecida por lo que había dicho. Volvimos juntos, entre la algarabía de los niños, yo sin comprender nada. Al llegar a la puerta de mi casa nos despedimos. Sonreía, algunos pelos se le habían pegado en la frente. Me quedé inmóvil hasta que la vi desaparecer, primero las piernas, luego la cintura, los hombros, la cabeza. Sábado. Es de noche. Desde mi ventana veo los fuegos en las escarpadas. Me pregunto quiénes son los carboneros, de qué aldea, y a manera de respuesta imagino una planicie blanca. La maestra tuvo un comportamiento extraño esta tarde. Yo daba un paseo en bicicleta y ella venía con un grupo de gente por el camino del pantano. Al llegar junto a ellos algunos campesinos me advirtieron que no siguiera, que el camino era peligroso para andar en bicicleta. Les pregunté de dónde venían. Contestaron que del maizal que hay junto al pantano. Les pregunté si eso era posible, cultivar maíz junto a un pantano y dijeron que sí. Mientras hablábamos la maestra rehuyó mi mirada y al decidirme a volver con ellos se retrasó intencionadamente del grupo junto con otras dos muchachas. Al cabo de un rato de caminar volví la cabeza y en el otro extremo sólo vi dos siluetas. Iba a preguntar a los otros dónde estaba la maestra cuando observé que uno de los campesinos llevaba guantes. Este descubrimiento me trastornó hasta el punto de impedirme decir nada más durante el resto del trayecto. Ahora es de noche y tal vez un día de estos me decida a visitar las escarpadas. Los fuegos son minúsculos. En ocasiones, sin embargo, su brillo es cegador. Lunes. En la Granja todo el mundo estaba trabajando menos el muchacho de la camioneta. Me senté junto a él en el galpón y le ofrecí cigarrillos. Al terminar de fumar dijo que esta tarde iría a la ciudad, por si tenía algún encargo que hacerle aparte de los periódicos que me envían de Nanning. Le dije que no necesitaba nada. De acuerdo, dijo, un verdadero revolucionario es aquel que puede abastecerse en la cooperativa de su propio pueblo. Lo dijo sonriente, con algo de burla. Le respondí que este no era mi pueblo. Eso tiene mayor mérito, dijo. Me hubiera gustado sonreír pero no lo hice. Después de un rato me preguntó si sabía qué árboles eran los que crecían junto a la cerca. Le dije que eran almendros. Me miró con una sonrisa radiante y después me dijo que sí, en efecto eran almendros. Por un instante quedé desconcertado, luego sostuve con calma su mirada hasta que desvió los ojos. Alguien hizo sonar una taza de latón y escuché una voz detrás de mí que decía son las diez de la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jueves. Algunos científicos se han instalado en la zona atraídos por el fenómeno y un campesino llamado Lai Jui Hua la describió en los siguientes términos: “Tiene la boca como la de un pato y la cabeza como la de una vaca, pero mucho más grande. El cuerpo también es enorme y se mueve dentro del agua provocando unas olas similares a las que producen las barcas”. He despertado con fiebre. Durante mucho rato he permanecido sentado en la cama, los ojos fijos en un punto de la pared, intentando no pensar en nada. Por el tórax me corrían hilos de sudor y sentía las tetillas frías como si me hubieran aplicado hielo. Martes. Tengo fiebre, sin embargo procuro quitarle importancia. Mientras escribía, el comisario ha venido a invitarme a una reunión de carácter político que se celebrará después de una comida campestre. Le he preguntado, un tanto molesto por haber sido interrumpido, si en esta aldea solían celebrar las reuniones después de comer en el campo. Ha titubeado y después me ha dicho que sí. Una curiosa costumbre, murmuré, y él me ha confesado que desde antes de la Revolución Cultural lo hacían así. No me he comprometido a nada y al irse el comisario he seguido escribiendo. Jueves. Han venido a visitarme dos mandos militares de la ciudad. Eran jóvenes y estaban nerviosos. Les rogué que se sentaran y me excusé de no tener nada que ofrecerles. Ellos sacaron una botella de vino y una de aguardiente que traían de regalo. Abrimos la botella de aguardiente; me trataron con deferencia y demostraron haber leído mis poemas. Uno de ellos también escribía y parecía tener talento a juzgar por los versos que recitó. De pronto me di cuenta que había olvidado quitar los recortes de periódico de la mesa e inevitablemente éstos atrajeron su atención. ¿Qué significado tiene esto?, preguntaron sonriendo. No lo sé, dije, son noticias que recorto. No insistieron y al cabo de un rato hablábamos de otras cosas. Jueves. Por la noche, antes de dormirme, saco por unos instantes los recortes y los alineo sobre la mesa. Luego me siento delante de ellos y los contemplo. Escucho apenas el vehículo de los militares que vuelven a Nanning. “El Youjiang va crecido este año”, dijo uno de ellos al despedirse. ¿Qué significado tiene esto, en realidad? El monstruo tiene pico de pato, leo. Esto no puede asombrarme ni maravillarme, sin embargo intuyo que detrás de estas palabras hay algo que puede provocarme una emoción aún mayor. Por momentos tengo la certeza de encontrarme sobre la pista, por momentos creo que sólo estoy enfermo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martes. Wu Yunquing, de 142 años de edad, residente en Quinghuabian, provincia de Shaanxi, pasea en bicicleta por las calles de su ciudad natal. Para Wu, el secreto de su longevidad radica en su optimismo, el ejercicio físico y una forma de vida moderada. Según él, esta moderación incluye cuatro o cinco horas diarias de sueño y, a ser posible, sentado. Recorto también la foto: en ella aparece un anciano de barba blanca, montado sobre una bicicleta, observando la cámara fotográfica. Miércoles. He asistido a la comida campestre y luego a la reunión. La comida fue abundante, hubo vino y muchos brindis. Después hubo dos oradores, el comisario político y una campesina que trabaja en la Granja. La charla de esta última fue curiosa, la traía escrita y tenía por título “¿Qué hacer cuando la lluvia nos sorprende en el camino?” A medio discurso, plagado de lugares comunes, de reiteraciones y descripciones minuciosas de herramientas y ropas de trabajo, me dormí apoyado sobre el tronco caído de un árbol. En determinado momento, a mi sueño llega su voz que dice que la persona que se viera asaltada por la lluvia debía cavar un hoyo, meterse dentro y luego cubrirse de tierra. Desperté sobresaltado. Nadie me observaba salvo el comisario político; su rostro era una extraña mezcla de ironía y miedo. Cuando la campesina finalizó su discurso esperó a que yo aplaudiera para hacerlo él. Jueves. Sobre los incidentes del parque Beihai: El jefe de seguridad de la zona había advertido a los responsables del parque que vender más entradas de las autorizadas podría provocar desórdenes…Algunas canciones de la última moda interpretadas en inglés provocaron fuerte emoción en el público juvenil… Los espectadores salieron del recinto atropelladamente y alrededor de 60 personas fueron pisoteadas…Entre los diez heridos, cuatro se encuentran graves. Jueves. El militar más joven, el poeta, dijo que la realidad era la cultura. Yo miraba por la ventana el movimiento apenas perceptible de la aldea. Por la calle principal se alejaban dos niños llevando algo entre los brazos; por el otro extremo venían dos mujeres arrastrando una carretilla; hablaban en voz alta, se reían. El otro oficial dijo algo acerca de armas bacteriológicas. No le presté atención, sólo recuerdo haber asentido mientras un ligero corrimiento, allá lejos, en las escarpadas, cautivaba mi interés. Fue algo así como si empujaran hacia un lado el paisaje y metieran en el hueco otro exactamente igual, pero nuevo. Por la noche fui a la casa del comisario. Vive con su mujer y cinco hijos, todos menores de diez años. Le pregunté qué clase de asamblea había sido la de ayer. Su mujer me miró como si los hubiera amenazado de muerte. El comisario dijo que no había sido una asamblea sino una fiesta. Al recordarle que por la tarde todos habían trabajado, añadió que se trataba de una fiesta menor. La tradición, dijo, es celebrarla durante media jornada, con una comida colectiva. Viernes. A las doce de la noche, cuando terminaba de leer un libro de divulgación científica y me disponía a revisar mis recortes de periódico, llamaron a la puerta. Permanecí sentado, quieto, no quise responder. Volvieron a llamar, muy débil, como si no quisieran molestar. Recuerdo haber cerrado los ojos, haber deseado que quienquiera que fuese creyera que no estaba, aunque la luz encendida me delataba. Después la puerta hizo un sonido de alambre al abrirse y unos pasitos menudos se deslizaron hasta detenerse a pocos metros de donde yo me hallaba. Abrí los ojos: la maestra apagó la luz y se desnudó sin decir una palabra. A tientas, guardé los recortes, dejé la carpeta sobre la mesa, descorrí la cortina, me dirigí con cuidado hacia el lecho. Sus senos eran pequeños y anchos y sollozó mientras la penetraba. Después estuvimos abrazados en la oscuridad hablando de cosas sencillas, los problemas de la escuela, la biblioteca -insistió en saber mi opinión sobre ésta-, los niños, la Granja, los carboneros que trabajaban de noche. Al llegar a este punto le pregunté por qué trabajaban de noche y no supo responderme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viernes. El muchacho de la camioneta llega a las ocho de la noche de Wuming. Me acerco a él para que me entregue los periódicos. Su semblante está pálido y demacrado. Con una sonrisa me dice que está enfermo. Le pregunto si ha ido al médico y dice que sí. Tiene diarrea y fiebre. Le digo que no debería conducir en ese estado. Responde que ahora se irá a la cama, apenas deje de conversar conmigo. Por la noche trabajo en la biblioteca hasta la una de la mañana. Al salir tengo la sensación de que el pueblo está vacío. A medida que camino la sensación se hace más intensa, así como el deseo de entrar en algunas casas y comprobarlo. Sin embargo, soy capaz de controlarme, de llegar hasta mi casa, de desnudarme, de pensar. Sábado. Durante la mañana revisé los recortes. El niño de Wan, el monstruo del lago, el anciano que pasea en bicicleta, los incidentes del parque de Beihai. ¿Qué tienen en común estas noticias? He recortado otras, pero las recurrentes, las que vuelven a mi memoria como señales rojas, sólo son estas cuatro. Jueves. El oficial habló de armas bacteriológicas. Le pregunté a qué clase de armas se refería. Al mirarme, su rostro se desdibujó como si una niebla azul lo envolviera. Pensé: camarada, estás desapareciendo.&lt;br /&gt;Viernes. Debo mantenerme firme. Por la mañana vino a visitarme el médico. Su marcha coincidió con la llegada de la maestra. Escuché cómo se saludaban en la puerta y luego un largo silencio donde acomodé ambos rostros, inexpresivos, débiles. Al llegar a la habitación la maestra dijo que me encontraba bien. Le pregunté por qué creía eso. Respondió que el medico había dicho que mi salud era buena; además, ella sabía que escribía a diario, un excelente síntoma. Sábado. Por la tarde un primer grupo de aldeanos salió por el camino de la Granja. Poco después salió otro grupo por el camino de las escarpadas y el pueblo quedó prácticamente vacío. Esta vez quise saber adónde iban y decidí seguir al segundo grupo, por lo que cogí una bicicleta que alguien había dejado junto a la cooperativa y pedaleé en dirección a las escarpadas. Al llegar al primer recodo comprendí que no les daría alcance: en algún momento habían abandonado el camino y ahora, para alcanzarlos, debía volver atrás y encontrar el punto por el que se habían desviado. Me pareció inútil y regresé a la aldea. Al pasar por mi casa la anciana que vive enfrente abrió la ventana y sacó la cabeza como si intentara atrapar algo con la boca. Supe, recién entonces, que era ciega. Dejé la bicicleta adonde la había tomado y volví andando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lunes. El volcán hizo erupción tres veces entre 1597 y 1702 y las repetidas lluvias y la nieve convirtieron su cráter en un lago de 10 kilómetros cuadrados y 373 metros de profundidad. Según han manifestado los trabajadores que conocen la zona, la abundancia de microorganismos en el lago puede muy bien ser la causa de que en él vivan animales acuáticos. Las plantas del jardín dan la impresión de una inmovilidad perfecta. Pensé en la bicicleta de Wu Yunquing, en su barba blanca, casi postiza. Nacido en 1838. El día está cargado de nubes oscuras, hace calor. Por un momento he creído que los recortes se proyectaban sobre las escarpadas. He cerrado los ojos; la imagen ha tardado en diluirse. Algunas personas afirman que Shie Zo habitualmente ve a todas las personas desnudas debido a la fuerza de sus ojos. De pronto comienza a llover y sé entonces que soy el único que presta atención a lo que está ocurriendo. Esto puede ser el fin, pienso. Entonces la lluvia cesa. Lunes. Nunca podré establecer una relación entre los recortes; ¿de qué manera se prolonga la extraña criatura del lago con los disturbios del parque Beihai?¿En qué medida el portento visual del niño de Wan es el de la misma naturaleza que da la larga vida de WuYunquing? Sólo sé que suceden cosas extraordinarias. Mientras el militar más joven recitaba algo de Mao Dun observé que la vida en la aldea era idéntica a sí misma. La maestra salía de la escuela rodeada de niños y miraba en dirección a mi casa, sin verme. La camioneta de la aldea permanecía aparcada junto a la cooperativa. Más lejos jugaban dos cachorros de perro, y un niño, con una pala en la mano, los observaba. El color del cielo nuevamente era gris y por el lado de las escarpadas exhibía unas franjas fosforescentes, repugnantes, como si esa parte del cielo estuviera leprosa. Sin perder la sangre fría corrí hacia el patio trasero y vomité. Sentía una profunda piedad imprecisa. Los oficiales salieron en mi búsqueda e intentaron llevarme al baño, pero no lo permití. Me bastó mirarlos, con los labios aún manchados de bilis, para que no avanzaran un paso más. Después mentí: he perdido la costumbre de beber, dije. Lunes. No estoy enfermo. Mi nombre es conocido en las provincias de mi país. Tengo 45 años y desde los 15 sirvo en el ejército. He recibido múltiples condecoraciones. A los 25 años publiqué mi primer libro y desde entonces mi producción literaria ha sido ininterrumpida. Soy sano y fuerte, me he demostrado que puedo resistir el hambre y el dolor. Durante seis años residí en Vietnam donde fui consejero del ejército popular en la lucha contra los imperialistas y sus lacayos. Viví en Hoa Binh y Phat Diem; en 1971 fui herido en una aldea cercana a Phu Dien Chau y retorné a mi país. En 1979, durante el conflicto bélico chino-vietnamita, combatí contra mis antiguos aliados. Mi división estaba acuartelada en Jinxi y yo pertenecía al estado mayor. Al terminar la guerra fui destinado a Ningming, cerca de la frontera y, al poco tiempo enfermé. Estuve en el Hospital Militar de Nanning donde mi recuperación fue rápida; luego, por deseo de los médicos y con el beneplácito de mis superiores, fui enviado a esta aldea para descansar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viernes. Desde las cinco de la mañana hasta las doce he permanecido sentado en el suelo, desnudo, intentando pensar. Es difícil; a veces el cuerpo parece un agujero y todo lo demás, las ideas, las palabras, los descubrimientos, se asemejan a las joyas, hermosas pero innecesarias. Si tuviera tiempo, conjeturé, me gustaría trasladarme a Pekín e investigar a fondo los incidentes del parque Beihai. Una sola pregunta: ¿quiénes autorizaron la venta de entradas? ¿Y para qué? Esta segunda pregunta, por supuesto, podría contestarla si pudiera interpretar correctamente los recortes. Sábado. Salí por la mañana. Conseguí una bicicleta en el taller de la Granja y partí de inmediato. El muchacho de la camioneta me vio abandonar el pueblo y gritó algo inaudible. Me volví a mirarlo, no me detuve. Corrió un trecho detrás de mí pero al cabo de unos minutos abandonó; por el espejo retrovisor alcancé a ver que me decía adiós con los brazos. Pedaleé durante unas tres horas en dirección a las escarpadas y me detuve a descansar. Estaba empapado de transpiración pero me sentía bien. La bicicleta era vieja y tenía el cuadro oxidado, pero aguantaría; era pesada y resistente, de las construidas hace mucho. A mediodía llegué a una colina escasa de vegetación desde donde vislumbré una aldea. Saqué los prismáticos y enfoqué las calles durante un rato. Ni una sola persona, ni un solo movimiento. Un kilómetro más adelante el camino se bifurcaba. Una senda, casi techada por el bosque, llevaba a la aldea; la otra seguía hacia las escarpadas. Noté la ausencia de sonidos, la quietud que parecía colgar de las ramas más altas de los árboles. Pensé textualmente: la quietud cuelga de una rama, y tuve un acceso de desmayo. Me sostuve, perplejo, como si estuviera en un bosque de adivinanzas y no debiera perder el buen juicio. Al cabo volví a montar en la bicicleta y me alejé en dirección a las escarpadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martes. La maestra vino a mediodía. Traía composiciones que sus alumnos habían realizado sobre mi literatura. Me las extendió, sonriendo, y esperó a que las leyera. ¿Qué te parecen? Camarada, le dije, me dan ganas de llorar. Pues llora, dijo ella. Nos desnudamos e hicimos el amor. Después ella dijo riendo que nunca lo había hecho a esa hora. Por el marco de la ventana vi un cielo gris, de un brillo opaco, y pensé que era extraño que no me estremeciera. Martes. Al caer la noche la maestra volvió a casa. Comimos juntos, lavamos los platos, nos sentamos a trabajar en la misma mesa; ella preparaba sus clases y yo escribía los últimos párrafos de mi informe. En el silencio de la medianoche escuché pasos de gente que iban a la casa vecina. Le pregunté qué ocurría. Dijo que la anciana ciega estaba enferma. A los pocos minutos el silencio se había restablecido. ¿Era el médico?, pregunté. No, dijo, el médico vive en Wuming, era gente del pueblo. Me acosté pensando en la vieja. Por el hueco de la cortina veía a la maestra inclinada sobre la mesa. Cerré los ojos y sonreí, los niños habían escrito “optimismo y confianza en el futuro”. Intenté recordar, ignoro por qué razón , el rostro del joven oficial y poeta, y en su lugar aparecieron las siluetas de los niños que rodeaban al comisario político al final del camino. Cuando la maestra vino a la cama me había dormido. Temblaba, me contó ella al día siguiente. Me sentía feliz. Viernes. Me desperté a las seis de la mañana. Le dije a la maestra que no debería haber sido fácil para los aldeanos mi estancia aquí. Me miró sorprendida. No, dijo, los campesinos son generosos. Sólo temían que no te sintieras bien. Me siento bien, le dije. Antes de marcharse me acarició una mano. No me moví de la puerta hasta que la vi desaparecer por una calle lateral. Por todas partes se veía gente trabajando. Salí al patio trasero y me bañé con baldes de agua fría. Sentí deseos de cantar. Por supuesto, no lo hice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sábado. A las seis de la tarde avisté otra aldea. Desde un árbol estuve observando el pueblo con los mismos resultados que en el anterior. Era curioso, a mi derecha crecía un rumor de río, como si el Youjiang se hubiera salido de madre, aunque yo sabía que el Youjiang estaba por lo menos a 25 kilómetros a mi izquierda. El calor era insoportable y presagiaba tormenta. Esta vez resultaba inevitable pasar por el pueblo, a menos que lo rodeara, pero en este caso tenía que abandonar la bicicleta. Entré lentamente, a vuelta de rueda, temeroso de perturbar el silencio reinante. Cuando dejaba atrás la primera casa comenzó a llover. Casi al instante el agua formó una cortina tan densa que impedía cualquier atisbo de visibilidad. Dejé la bicicleta apoyada junto a un bebedero y entré corriendo en la vivienda más cercana. No fue necesario tocar, la puerta estaba abierta y un sólo vistazo me bastó para comprender que allí no vivía nadie. Cuando la lluvia amainó penetré en las otras casas: todas estaban vacías desde hacía mucho. Me senté en el suelo, bajo el alero de una de las chozas, y esperé. Había anochecido cuando decidí seguir adelante. Al ir a buscar la bicicleta observé que en las escarpadas ya estaban las primeras fogatas de los carboneros. ¿Carboneros en la provincia de Kuangsi?, ¿después de la lluvia? Saqué los prismáticos y enfoqué hacia arriba. Los fuegos apenas parpadeaban. Me sentía afiebrado, no obstante seguí. Sábado. Dos kilómetros más adelante el camino terminaba junto a un pozo. Alrededor del pozo habían limpiado una especie de explanada y en ambos lados habían bancas de madera, enmohecidas, con respaldos labrados con motivos florales. Me senté en la de la izquierda. Sabía que a mis espaldas los fuegos crepitaban aunque no pudiera oírlos. El rumor sordo del río se imponía a cualquier otro sonido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Domingo. La tonalidad del cielo es la misma de ayer y de los días pasados. Por la mañana estuve sentado en el jardín, con un libro en las rodillas, mientras los campesinos marchaban a trabajar a la Granja o al pantano y horas después volvían de la Granja y el pantano y se saludaban al encontrarse o se detenían a hablar. A las cinco de la tarde vino puntual el muchacho de la camioneta a entregarme el paquete de periódicos. Cuando ya se iba le pregunté si se había recuperado; me miró sonriendo, sin entender. ¿Estás sano, ahora?, le grité.¡Sí!, dijo, y la camioneta se alejó camino abajo. Domingo. No he abierto el paquete de periódicos. Sé que encontraría noticias que recortar y ya no importa. Alguien se encargará de quemar los recortes que he guardado y mi diario. Tal vez alguien se adelante y no permita que eso suceda. Sospecho que ambas posibilidades tienen más de algo en común. Lunes. Me disponía a dar un paseo cuando llegó el comisario. Le dije que quería caminar, que si a él no le molestaba podíamos dar un paseo juntos. Aceptó encantado. Tomamos el camino de la Granja hasta llegar al bosque. Dígame, le pregunté, cómo se llama esta bosque. El comisario sonrió con timidez. No tiene nombre, dijo. Nos sentamos a hablar en el claro. La conversación fue parca. El comisario miraba beatíficamente las ramitas esparcidas en la tierra mientras yo buscaba las ramas más altas, los pedazos inseguros de cielo. Casi un símbolo, medité. Al anochecer volvimos a paso lento a la aldea. Lunes. Me asomé a la ventana de la casa vecina. La oscuridad no era total y pude ver a la anciana sentada en una silla mientras un niño vigilaba la sartén sobre un hornillo de leña. Buenas noches, dije, me alegra verla repuesta. ¿Quién es?, dijo la anciana. El niño miró sonriendo y después siguió atento a lo que cocinaba. Mi nombre es Chen Huo Deng, dije. Ah, el soldado, suspiró ella. Soy una vieja asmática pero no puedo morirme todavía. Eso está bien, dije. Lunes. Sobre la mesa he dejado en orden todo cuanto he escrito estos días. Aquí está mi informe atrasado y cinco poemas. Sobre la mesa quedará asimismo este diario. No oculto nada. (Además, sería inútil.) Junto a mis papeles he dejado una breve nota señalando que éstos deben ser entregados al estado mayor del ejército, en Nanning. La casa, que tan amablemente me fuera prestada por el comité del partido de esta aldea, la devuelvo en las mismas condiciones en que me fue cedida. Por lo demás, todo lo que tengo es del Ejército. Ahora saldré a caminar, ya ha pasado medianoche, hasta llegar al bosque. Espero tener la paciencia de buscar una rama alta y resistente, escondida en el follaje, y colgarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * * * * * * * * * *&lt;br /&gt;Tercer Accesit del I Premio Alfambra de Cuentos, Patrocinado por el Ayuntamiento de Valencia, 1983. Editorial Prometeo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuento obtenido de la página web: &lt;a href="http://foro.elaleph.com/viewtopic.php?p=587911"&gt;http://foro.elaleph.com/viewtopic.php?p=587911&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Publicado originalmente en &lt;a href="http://60watts.net/"&gt;60watts&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-4201130546547600768?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/11/el-contorno-del-ojo.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-6185106468566327089</guid><pubDate>Tue, 17 Nov 2009 03:29:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-16T19:31:45.592-08:00</atom:updated><title>LA LISTA NEGRA DE GEORGE ORWELL</title><description>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(153, 153, 153);font-size:130%;" &gt;Rafael Ramos&lt;/span&gt; (La Vanguardia)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;George Orwell, de cuyo nacimiento se cumple el centenario, símbolo de la independencia política y periodística, así como fiscal de los excesos de la autoridad estatal, entregó al Gobierno británico una lista de sospechosos de ser comunistas o simpatizantes de la causa en los tiempos de la guerra fría –entre ellos, Charles Chaplin–, según confirman documentos descubiertos por el periódico “The Guardian”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque ninguno de los acusados sufrió represalias y Gran Bretaña nunca cayó en los excesos del maccarthismo norteamericano, el episodio proyecta una sombra sobre la imagen de Orwell, enemigo acérrimo del totalitarismo y precursor del concepto del “Gran Hermano” antes de que los gobiernos controlaran las actividades de los ciudadanos y restringieran las libertades como lo hacen en la actualidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué cometió George Orwell semejante indiscreción? En parte, debido a su preocupación por los avances del comunismo, y en parte, a causa de su amor por una bellísima mujer llamada Celia Kirwan, que trabajaba para un servicio de información del Foreign Office y le solicitó la lista de “criptocomunistas” a instancias de sus jefes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El contexto es importante. George Orwell, a los 45 años, se encontraba internado en un hospital de la campiña inglesa con tuberculosis, consciente de que su vida tocaba a su fin (murió al cabo de poco tiempo). Era el año 1949, se sentía infinitamente solo tras la muerte de su esposa, y los comunistas –cuya dureza había sufrido personalmente en la Guerra Civil española– acababan de tomar el poder en Checoslovaquia. En su opinión, había que detenerlos como fuese.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El escritor consideraba que el comunismo estaba ganando la guerra de las relaciones públicas en Occidente, debido a la gratitud por su papel en la derrota del nazismo y a la manera en que muchos escritores, intelectuales y periodistas se habían convertido en admiradores sentimentales de Moscú. George Orwell, un hombre filosóficamente de izquierdas, pretendía salvar los ideales del “auténtico socialismo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue poco antes, ya en el ocaso de su vida, cuando George Orwell conoció unas Navidades a Celia Kirwan, una chica que se movía en los círculos literarios de izquierdas y hermana melliza de la mujer de Arthur Koestler. El autor, fascinado, le propuso matrimonio en seguida, pero ella rechazó educadamente el ofrecimiento, aunque conservó la amistad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Orwell era una persona ordenada que hacía listas de todo, y también de “comunistas”, “pseudocomunistas” y “compañeros de viaje” del comunismo, lo cual no pasó inadvertido a Kirwan cuando empezó a trabajar para un nuevo servicio de información del Foreign Office dedicado a contrarrestar la propaganda soviética y que por lo menos en teoría era independiente de los servicios tradicionales de espionaje (MI5 y MI6). En una visita al hospital donde el escritor yacía convaleciente, fue al grano y le pidió nombres de sospechosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo apunta a que Orwell en ningún momento pensó que las listas tuviesen un propósito siniestro más allá de impedir que una serie de periodistas, artistas e intelectuales de izquierdas demasiado afines a Moscú expusieran sus opiniones procomunistas a través de los órganos del Estado. A su juicio, ya bastaba y sobraba con la difusión que les daban la BBC, los sindicatos y periódicos como el propio “The Guardian”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Orwell, para satisfacer a Celia, pidió que le mandaran por correo la relación de “criptocomuninstas” que había dejado en la casa de la remota isla de Jura (Hébridas) donde escribió “1984”, y en la que figuraban –muchos de ellos con interrogantes y asteriscos, como si el propio autor tuviera dudas– los nombres de los actores Charles Chaplin y Michael Redgrave (padre de Vanessa y Corin), el poeta escocés Hugh McDiarmid, el novelista J. B. Priestley, el historiador E. H. Carr y numerosos periodistas. Por lo menos dos de ellos –Peter Smollet y Tom Driberg– resultaron ser, efectivamente, espías soviéticos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque se especulaba desde hace años sobre la colaboración de George Orwell con el Gobierno británico para desenmascarar a comunistas, el historiador político Timothy Garton Ash obtuvo la lista de manos de la hija de Celia Kirwan, que falleció el otoño pasado, y ha publicado un extenso artículo en “The Guardian” pocos días antes de la celebración del centenario del autor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es imposible predecir qué actitud política habría tomado Orwell sobre Vietnam, mayo del 68 o el actual hegemonismo norteamericano de no ser por una muerte prematura. Lo que está claro es que se habría granjeado tantos enemigos como amigos y probablemente no hubiese sido idealizado como el John Kennedy de la literatura británica o el James Dean de la llamada guerra fría, visionario del creciente control estatal, símbolo de la pureza periodística y la integridad intelectual.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-6185106468566327089?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/11/la-lista-negra-de-george-orwell.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-8879709904709092588</guid><pubDate>Tue, 17 Nov 2009 02:29:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-16T18:30:46.140-08:00</atom:updated><title>MATAR UN ELEFANTE</title><description>&lt;span style="color: rgb(153, 153, 153);font-size:130%;" &gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;George Orwell&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;(Traducción de Laura Manero y Verónica Canales)&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;1&lt;br /&gt;En Moulmein, en la Baja Birmania, fui odiado por un gran número de personas; se trató de la única vez en mi vida en que he sido lo bastante importante para que me ocurriera eso. Era subcomisario de la policía de la ciudad y allí, de un modo carente de objeto y trivial, el sentimiento antieuropeo era enconado. Nadie tenía agallas para promover una revuelta, pero si una mujer europea paseaba sola por los bazares, seguro que alguien le escupía jugo de betel al vestido. Como policía, yo era un blanco evidente y me atormentaban siempre que parecía seguro hacerlo. Si un ágil birmano me ponía la zancadilla en el campo de fútbol y el árbitro (otro birmano) hacía la vista gorda, la multitud estallaba en sardónicas risas. Eso sucedió más de una vez. Al final, los socarrones rostros amarillos de los chicos que me encontraba por todas partes, los insultos que me proferían cuando estaba a suficiente distancia, me alteraron los nervios. Los jóvenes monjes budistas eran los peores. En la ciudad los había a millares y ninguno parecía tener más ocupación que apostarse en las esquinas y mofarse de los europeos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2&lt;br /&gt;Todo esto era desconcertante y molesto. Por aquel entonces yo había decidido que el imperialismo era un mal y que cuanto antes me deshiciera de mi trabajo y lo dejara, mejor. En teoría — y en secreto, por supuesto — estaba totalmente a favor de los birmanos y totalmente en contra de sus opresores, los británicos. En cuanto al trabajo que desempeñaba, lo odiaba con mayor encono del que tal vez logre expresar. En una ocupación como ésa se presencia de cerca el trabajo sucio del imperio. Los desgraciados prisioneros hacinados en las jaulas malolientes de los calabozos, los rostros grises y atemorizados de los convictos con condenas más largas, las nalgas laceradas de los hombres que han sido azotados con cañas de bambú; todo eso me oprimía con un insoportable cargo de conciencia. Pero no podía ver la dimensión real de las cosas. Era joven, no tenía muchos estudios y me había visto obligado a meditar mis problemas en el absoluto silencio que le es impuesto a todo inglés en Oriente. Ni siquiera sabía que el Imperio Británico agoniza, y menos aún que es muchísimo mejor que los imperios más jóvenes que van a sustituirlo. Todo cuanto sabía era que me encontraba atrapado entre el odio al imperio al que servía y la rabia hacia las bestiecillas malintencionadas que intentaban hacerme el trabajo imposible. Una parte de mí pensaba en el Raj británico como en una tiranía inquebrantable, un yugo impuesto por los siglos de los siglos a la voluntad de pueblos sometidos; otra parte de mí pensaba que la mayor dicha imaginable sería hundir una bayoneta en las tripas de un monje budista. Sentimientos como éstos son los efectos normales del imperialismo; que se lo pregunten si no a cualquier oficial angloindio, si se lo puede pescar cuando no está de servicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3&lt;br /&gt;Un día sucedió algo que, de forma indirecta, resultó esclarecedor. En sí fue un incidente minúsculo, pero me proporcionó una visión más clara de la que había tenido hasta entonces de la auténtica naturaleza del imperialismo, de los auténticos motivos por los que actúan los gobiernos despóticos. A primera hora de la mañana, el subinspector de una comisaría del otro extremo de la ciudad me llamó por teléfono y me dijo que un elefante estaba arrasando el bazar. ¿Sería tan amable de acudir y hacer algo al respecto? No sabía qué podía hacer yo, pero quería ver lo que ocurría, así que me monté en un poni y me puse en marcha. Me llevé el rifle, un viejo Winchester del 44 demasiado pequeño para matar un elefante, pero pensé que el ruido me sería útil para asustarlo. Varios birmanos me detuvieron por el camino y me contaron las andanzas del animal. Por supuesto, no se trataba de un elefante salvaje, sino de uno domesticado con un ataque de «furia». Lo habían encadenado, como hacen siempre que un elefante domesticado va a tener un ataque de «furia», pero la noche anterior había roto las cadenas y se había escapado. Su mahaut, la única persona que sabía cómo tratarlo cuando estaba en aquel estado, había salido en su busca, pero había errado el camino y se encontraba a doce horas de viaje. Por la mañana, el elefante había irrumpido de pronto en la ciudad. La población birmana no tenía armas y se veía bastante indefensa ante el animal. Ya había destrozado la choza de bambú de alguien; había matado una vaca, asaltado varios puestos de fruta y devorado la mercancía; también se había encontrado con el furgón municipal de la basura y, nada más bajar el conductor de un salto y poner pies en polvorosa, había volcado el vehículo y arremetido violentamente contra él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4&lt;br /&gt;El subinspector birmano y algunos agentes de policía indios me estaban esperando en el barrio en que había sido visto el elefante. Se trataba de un barrio muy pobre, un laberinto de sórdidas chozas de bambú con tejados de palma que se extendía sobre la escarpada ladera de una colina. Recuerdo que era una mañana nublada, bochornosa, al principio de la estación de las lluvias. Empezamos a interrogar a la gente acerca de qué dirección había tomado el elefante y, como de costumbre, no logramos obtener ninguna información concreta. Eso es lo que ocurre en Oriente sin excepción; una historia siempre parece estar clara a cierta distancia, pero, cuanto más te acercas al lugar de los hechos, más confusa se vuelve. Algunas personas decían que el elefante se había ido en una dirección, otras afirmaban que había tomado una dirección distinta, otras manifestaban no haber oído hablar siquiera de ningún elefante. A punto estaba de creer que toda la historia no era más que una sarta de mentiras cuando oímos unos gritos no muy lejos de allí. Fue un berrido agudo y horrorizado de: «¡Fuera de ahí, niño! ¡Fuera de ahí enseguida!», y una vieja con una vara en la mano apareció de detrás de una choza, espantando con violencia a un montón de niños desnudos. La seguían algunas mujeres más, haciendo chascar la lengua y dando voces; era evidente que había algo que los niños no deberían haber visto. Rodeé la choza y vi el cadáver de un hombre que yacía extendido sobre el fango. Era un indio, un culí drávida negro, medio desnudo; no podía llevar muerto muchos minutos. La gente decía que, de repente, al doblar la esquina de la choza, el elefante se había abalanzado sobre él, lo había agarrado con la trompa, le había puesto la pata sobre la espalda y lo había enterrado en el suelo. Era la estación de las lluvias, el terreno estaba blando y su cara había dibujado una zanja de dos palmos de hondo y un par de metros de largo. Estaba boca abajo con los brazos en cruz y la cabeza bruscamente torcida hacia un lado. Tenía el rostro cubierto de fango, los ojos desorbitados, los dientes a la vista y apretados en una mueca de insoportable tormento. (Por cierto, que nadie me diga jamás que los muertos tienen una expresión apacible. La mayoría de cadáveres que he visto tienen un aspecto infernal.) La fricción de la pata de la enorme bestia le había arrancado la piel de la espalda con la misma pulcritud con que se desuella un conejo. En cuanto vi al muerto mandé a un ordenanza a la casa cercana de un amigo en busca de un rifle para elefantes. Ya había enviado de vuelta el poni, porque no quería que enloqueciera de miedo y me tirara al suelo si olía el animal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5&lt;br /&gt;El ordenanza regresó al cabo de unos minutos con un rifle y cinco cartuchos. Mientras tanto habían llegado algunos birmanos y nos habían dicho que el elefante se encontraba en los arrozales de más abajo, a sólo unos cientos de metros. Al emprender la marcha, casi toda la población del barrio salió de sus casas y me siguió en tropel. Habían visto el rifle y exclamaban emocionados que iba a matar el elefante. No habían mostrado mucho interés en el animal cuando se limitaba a arrasar sus hogares, pero era diferente ahora que lo iban a matar. Para ellos se trataba de un momento de diversión, igual que lo habría sido para un público inglés. Además, querían la carne. Aquello me hizo sentir un poco incómodo. No tenía intención de matarlo -tan sólo había ordenado que trajeran el rifle para defenderme en caso de necesidad- y siempre resulta enojoso que te siga una multitud. Me dirigí colina abajo, con apariencia y sensación de idiota, el rifle echado al hombro y un creciente ejército de personas empujándose tras de mí. Una vez abajo, cuando las chozas quedaban atrás, había un camino de grava y, más allá, una lodosa extensión de arrozales de casi un kilómetro de ancho, aún sin arar, pero empapada por las primeras lluvias y salpicada de malas hierbas. El elefante estaba a unos ocho metros del camino, dándonos el flanco izquierdo. No le hizo ningún caso a la multitud que se acercaba. Arrancaba manojos de hierba, los golpeaba contra las rodillas para limpiarlos y luego se los llevaba a la boca.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;6&lt;br /&gt;Me había detenido en el camino. En cuanto vi el elefante tuve la absoluta certeza de que no debía matarlo. Matar un elefante útil para el trabajo es algo serio -es comparable a destruir una máquina enorme y cara- y claro está que no debe hacerse si hay forma de evitarlo. Además, a aquella distancia, comiendo apaciblemente, el elefante no parecía más peligroso que una vaca. Pensé entonces, y pienso ahora, que el ataque de «furia» ya se le estaba pasando, en cuyo caso se limitaría a vagar de forma inofensiva hasta que regresara el mahaut y lo capturara. Es más, no tenía la menor intención de dispararle. Decidí que lo observaría durante un rato para asegurarme de que no volvía a enloquecer y luego me iría a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7&lt;br /&gt;Sin embargo, en aquel momento miré alrededor, a la multitud que me había seguido. Era un grupo numeroso, de al menos unas dos mil personas, y crecía a cada minuto. Bloqueaba un largo tramo del camino en ambas direcciones. Contemplé ese mar de rostros amarillos sobre los ropajes chillones; semblantes felices y exaltados por ese instante de diversión, convencidos de que iba a matar el elefante. Me miraban como habrían mirado a un prestidigitador a punto de realizar un truco. Yo no les gustaba, pero con el rifle mágico entre las manos valía la pena mirarme por un momento. Y de repente me di cuenta de que al final tendría que matarlo. La gente esperaba que lo hiciera y debía hacerlo; sentí sus dos mil voluntades empujándome a actuar, de modo irresistible. Y fue en ese instante, estando ahí con el rifle en las manos, cuando comprendí por primera vez la vacuidad, la futilidad del dominio del hombre blanco en Oriente. Ahí estaba yo, el hombre blanco con su rifle, ante la multitud nativa desarmada, el presunto protagonista de la obra; pero, en realidad, no era más que una absurda marioneta manipulada por la voluntad de aquellos rostros amarillos que tenía detrás. Entendí en ese momento que, cuando el hombre blanco se vuelve un tirano, es su propia libertad la que destruye. Se convierte en una especie de monigote hueco y afectado, la figura estereotipada de un sahib. Porque es condición de su gobierno pasar la vida intentando impresionar a los «nativos», y por eso en cualquier crisis debe hacer lo que los «nativos» esperan de él. Se pone una máscara, y su rostro acaba por adaptarse a ella. Tenía que matar el elefante. Me había comprometido a hacerlo cuando mandé a buscar el rifle. Un sahib debe actuar como tal; debe parecer resuelto, saber lo que piensa y tomar decisiones. Haber recorrido todo ese camino, rifle en mano, con dos mil personas desfilando tras de mí, y alejarme luego sin más, sin haber hecho nada... no, eso era imposible. La multitud se reiría de mí. Y toda mi vida, la vida de todo hombre blanco en Oriente, era una larga lucha para evitar que se rieran de uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8&lt;br /&gt;Sin embargo, no quería matar el elefante. Lo contemplé mientras golpeaba su manojo de hierba contra las rodillas, con ese aire de abuela ensimismada que tienen los elefantes. Me parecía que matarlo sería un asesinato. A mi edad no tenía ningún reparo en matar animales, pero nunca había disparado contra un elefante ni había tenido nunca ganas de hacerlo. (No sé por qué siempre parece peor matar un animal grande.) Además, había que tener en cuenta a su dueño. Vivo, el elefante valía por lo menos cien libras; muerto, sólo valdría lo que dieran por sus colmillos, quizá cinco libras. Pero debía actuar con rapidez. Me dirigí hacia unos birmanos que parecían tener cierta experiencia y que ya estaban allí cuando llegamos, y les pregunté cómo se había comportado el elefante. Todos respondieron lo mismo: no te hacía ningún caso si lo dejabas en paz, pero podía atacar si te acercabas demasiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9&lt;br /&gt;Tenía perfectamente claro lo que debía hacer. Debía acercarme, digamos, a unos veinticinco metros del elefante para poner a prueba su comportamiento. Si atacaba, podía disparar; si no me prestaba atención, resultaría seguro dejarlo tranquilo hasta que regresara el mahaut. Sin embargo, también sabía que no iba a hacer tal cosa. No era muy bueno con el rifle y el suelo era un fango blando en el que te hundías a cada paso. Si el elefante atacaba y erraba el tiro, tendría más o menos las mismas posibilidades que un sapo bajo una apisonadora. Pero ni siquiera entonces pensaba especialmente en mi pellejo, sólo en los atentos rostros amarillos que tenía detrás. Y es que, en aquel momento, con la multitud observándome, no sentía miedo de la forma habitual, como lo habría sentido de haberme encontrado solo. Un hombre blanco no debe asustarse en presencia de «nativos»; y por eso, en general, no se asusta. Lo único que podía pensar era que, si algo salía mal, aquellos dos mil birmanos me verían perseguido, atrapado, pisoteado y convertido en un cadáver con una mueca en la cara como aquel indio en lo alto de la colina. Y, si eso llegaba a ocurrir, era bastante probable que unos cuantos se rieran. No podía ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10&lt;br /&gt;Sólo quedaba una alternativa. Cargué los cartuchos en la recámara y me eché al suelo en mitad del camino para apuntar mejor. La multitud se quedó en silencio e innumerables gargantas exhalaron un suspiro profundo, grave, emocionado, como el del público que ve por fin alzarse el telón en el teatro. Después de todo, iban a tener su instante de diversión. El rifle era un hermoso artefacto alemán con mira de precisión. Por aquel entonces no sabía que para matar un elefante hay que disparar trazando una línea imaginaria de un oído a otro. Por lo tanto, ya que el elefante se encontraba de lado, debí haber apuntado directamente a un oído; en realidad, apunté varios centímetros por delante, pensando que el cerebro estaría algo avanzado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11&lt;br /&gt;Cuando apreté el gatillo no oí la detonación ni sentí el culatazo -eso nunca sucede si el disparo da en el blanco-, pero sí escuché el infernal rugido de júbilo que se alzó de la multitud. En aquel instante, en un lapso de tiempo demasiado breve, habría cabido pensar, incluso para que la bala llegara a su destino, un cambio misterioso y terrible le sobrevino al elefante. No se movió ni cayó, pero se alteraron todas las líneas de su cuerpo. De pronto pareció abatido, encogido, inmensamente viejo, como si el horrible impacto de la bala lo hubiese paralizado sin derribarlo. Al final, después de un rato que pareció larguísimo -me atrevería a decir que pudieron haber sido cinco segundos- le fallaron las rodillas y cayó con flaccidez. Babeaba. Una enorme senilidad pareció apoderarse de él. Podría haberse imaginado que tenía miles de años. Volví a dispararle en el mismo lugar. Al segundo impacto no se desplomó sino que se puso en pie con desesperada lentitud y se mantuvo débilmente erguido, con las patas temblorosas y la cabeza gacha. Realicé un tercer disparo. Ése fue el que acabó con él. Pudo verse cómo la agonía le sacudía todo el cuerpo y le arrebataba las últimas fuerzas de las patas. Al caer, no obstante, pareció por un momento que se levantaba, ya que mientras las patas traseras se doblegaban bajo su peso, se irguió igual que una gran roca al despeñarse, con la trompa apuntando hacia el cielo como un árbol. Barritó, por primera y única vez. Y entonces se vino abajo, con el vientre hacia mí, y produjo un estrépito que pareció sacudir el suelo incluso donde yo estaba tumbado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12&lt;br /&gt;Me levanté. Los birmanos ya me habían rebasado y se apresuraban a cruzar el lodazal. Era evidente que el elefante no volvería a levantarse, pero no estaba muerto. Respiraba de forma muy acompasada, con largos y sonoros jadeos, el enorme bulto de su flanco subía y bajaba con dolor. Tenía la boca muy abierta; alcancé a ver las profundas cavernas rosa pálido de la garganta. Esperé durante largo tiempo a que muriera, pero su respiración no se debilitaba. Por último descargué los dos tiros que me quedaban en el lugar donde pensé que estaría el corazón. La sangre espesa manó como terciopelo rojo, pero siguió sin morir. Ni siquiera se estremeció cuando lo alcanzaron los disparos, su torturada respiración continuó sin pausa. Se estaba muriendo, muy despacio y con gran agonía, pero en un mundo alejado de mí en el que ni siquiera una bala podía hacerle ya daño. Sentí que debía poner fin a aquel espantoso sonido. Era espantoso ver a la enorme bestia allí tumbada, incapaz de moverse y, aun así, incapaz de morir, y no lograr siquiera acabar con ella. Mandé a buscar mi rifle pequeño y le descerrajé un tiro tras otro en el corazón y por la garganta. No parecieron causar ningún efecto. Los torturados jadeos continuaron con tanta regularidad como el tictac de un reloj.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13&lt;br /&gt;Al final no pude soportarlo por más tiempo y me marché. Más tarde oí que había tardado media hora en morir. Los birmanos acarreaban dagas y cestos incluso antes de que me fuese, y me contaron que por la tarde ya lo habían despojado de la carne casi hasta los huesos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;14&lt;br /&gt;Después, cómo no, hubo interminables conversaciones sobre la muerte del elefante. El dueño estaba furioso, pero no era más que un indio y no pudo hacer nada. Además, según la ley yo había hecho lo correcto, ya que a un elefante loco hay que matarlo, como a un perro loco, si su dueño no consigue dominarlo. Entre los europeos hubo división de opiniones. Los mayores me dieron la razón, los más jóvenes dijeron era una auténtica lástima sacrificar un elefante por haber matado a un culí, porque un elefante era más valioso que cualquiera de esos dichosos culís coringhee. Y después me alegré mucho de que el culí hubiese muerto; así la ley me ponía de su lado y me daba el pretexto suficiente para matar el elefante. A menudo me pregunté si alguno de ellos se dio cuenta de que lo había hecho sólo para evitar parecer un idiota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FINIS&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-8879709904709092588?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/11/matar-un-elefante.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-5451352718440397846</guid><pubDate>Fri, 30 Oct 2009 15:47:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-07T10:09:34.750-08:00</atom:updated><title>DIMTER: UN TERRORISTA DE ESTADO QUE DEMANDA POR DIFAMACIÓN</title><description>El miércoles, 4 de noviembre, se realizará un juicio público y oral en contra de la periodista Pascale Bonnefoy por injurias y calumnias presentado por el ex oficial de ejército Edwin Dimter Bianchi, a quien la periodista identificó como el represor conocido como “El Príncipe” del Estadio Chile en los días posteriores al golpe militar de 1973.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un &lt;a style="font-weight: bold; color: rgb(51, 102, 102);" href="http://andrescapelan.blogspot.com/2009/10/edwin-dimter-el-sadico-principe-del.html"&gt;artículo&lt;/a&gt; publicado en mayo de 2006 parcialmente en el diario La Nación y en su totalidad en Estocolmo.se, El Mostrador, PiensaChile y El Siglo, entre otros medios, Bonnefoy da cuenta de una investigación periodística que la llevó a confirmar la identidad del “Príncipe” como la de Edwin Dimter. Consultó a oficiales militares en retiro que lo conocieron en la época de los hechos y a numerosos ex prisioneros políticos del Estadio Chile, quienes lo reconocieron en fotografías de la época como en otras más recientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este es el primer caso relacionado a violaciones a los Derechos Humanos durante la dictadura militar que se ventila en el nuevo sistema público de justicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De la especialidad blindados, Edwin Dimter participó en el tanquetazo en contra del gobierno de Salvador Allende el 29 dejunio de 1973, y tras ello fue detenido en un recinto militar hasta el mismo día del golpe, el 11 de septiembre de 1973. Ese día, retornó a su unidad y fue enviado en misión al Estadio Chile.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el Estadio, Dimter se destacó no sólo por su inconfundible aspecto físico, sino también por su nivel de agresividad y actitud de mando, a pesar de no ser el oficial de mayor rango en el recinto.  Hay testigos de cómo golpeó y maltrató a prisioneros y de un episodio en particular que pocos han podido olvidar: el asesinato a culatazos de un obrero de Textil Progreso, a quien el “Príncipe” ordenó castigar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se ha construido un mito popular en torno a que el “Príncipe” del Estadio Chile fue quien asesinó a Víctor Jara. Sin embargo, no existen testigos directos –salvo los propios involucrados- de su ejecución y el caso aún no ha sido plenamente esclarecido por la justicia. Dimter ha declarado varias veces ante el juez Juan Fuentes Belmar, quien investiga la muerte de Víctor Jara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La querella por injurias y calumnias fue presentada originalmente también en contra del director del diario El Siglo, Francisco Herreros, y el entonces editor del mismo diario, Julio Oliva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, Herreros negoció un acuerdo con la parte querellante y se retiraron los cargos en su contra. Herreros servirá de testigo a favor de la parte querellante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oliva no se presentó reiteradamente a las audiencias previas al juicio, por lo que fue declarado prófugo y no será parte de este juicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la defensa se presentarán cuatro testigos, todos ex prisioneros del Estadio Chile. A petición de la parte querellante, el tribunal no permitió la presentación de un mayor número de testigos, como fue solicitado por la defensa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DATOS DEL JUICIO:&lt;br /&gt;Fecha: Miércoles, 4 de noviembre 2009&lt;br /&gt;Hora: 14 horas&lt;br /&gt;Lugar: Centro de Justicia, Avenida Pedro Montt 1606, metro Rondizzoni&lt;br /&gt;Juzgado: Séptimo Juzgado de Garantía, Edificio E, Piso 4&lt;br /&gt;Querellante: Edwin Dimter Bianchi, representado por los abogados Jorge Balmaceda, José Barahona y Jorge Montiel&lt;br /&gt;Querellada: Pascale Bonnefoy Miralles. Email: pascale.bonnefoy@gmail.com&lt;br /&gt;Abogado defensor: Lorenzo Morales&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(0, 153, 0);font-size:130%;" &gt;Update 04 Noviembre 2009&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juicio Edwin Dimter/Pascale Bonnefoy&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juicio oral y público que se iniciaba hoy miércoles, 4 de noviembre en contra de la periodista Pascale Bonnefoy a raíz de una querella por injurias y calumnias interpuesta por el ex oficial de ejército Edwin Dimter, fue aplazado hasta el 14 de enero de 2010.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambas partes arribaron al tribunal con sus testigos, encontrándose con la sorpresa de que el tribunal había postergado el juicio para enero. Debido a una negligencia del propio tribunal, no se había notificado de esto a nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aplazamiento se debió a que la testiga de la parte querellante, la Superintendenta de AFP Solange Berstein, había solicitado declarar fuera del tribunal y no en la fecha fijada por éste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En virtud del Código Orgánico de Tribunales, las autoridades públicas –incluyendo los superintendentes- pueden optar por prestar declaración en un lugar fuera del tribunal. La Superintendenta Berstein informó al tribunal que no estaría en el país para el juicio de hoy y sugirió otra fecha. El tribunal fijó el juicio para el 14 de enero de 2010, pero no notificó a ninguna de las partes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los abogados de ambas partes reclamaron al tribunal, pidiendo que se realizara el juicio hoy, incluso retirando a la Superintendenta como testigo, pero la solicitud fue rechazada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-5451352718440397846?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/10/dimter-un-terrorista-de-estado-que.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-7607361799669741361</guid><pubDate>Tue, 20 Oct 2009 03:44:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-19T20:53:52.245-07:00</atom:updated><title>HERTA MÜLLER - LA BESTIA DEL CORAZÓN (FRAGMENTO)</title><description>“Todo el mundo tenía un amigo en cada pedazo de nube&lt;br /&gt;        es lo que pasa con los amigos en un mundo donde todo es terror&lt;br /&gt;        también mi madre me dijo: es muy normal&lt;br /&gt;        los amigos no vienen a cuento&lt;br /&gt;        piensa en cosas más serias”  (Gellu Naum)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Cuando callamos nos tornamos desagradables, dijo Edgar. Cuando hablamos, nos tornamos ridículos.&lt;br /&gt;    Llevábamos demadiado rato en el suelo, delante de las fotos. Se me habían dormido las piernas de estar sentada.&lt;br /&gt;    Con las palabras en la boca aplastamos tantas cosas como con los pies sobre la hierba. Pero también con el silencio.&lt;br /&gt;    Edgar guardó silencio.&lt;br /&gt;    Aún  hoy puedo imaginarme una tumba. Sólo un cinturón, una ventana, una nuez y una soga. Cada muerte es para mí como un saco.&lt;br /&gt;    Si te oyen decir eso, digo Edgar, te tomarán por loca.&lt;br /&gt;    Y cuando pienso en ello, tengo la sensación de que cada muerto deja tras de sí un saco repleto de palabras. Siempre me acuden a la mente el barbero y la tijera de manicura, porque los muertos ya no los necesitan. Y también se me ocurre que los muertos ya no perderán un botón.&lt;br /&gt;     Tal vez intuyen cosas distintas a nosotrod, dijo Edgar, tal vez intuyen que el dictador es un error.&lt;br /&gt;     Poseían la prueba, pues también nosotros éramos un error para nosotros mismos. Porque en este país nos veíamos obligados a andar, comer, dormir y amar con miedo hasta que volvíamos a necesitar al peluquero y la tijera de manicura.&lt;br /&gt;    Alguien que sólo por el hecho de andar, comer, dormir y amar hace cementerios, digo Edgarm es un error aún mayor que nosotros. Es un error para todos, un error dominante.&lt;br /&gt;    La hierba despunta sobre la cabeza. Cuando hablamos queda segada. Pero también cuando callamos. Y entonces, la segunda y tercera hierba crecen a su antojo. Y pese a todo, somos afortunados.&lt;br /&gt;&lt;a style="color: rgb(0, 153, 0);" href="http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/10/el-bache-un-cuento-de-herta-muller.html"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Lea también el cuento corto "El Bache"&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-7607361799669741361?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/10/herta-muller-la-bestia-del-corazon.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-5282582674765892224</guid><pubDate>Tue, 20 Oct 2009 03:27:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-19T20:55:51.283-07:00</atom:updated><title>"EL BACHE" UN CUENTO DE HERTA MÜLLER</title><description>En torno al monumento a los caídos han crecido rosas. Forman un matorral tan espeso que asfixian la hierba. Son flores blancas y menudas, enrolladas como papel. Y crujen. Está amaneciendo. Pronto será de día. Cada mañana, cuando recorre en solitario la carretera que lleva al molino, Windisch cuenta qué día es. Frente al monumento a los caídos cuenta los años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Detrás de él, junto al primer álamo donde su bicicleta cae siempre en el mismo bache, cuenta los días. Por la tarde, cuando cierra el molino, Windisch vuelve a contar los días y los años. Ve de lejos las pequeñas rosas blancas, el monumento a los caídos y el álamo. Y los días de niebla tiene el blanco de las rosas y el blanco de la piedra muy pegados a él cuando pasa pedaleando por en medio. La cara se le humedece y él pedalea hasta llegar. Dos veces se quedó en pura espina el matorral de rosas, y la mala hierba, debajo, parecía aherrumbrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos veces se quedó el álamo tan pelado que su madera estuvo a punto de resquebrajarse. Dos veces hubo nieve en los caminos. Windisch cuenta dos años frente al monumento a los caídos, y doscientos veintiún días en el bache, junto al álamo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada día, al ser remecido por el bache, Windisch piensa: “El final está aquí”. Desde que se propuso emigrar ve el final en todos los rincones del pueblo. Y el tiempo detenido para los que quieren quedarse. Y Windisch ve que el guardián nocturno se quedará ahí hasta más allá del final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tras haber contado doscientos veintiún días y ser remecido por el bache, Windisch se apea por primera vez. Apoya la bicicleta contra el álamo. Sus pasos resuenan. Del jardín de la iglesia alzan el vuelo unas palomas silvestres. Son grises como la luz. Sólo el ruido permite diferenciadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Windisch se santigua. El picaporte está húmedo. Se le pega en la mano. La puerta de la iglesia está cerrada con llave. San Antonio está al otro lado de la pared. Tiene un lirio blanco y un libro marrón en la mano. Lo han encerrado. Windisch siente frío. Mira a lo lejos. Donde acaba la carretera, las olas de hierba se quiebran sobre el pueblo. Allí al final camina un hombre. El hombre es un hilo negro que se interna entre las plantas. Las olas de hierba lo levantan por encima del suelo.&lt;br /&gt;&lt;a style="color: rgb(0, 153, 0);" href="http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/10/herta-muller-la-bestia-del-corazon.html"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a style="font-weight: bold; color: rgb(0, 153, 0);" href="http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/10/herta-muller-la-bestia-del-corazon.html"&gt;Lea también un fragmento del cuento "La Bestia del Corazón"&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-5282582674765892224?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/10/el-bache-un-cuento-de-herta-muller.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-6083143531517159711</guid><pubDate>Sun, 04 Oct 2009 23:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-04T17:32:16.743-07:00</atom:updated><title>LA DESAPARICIÓN DE ANDRÉS CAPELÁN</title><description>&lt;div style="text-align: center; font-weight: bold;"&gt;ACÁ ESTOY&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_x-PpPJyoVa0/Ssk3FAcYq2I/AAAAAAAABW8/Z-cntiXbNeg/s1600-h/000_1483.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 517px; height: 346px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_x-PpPJyoVa0/Ssk3FAcYq2I/AAAAAAAABW8/Z-cntiXbNeg/s400/000_1483.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5388898988283439970" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;ACÁ TAMBIÉN ESTOY&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_x-PpPJyoVa0/Ssk24GyRs0I/AAAAAAAABW0/2xsRtGc7bwA/s1600-h/000_1484.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 528px; height: 342px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_x-PpPJyoVa0/Ssk24GyRs0I/AAAAAAAABW0/2xsRtGc7bwA/s400/000_1484.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5388898766647571266" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Y ACÁ DESAPARECÍ...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_x-PpPJyoVa0/Ssk3wBe2SZI/AAAAAAAABXE/2FwzxBknPZs/s1600-h/P1020090.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 541px; height: 404px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_x-PpPJyoVa0/Ssk3wBe2SZI/AAAAAAAABXE/2FwzxBknPZs/s400/P1020090.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5388899727296579986" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;¡Oh noveles autores! ¡Desconfiad de los editores!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Hacia 1994 yo era el encargado de la columna del quincenario Mate Amargo "Pregúntele al doctor Boero". Me senté a esperar las cartas de los lectores, pero pasaban los días y nadie preguntaba nada. Entonces llamé a quien se encargaba de esa columna antes que yo, Anibal Paiva, y le pregunté como hacía él. "¡Ah! Yo inventaba, nunca nadie mandó ninguna carta preguntando nada, así que le preguntaba lo que a mi me parecía" -me contestó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, comencé a hacer lo mismo y mas o menos una vez al mes iba a la casa de Gastón con un puñado de preguntas, se las formulaba y grababa sus respuestas. Luego las trascribía, les daba un poco más de color, y las publicaba. Más adelante, cuando Gastón comenzó a contestar preguntas por radio, primero en CX 44 y luego en CX 14, yo grababa sus respuestas y las trascribía para Mate Amargo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un buen día me encontré con algunas decenas de preguntas y respuestas muy interesantes y se me ocurrió la idea de juntarlas en un libro. Lo conversé con Gastón, lo conversé con Tae, y a todos los pareció buena idea. Puse manos a la obra, pasando todo en limpio, y se me ocurrió ponerle ese título que parafrasea al de la película de Woody Allen. El primer tomo del libro se presentó en 1995 en Paysandú (pago natal de Boero), y el segundo se presentó en la Feria del Libro de 1996.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Tae nunca nos pagó un peso por los dos libros que nos editó, por lo que perdió los derechos de facto. Entonces Gastón se lo ofreció a Canalda, y Edmundo le planteó juntar los dos tomos en uno. En la edición de Fin de Siglo no está el reportaje que le hice a Gastón para el segundo tomo de Tae, pero el prólogo y la contratapa son refritos de mis prólogos y mis contratapas para Tae. Sin embargo, en esa edición no figuro como co autor, sino apenas como dactilógrafo, mencionado al pasar en el (mi) prólogo modificado. Gastón compartió conmigo las regalías (Canalda si nos pagó), pero yo hubiera preferido la fama al dinero (porque además eran unos pesos locos, claro).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, que la idea de hacer el libro fue mía, que el título lo elegí yo, las supuestas preguntas de los lectores de Mate Amargo que Gastón contestaba las inventé yo, y resulta que ahora soy nada más que un dactilógrafo. Como se vé, está todo documentado en los ficheros de la Biblioteca Nacional. ¡Salud y Buen Provecho! Ya está, ya pasó.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-6083143531517159711?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/10/la-desaparicion-de-andres-capelan.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_x-PpPJyoVa0/Ssk3FAcYq2I/AAAAAAAABW8/Z-cntiXbNeg/s72-c/000_1483.JPG' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-9051132333628555505</guid><pubDate>Sun, 04 Oct 2009 03:44:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-11T11:00:00.189-07:00</atom:updated><title>ANDRÉS CAPELÁN</title><description>Nació hacia mediados de la década del 50 del siglo pasado, en los primeros días del año. Para ser más exactos, el 7 de enero de 1954 en horas de la mañana. Ya en la escuela se destacó en letras, sacando siempre las notas máximas en las composiciones y redacciones domiciliarias, ya que se las escribía su padre. Eso fue un gran aliciente para su creatividad, llevándolo a convertirse en un experto e impune plagiario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En sus épocas de liceal, escribía, diagramaba y repartía entre sus amigos el "Boletín Uruguayo de Cultura General", una burda copia del semanario "Misia Dura" escrita a máquina con fotos recortadas y pegadas en las hojas tamaño oficio que su padre robaba de su trabajo, con goma arábiga del mismo origen, y engrampadas también gracias a la involuntaria generosidad de los empleadores de su progenitor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Posteriormente, pero siempre durante su adolescencia, integró la secretaría de propaganda del Fer 68 a distintos niveles, especializandose en el picado de matrices y el manejo del mimeógrafo y el planograf para la generación de diversos materiales propagandísticos y reediciones de los documentos del MLN (recuerda especialmente la edición de "Foco o Partido, falso dilema" en el mimeógrafo del Centro de Estudiantes de Arquitectura en hermosas hojas de papel garbanzo, y la edición mixta en mimeógrafo y planograf de un número del boletín filotupa "Chasque estudiantil").&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante la dictadura zafó gracias a su proverbial perfil bajo, y se escondió abajo de una piedra hasta que pasó el temporal. Brindó asistencia. En 1983 comenzó su militancia en el Frente Amplio, llegando hasta la presidencia del comité de Villa Muñoz. Hacia 1990 comenzó a escribir en "El Omnibusero" el periódico de su sindicato, la Unión de Trabajadores de Cutcsa, del cual fue Secretario de Redacción durante varios años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De "El Omnibusero" pasó a "Mate Amargo", donde publicó su primer artículo pago el 20 de junio de 1991. Allí fue cronista de "Sindicales", reportero, encargado de la sección "Mapamundi" (noticias internacionales), y co director con Mario Plastine de la página de humor "El Mate Dulce". Hacia fines de julio de 1999 renunció a Mate Amargo, y el 3 de agosto de ese año comenzó su desempeño en la agencia de noticias Comcosur, donde permanece hasta el día de hoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De su pasaje por Mate Amargo quedaron los dos tomos de "&lt;a style="color: rgb(0, 0, 0); font-weight: bold;" href="http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/10/la-desaparicion-de-andres-capelan.html"&gt;Todo lo que Ud. quería saber acerca del sexo y se animó a preguntar&lt;/a&gt;", libro que se supone recoge las consultas realizadas al Dr. Boero por los lectores del quincenario y un reportaje al afamado sexólogo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Posteriormente, el libro fue reeditado por la editorial Fin de Siglo haciendo desaparecer el nombre de Andrés Capelán de los créditos, y Jorge Denevi escribió y dirigió una obra teatral basada en las historias allí recogidas, la mayoría inventadas por Capelán, ya que nunca nadie mandó alguna carta a Mate Amargo para preguntarle algo al Dr. Boero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unos tres años que integra la Casa de los Escritores del Uruguay, y desde el 27 de octubre de 2008 se encarga del blog del programa radial "Sopa de Letras", mientras regentea varios bloges personales  y prepara una novela policial, varios libros de cuentos y artículos  humorísticos, y un libro de cuentos serios, muchos de ellos bastante raros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su para nada extensa obra puede leerse casi toda en los mencionados blogs, y todo indica que su edición en papel se efectuará en forma póstuma, cuando la posteridad descubra que sus contemporáneos no se dieron cuenta de que se encontraban ante un verdadero genio literario, polígrafo y hasta fotógrafo. Kafka, un poroto. Pero bueno, así es la vida, tómela o déjela.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-9051132333628555505?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/10/andres-capelan.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-6437724092963146363</guid><pubDate>Sat, 03 Oct 2009 00:47:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-02T18:34:16.274-07:00</atom:updated><title>CORTÁZAR LEE CORTÁZAR</title><description>El aplastamiento de las gotas&lt;br /&gt;&lt;script type='text/javascript'&gt;escribir_MP3("http://www.fileden.com/files/2009/6/20/2484100/JulioCortazar01AplastamientoDeLasGotas.mp3");&lt;/script&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los exploradores&lt;br /&gt;&lt;script type='text/javascript'&gt;escribir_MP3("http://www.fileden.com/files/2009/6/20/2484100/JulioCortazar06LosExploradores.mp3");&lt;/script&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Louis, enormísimo Cronopio&lt;br /&gt;&lt;script type='text/javascript'&gt;escribir_MP3("http://www.fileden.com/files/2009/6/20/2484100/JulioCortazar07Louis%20EnormisimoCronopio.mp3");&lt;/script&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Historia&lt;br /&gt;&lt;script type='text/javascript'&gt;escribir_MP3("http://www.fileden.com/files/2009/6/20/2484100/JulioCortazar05%20Historia.mp3");&lt;/script&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tos de una señora alemana&lt;br /&gt;&lt;script type='text/javascript'&gt;escribir_MP3("http://www.fileden.com/files/2009/6/20/2484100/JulioCortazar04LaTosDeUnaSe%A4oraAlemana.mp3");&lt;/script&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Discurso del oso&lt;br /&gt;&lt;script type='text/javascript'&gt;escribir_MP3("http://www.fileden.com/files/2009/6/20/2484100/JulioCortazar03DiscursoDelOso.mp3");&lt;/script&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-6437724092963146363?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/10/julio-cortazar_02.html</link><author>noreply@blogger.com (S. C. P.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-909737180665826390</guid><pubDate>Fri, 18 Sep 2009 03:32:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-09-17T20:36:10.952-07:00</atom:updated><title>EL ASCO</title><description>&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Horacio Castellanos Moy&lt;/span&gt;a&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;(Fragmentos)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suerte que viniste, Moya, tenía mis dudas que vinieras, porque este lugar no le gusta a mucha gente en esta ciudad, hay gente a la que no le gusta para nada este lugar, Moya, por eso no estaba seguro si vos ibas a venir, me dijo Vega. A mí me encanta venir al final de la tarde, sentarme aquí en el patio, a beber un par de whiskis, tranquilamente, escuchando la música que le pido a Tolín, me dijo Vega, no sentarme en la barra, allá adentro, mucho calor en la barra, mucho calor allá adentro, es mejor aquí en el patio, con un trago y el jazz que pone Tolín. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es el único lugar donde me siento bien en este país, el único lugar decente, las demás cervecerías son una inmundicia, abominables, llenas de tipos que beben cerveza hasta reventar, no lo puedo entender, Moya, no puedo entender cómo esta raza bebe esa cochinada de cerveza con tanta ansiedad, me dijo Vega, una cerveza cochina, para animales, que sólo produce diarrea, es lo que bebe la gente aquí, y lo peor es que se siente orgullosa de beber una cochinada, son capaces de matarte si les decís que lo que están bebiendo es una cochinada, agua sucia, no cerveza, en ningún lugar del mundo eso sería considerado como cerveza, Moya, vos lo sabés como yo, ése es un líquido asqueroso, sólo lo pueden beber con tal pasión por ignorancia, me dijo Vega, son tan ignorantes que beben esa cochinada con orgullo, y no con cualquier orgullo, sino con orgullo de nacionalidad, con orgullo de que están bebiendo la mejor cerveza del mundo, porque la Pílsener salvadoreña es la mejor cerveza del mundo, no una cochinada que únicamente produce diarrea como pensaría cualquier persona en su sano juicio, sino la mejor cerveza del mundo, porque esa es la primera y principal característica de los pueblos ignorantes, consideran que su miasma es la mejor del mundo, son capaces de matarte si les negás que su miasma, que su mugrosa cerveza diarreica, es la mejor del mundo, me dijo Vega. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gusta este lugar, no se parece en nada a esa mugre de cervecerías donde venden esa cochinada de cerveza que aquí se bebe con tanta pasión, Moya, este lugar tiene su propia personalidad, una decoración para gente mínimamente sensible, aunque se llame La Lumbre, aunque en la noche sea horroroso, insoportable por la bulla de esos grupos de rock, por el ruido de esos grupos de rock, por la perversión de molestar al prójimo que tienen esos grupos de rock. Pero a esta hora de la tarde este bar me gusta, Moya, es el único sitio al que puedo venir, donde nadie me molesta, donde nadie se mete conmigo, me dijo Vega. Por eso te cité aquí, Moya, La Lumbre es el único lugar de San Salvador donde puedo beber, y un par de horas nada más, entre cinco y siete de la tarde, tan sólo un par de horas, después de las siete este sitio resulta insoportable, el lugar más insoportable que pueda existir por el ruido de los grupos de rock, tan insoportable como las cervecerías llenas de tipos que beben con orgullo su cerveza sucia, me dijo Vega, pero ahora podemos hablar con tranquilidad, entre cinco y siete no nos molestarán. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He venido a este lugar ininterrumpidamente desde hace una semana, Moya, desde que lo descubrí vengo todos los días a La Lumbre, entre cinco y siete de la tarde, y por eso decidí verte aquí, tengo que platicar con vos antes de irme, tengo que decirte lo que pienso de toda esta inmundicia, no hay otra persona a la que le pueda contar mis impresiones, las ideas horribles que he tenido estando aquí, me dijo Vega. Desde que te vi en el velorio de mi mamá, me dije: Moya es el único con el que voy a hablar, nadie más de mis compañeros de colegio apareció por la funeraria, nadie más se acordó de mí, ninguno de los que se decían mis amigos apareció cuando mi vieja se murió, sólo vos, Moya, pero quizás haya sido mejor, porque en realidad ninguno de mis compañeros de colegio fue mi amigo, ninguno volvió a verme luego que acabamos el colegio, mejor que no hayan aparecido, mejor que al velorio de mi mamá no haya llegado ninguno de mis excompañeros, excepto vos, Moya, porque odio los velorios, odio tener que estar recibiendo condolencias, no hallo qué decir, me molestan esos desconocidos que llegan a abrazarte y se sienten como tus íntimos nada más porque tu madre ha muerto, mejor que no hayan llegado, odio tener que ser simpático con gente a la que no conozco, y la mayoría de quienes llegan a darte el pésame, la mayoría de los que asisten a los velorios, son personas a las que no conocés, a las que jamás volverás a ver en tu vida, Moya, pero tenés que hacerles buena cara, cara de compunción y agradecimiento, cara de que en realidad agradecés que esos desconocidos vayan al velorio de tu madre a darte sus condolencias, como si en esos momentos lo que vos más necesitaras es estar siendo simpático con desconocidos, me dijo Vega. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cuando vos llegaste, pensé qué buena onda que Moya haya venido, y mejor incluso que se haya ido tan pronto, gracias a Moya, a que se ha ido tan pronto, pensé, no tengo que estar atendiendo a excompañeros de colegio, me dijo Vega, no tuve que estar siendo simpático con nadie, porque en el velorio de mi madre apenas estuvimos mi hermano Ivo y su familia, una docena de conocidos de ella y de él (de mi hermano) y yo, el hijo mayor, el que tuvo que venir apresuradamente de Montreal, el que nunca esperaba regresar a esta mugre de ciudad, me dijo Vega. Nuestros excompañeros de colegio han de ser de lo peor, un verdadero asco, qué suerte que no me encomie a ninguno, aparte de vos, por supuesto, Moya, no tenemos nada en común, no puede haber una sola cosa que me una a alguno de ellos. Nosotros somos la excepción, nadie puede mantener su lucidez después de haber estudiado once años con los hermanos maristas, nadie puede convertirse en una persona mínimamente pensante después de estar bajo la educación de los hermanos maristas, haber estudiado con los hermanos maristas es lo peor que me pudo haber sucedido en la vida, Moya, haber estudiado bajo las órdenes de esos gordos homosexuales ha sido mi peor vergüenza, nada tan estúpido como haberse graduado en el Liceo Salvadoreño, en el colegio privado de los hermanos maristas en San Salvador, en el mejor y más prestigioso colegio de los hermanos maristas en El Salvador, nada tan abyecto como que los maristas le hayan moldeado el espíritu a uno durante once años, ¿te parece poco, Moya? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Once años escuchando estupideces, obedeciendo estupideces, tragando estupideces, repitiendo estupideces, me dijo Vega. Once años respondiendo sí hermano Pedro, sí hermano Beto, sí hermano Heliodoro, la más asquerosa escuela para la sumisión del espíritu, en ésa estuvimos, Moya, por eso no me importa que ninguno de los sujetos que fueron nuestros compañeros en el Liceo haya llegado al velorio de mi madre, fueron once años de domesticación del espíritu, once años de miseria espiritual que no quería recordar, once años de castración espiritual, cualquiera de ellos que hubiera llegado sólo hubiera servido para que yo rememorara los peores años de mi vida, me dijo Vega. Pero pedí un trago, por estar con mi perorata ni me había fijado, tomate un whisky conmigo, llamemos a Tolin, el barman, el discjockey, el milusos a esta hora, un tipo buena gente, alguien a quien le agradezco que haya hecho mínimamente placentera mi estadía en este horrible país. Me da alegría platicar con vos, Moya, aunque también hayás estudiado en el Liceo como yo, aunque tengás la misma inmundicia en el alma que me metieron los hermanos maristas durante esos once años, me siento contento de haberte encontrado, un exestudiante marista que no participa del cretinismo generalizado, eso sos vos, Moya, igual que yo, me dijo Vega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo tenía dieciocho años de no regresar al país, dieciocho años en que no me hacía falta nada de esto, porque yo me fui precisamente huyendo de este país, me parecía la cosa más cruel e inhumana que habiendo tantos lugares en el planeta a mí me haya tocado nacer en este sitio, nunca pude aceptar que habiendo centenares de países a mí me tocara nacer en el peor de todos, en el más estúpido, en el más criminal, nunca pude aceptarlo, Moya, por eso me fui a Montreal, mucho antes de que comenzara la guerra, no me fui como exiliado, ni buscando mejores condiciones económicas, me fui porque nunca acepté la broma macabra del destino que me hizo nacer en estas tierras, me dijo Vega. Después llegaron a Montreal miles de tipos siniestros y estúpidos nacidos también en este país, llegaron huyendo de la guerra, buscando mejores condiciones económicas, pero yo estaba allá desde mucho antes, Moya, porque a mí no me corrió la guerra, ni la pobreza, yo no me fui huyendo por la política, sino que simplemente nunca acepté que tuviera el mínimo valor esa estupidez de ser salvadoreño, Moya, siempre me pareció la peor tontería creer que tenía algún sentido el hecho de ser salvadoreño, por eso me fui, me dijo Vega, y no me metí ni ayudé a ninguno de esos tipos que se decían mis compatriotas, yo no tenía nada que ver con ellos, yo no quería recordar nada de esta mugrosa tierra, yo me fui precisamente para no tener nada que ver con ellos, por eso los evité siempre, me parecían una peste, con sus comités de solidaridad y todas esas estupideces. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca pensé volver, Moya, siempre me pareció la peor pesadilla tener que regresar a San Salvador siempre temí que hubiera un momento en que tuviera que regresar a este país, y lo evité a como diera lugar, lo evité a toda costa, siempre fue la peor pesadilla la posibilidad de regresar a este país y no poder salir nuevamente, te lo juro, Moya, esa pesadilla no me dejó dormir durante años, hasta que saqué mi pasaporte canadiense, hasta que me convertí en ciudadano canadiense, hasta entonces esa horrible pesadilla no dejó de fastidiarme, me dijo Vega. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; (...)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Horrible cómo ha crecido esta ciudad, Moya, ya se comió casi la mitad del volcán, ya se comió casi todas las zonas verdes que la circundaban, una tremenda vocación de termita tiene esta raza, se lo come todo, sólo necesitas salir unos kilómetros de San Salvador para darte cuenta que más pronto que tarde este país será una inmensa y mugrosa ciudad rodeada de zonas desérticas e igualmente inmundas, me dijo Vega, la ciudad en sí ya es una de las ciudades más inmundas y hostiles que podás encontrar, una ciudad diseñada para que vivan animales, no seres humanos, una ciudad que convirtió su centro histórico en una porquería porque como a nadie le interesa la historia pues el centro histórico es absolutamente prescindible y ha sido convertido en una porquería, realmente una ciudad de porquería, un asco de ciudad, dirigida por tipos obtusos y ladrones cuya única preocupación es destruir cualquier arquitectura que mínimamente recuerde el pasado para construir gasolineras Esso y hamburgueserías y pizzerías. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tremendo, Moya, me dijo Vega, San Salvador es una versión grotesca, enana y estúpida de Los Angeles, poblada por gente estúpida que sólo quiere parecerse a los estúpidos que pueblan Los Angeles, una ciudad que te demuestra la hipocresía congénita de esta raza, la hipocresía que los lleva a desear en lo más íntimo de su alma convertirse en gringos, lo que más desean es convertirse en gringos, te lo juro, Moya, pero no aceptan que su más preciado deseo es convertirse en gringos, porque son hipócritas, y son capaces de matarte si criticás su asquerosa cerveza Pílsener, sus asquerosas pupusas, su asqueroso San Salvador, su asqueroso país, Moya, son capaces de matarte sin parpadear, aunque a ellos no les interese en absoluto y por eso destruyen su ciudad y su país con un entusiasmo enfermizo. Me dan un verdadero asco, Moya. No soporto esta ciudad, te lo aseguro, me dijo Vega, tiene todas las miserias y cochinadas de las grandes ciudades y ninguna de sus virtudes, tiene todo lo negativo de las grandes ciudades y ni uno solo de los elementos positivos, una ciudad en la que si no tenés carro estás frito, porque el transporte público es la cosa más increíble que ser alguno pueda imaginar, los autobuses están diseñados para transportar ganado no seres humanos, la gente es tratada como si fuera animal y nadie protesta, la cotidianidad es ser tratado como si uno fuera animal, la única manera de viajar en autobús es acostumbrándose a ser tratado cotidianamente como si uno fuera animal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Increíble, Moya, los conductores de esos autobuses seguramente han sido criminales patológicos desde su primera edad, se trata de criminales a sueldo convertidos en conductores de autobuses, me dijo Vega, se trata de tipos que sin ninguna duda fueron torturadores o masacradores durante la guerra civil y que ahora han sido reciclados como conductores de autobuses, desde el mismo momento en que uno logra entrar al autobús se da cuenta que ha puesto su vida en manos de un criminal que conduce a la mayor velocidad posible, que no respeta altos, ni semáforos en rojo, ni ninguna clase de señal regulador de tránsito, de un energúmeno cuyo único propósito es acabar con el mayor número de vidas en el menor tiempo posible, me dijo Vega. Es una experiencia aterradora, Moya, una experiencia no apta para cardíacos, nadie en su sano juicio podría viajar diariamente en autobús en esta ciudad, se necesita una permanente y sádica degradación del espíritu para poder viajar diariamente en autobús, se necesita una abyecta domesticación del alma para tolerar diariamente a esos criminales reciclados en conductores de autobús, te lo juro, Moya, por experiencia propia, yo realicé dos viajes en autobús, recién llegado a esta ciudad, y me bastó para comprender que semejante experiencia destrozaría mis nervios en un santiamén, me bastó para comprender el nivel de degradación a que es sometida cotidianamente la mayoría de la población de esta ciudad a manos de los criminales reciclados en conductores de autobuses, me dijo Vega. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vos, Moya, como tenés carro no sabés de lo que estoy hablando, seguramente nunca has tenido necesidad de viajar en un autobús, seguramente ni se te ocurriría subirte a un autobús, aun cuando tu carro esté averiado nunca se te ocurriría subirte a un autobús, preferirías pagar un taxi o le pedirías a algún amigo que te conduzca al lugar que querés ir. La gente en esta ciudad se divide entre los que tienen carro y los que viajan en autobús, ésta es la división más tajante, más radical, me dijo Vega, no importa tanto tu nivel de ingresos o la zona donde vivís, lo que importa es si tenés carro o viajás en autobús, Moya, una verdadera infamia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(...)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una estupidez, Moya, una tremenda estupidez, me dijo Vega, pero ellos no me creyeron cuando les dije que nada de aquello me interesaba, ellos pensaron que yo bromeaba cuando les repetía que no había tenido nostalgia de nada, y se las ingeniaron para llevarme a comer pupusas al Parque Balboa, ni más ni menos que a comer esas horribles tortillas grasosas rellenas de chicharrón que la gente llama pupusas, como si esas pupusas me produjeran a mí algo más que diarrea, como si yo pudiera disfrutar semejante comida grasosa y diarreica, como si a mí me gustara tener en la boca ese sabor verdaderamente asqueroso que tienen las pupusas, Moya, nada más grasoso y dañino que las pupusas, nada más sucio y perjudicial para el estómago que las pupusas, me dijo Vega. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo el hambre y la estupidez congénitas pueden explicar que a estos seres humanos les guste comer con semejante fruición algo tan repugnante como las pupusas, sólo el hambre y la ignorancia pueden explicar que estos sujetos consideren a las pupusas como su plato nacional, Moya, escuchame bien, nunca se te vaya a ocurrir criticar las pupusas, nunca se te vaya a ocurrir decir que se trata de una comida repugnante y dañina, te pueden matar, Moya, debés tomar en cuenta que decenas de miles de salvadoreños viven en Estados Unidos soñando con sus repugnantes pupusas, deseando tan ardientemente comer sus diarreicas pupusas que hasta cadenas de pupuserías existen en Los Angeles, me dijo Vega, y jamás olvidés que los cinco millones de salvadoreños que permanecen en El Salvador cenan religiosamente los domingos por la tarde su plato de repugnantes pupusas, esas tortilllas grasosas rellenas de chicharrón, esa cochina fritanga que les sirve como hostia para su comunión vespertina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hecho de que las pupusas sean el plato nacional de El Salvador demuestra que esta gente hasta el paladar tiene obtuso, Moya, sólo quien tenga el paladar atrofiado puede considerar que esas repugnantes tortillas grasosas rellenas de chicharrón sean algo comestible, me dijo Vega, y como yo tengo mi paladar sano me negué terminantemente a comer esas cochinadas, me negué de una manera tal que mi hermano de pronto comprendió que yo no estaba bromeando y que no iba a comer esas repugnantes pupusas, y quizás ése fue el primer altercado que tuvimos, porque en el mismo Parque Balboa comenzó a reprocharme mi ingratitud y lo que él llamó mi falta de patriotismo. Te podés imaginar, Moya, como si yo considerara el patriotismo un valor, como si no estuviera completamente seguro que el patriotismo es otra de esas estupideces inventadas por los políticos, en fin, como si el patriotismo tuviera que ver con esas repugnates tortillas grasosas rellenas de chicharrón que de haberlas comido hubieran destrozado mi intestino, hubieran agudizado aún más mi colitis nerviosa, me dijo Vega.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-909737180665826390?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/09/el-asco.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-7158306456931221787</guid><pubDate>Wed, 16 Sep 2009 16:32:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-09-16T09:34:23.681-07:00</atom:updated><title>DEL CUENTO BREVE Y SUS ALREDEDORES</title><description>&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Julio Cortázar&lt;/span&gt; (En Último round, 1969)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;León L. affirmait qu’il n’y avait qu'une chose de plus épouvantable que l’Epouvante: la journée normale, le quotidien, nous-mêmes sans le cadre forgé par l’Epouvante. —Dieu a créé la mort. Il a créé la vie. Soit, déclamait L.L. Mais ne dites pas que c’est Lui qui a également créé la “journée normale”, la “vie de-tous-les-jours”. Grande est mon impiété, soit. Mais devant cette calomnie, devant ce blasphème, elle recule.  &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;PIOTR RAWICZ, Le sang du ciel&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;ALGUNA VEZ HORACIO Quiroga intentó un “decálogo del perfecto cuentista”, cuyo mero título vale ya como una guiñada de ojo al lector. Si nueve de los preceptos son considerablemente prescindibles, el último me parece de una lucidez impecable: “Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        La noción de pequeño ambiente da su sentido más hondo al consejo, al definir la forma cerrada del cuento, lo que ya en otra ocasión he llamado su esfericidad; pero a esa noción se suma otra igualmente significativa, la de que el narrador pudo haber sido uno de los personajes, es decir que la situación narrativa en sí debe nacer y darse dentro de la esfera, trabajando del interior hacia el exterior, sin que los límites del relato se vean trazados como quien modela una esfera de arcilla. Dicho de otro modo, el sentimiento de la esfera debe preexistir de alguna manera al acto de escribir el cuento, como si el narrador, sometido por la forma que asume, se moviera implícitamente en ella y la llevara a su extrema tensión, lo que hace precisamente la perfección de la forma esférica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Estoy hablando del cuento contemporáneo, digamos el que nace con Edgar Allan Poe, y que se propone como una máquina infalible destinada a cumplir su misión narrativa con la máxima economía de medios; precisamente, la diferencia entre el cuento y lo que los franceses llaman nouvelle y los anglosajones long short story se basa en esa implacable carrera contra el reloj que es un cuento plenamente logrado: basta pensar en “The Cask of Amontillado” “Bliss”, “Las ruinas circulares” y “The Killers”. Esto no quiere decir que cuentos más extensos no puedan ser igualmente perfectos, pero me parece obvio que las narraciones arquetípicas de los últimos cien años han nacido de una despiadada eliminación de todos los elementos privativos de la nouvelle y de la novela, los exordios, circunloquios, desarrollos y demás recursos narrativos; si un cuento largo de Henry James o de D. H. Lawrence puede ser considerado tan genial como aquéllos, preciso será convenir en que estos autores trabajaron con una apertura temática y lingüística que de alguna manera facilitaba su labor, mientras que lo siempre asombroso de los cuentos contra el reloj está en que potencian vertiginosamente un mínimo de elementos, probando que ciertas situaciones o terrenos narrativos privilegiados pueden traducirse en un relato de proyecciones tan vastas como la más elaborada de las nouvelles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Lo que sigue se basa parcialmente en experiencias personales cuya descripción mostrará quizá, digamos desde el exterior de la esfera, algunas de las constantes que gravitan en un cuento de este tipo. Vuelvo al hermano Quiroga para recordar que dice: “Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste ser uno”. La noción de ser uno de los personajes se traduce por lo general en el relato en primera persona, que nos sitúa de rondón en un plano interno. Hace muchos años, en Buenos Aires, Ana María Barrenechea me reprochó amistosamente un exceso en el uso de la primera persona, creo que con referencia a los relatos de “Las armas secretas”, aunque quizá se trataba de los de “Final del juego”. Cuando le señalé que había varios en tercera persona, insistió en que no era así y tuve que probárselo libro en mano. Llegamos a la hipótesis de que quizá la tercera actuaba como una primera persona disfrazada, y que por eso la memoria tendía a homogeneizar monótonamente la serie de relatos del libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        En ese momento, o más tarde, encontré una suerte de explicación por la vía contraria, sabiendo que cuando escribo un cuento busco instintivamente que sea de alguna manera ajeno a mí en tanto demiurgo, que eche a vivir con una vida independiente, y que el lector tenga o pueda tener la sensación de que en cierto modo está leyendo algo que ha nacido por sí mismo, en sí mismo y hasta de sí mismo, en todo caso con la mediación pero jamás la presencia manifiesta del demiurgo. Recordé que siempre me han irritado los relatos donde los personajes tienen que quedarse como al margen mientras el narrador explica por su cuenta (aunque esa cuenta sea la mera explicación y no suponga interferencia demiúrgica) detalles o pasos de una situación a otra. El signo de un gran cuento me lo da eso que podríamos llamar su autarquía, el hecho de que el relato se ha desprendido del autor como una pompa de jabón de la pipa de yeso. Aunque parezca paradójico, la narración en primera persona constituye la más fácil y quizá mejor solución del problema, porque narración y acción son ahí una y la misma cosa. Incluso cuando se habla de terceros, quien lo hace es parte de la acción, está en la burbuja y no en la pipa. Quizá por eso, en mis relatos en tercera persona, he procurado casi siempre no salirme de una narración strictu senso, sin esas tomas de distancia que equivalen a un juicio sobre lo que está pasando. Me parece una vanidad querer intervenir en un cuento con algo más que con el cuento en sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Esto lleva necesariamente a la cuestión de la técnica narrativa, entendiendo por esto el especial enlace en que se sitúan el narrador y lo narrado. Personalmente ese enlace se me ha dado siempre como una polarización, es decir que si existe el obvio puente de un lenguaje yendo de una voluntad de expresión a la expresión misma, a la vez ese puente me separa, como escritor, del cuento como cosa escrita, al punto que el relato queda siempre, con la última palabra, en la orilla opuesta. Un verso admirable de Pablo Neruda: Mis criaturas nacen de un largo rechazo, me parece la mejor definición de un proceso en el que escribir es de alguna manera exorcizar, rechazar criaturas invasoras proyectándolas a una condición que paradójicamente les da existencia universal a la vez que las sitúa en el otro extremo del puente, donde ya no está el narrador que ha soltado la burbuja de su pipa de yeso. Quizá sea exagerado afirmar que todo cuento breve plenamente logrado, y en especial los cuentos fantásticos, son productos neuróticos, pesadillas o alucinaciones neutralizadas mediante la objetivación y el traslado a un medio exterior al terreno neurótico; de todas maneras, en cualquier cuento breve memorable se percibe esa polarización, como si el autor hubiera querido desprenderse lo antes posible y de la manera más absoluta de su criatura, exorcizándola en la única forma en que le era dado hacerlo: escribiéndola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Este rasgo común no se lograría sin las condiciones y la atmósfera que acompañan el exorcismo. Pretender liberarse de criaturas obsesionantes a base de mera técnica narrativa puede quizá dar un cuento, pero al faltar la polarización esencial, el rechazo catártico, el resultado literario será precisamente eso, literario; al cuento le faltará la atmósfera que ningún análisis estilístico lograría explicar, el aura que pervive en el relato y poseerá al lector como había poseído, en el otro extremo del puente, al autor. Un cuentista eficaz puede escribir relatos literariamente válidos, pero si alguna vez ha pasado por la experiencia de librarse de un cuento como quien se quita de encima una alimaña, sabrá de la diferencia que hay entre posesión y cocina literaria, y a su vez un buen lector de cuentos distinguirá infaliblemente entre lo que viene de un territorio indefinible y ominoso, y el producto de un mero métier. Quizá el rasgo diferencial más penetrante —lo he señalado ya en otra parte— sea la tensión interna de la trama narrativa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De una manera que ninguna técnica podría enseñar o proveer, el gran cuento breve condensa la obsesión de la alimaña, es una presencia alucinante que se instala desde las primeras frases para fascinar al lector, hacerle perder contacto con la desvaída realidad que lo rodea, arrasarlo a una sumersión más intensa y avasalladora. De un cuento así se sale como de un acto de amor, agotado y fuera del mundo circundante, al que se vuelve poco a poco con una mirada de sorpresa, de lento reconocimiento, muchas veces de alivio y tantas otras de resignación. El hombre que escribió ese cuento pasó por una experiencia todavía más extenuante, porque de su capacidad de transvasar la obsesión dependía el regreso a condiciones más tolerables; y la tensión del cuento nació de esa eliminación fulgurante de ideas intermedias, de etapas preparatorias, de toda la retórica literaria deliberada, puesto que había en juego una operación en alguna medida fatal que no toleraba pérdida de tiempo; estaba allí, y sólo de un manotazo podía arrancársela del cuello o de la cara. En todo caso así me tocó escribir muchos de mis cuentos; incluso en algunos relativamente largos, como Las armas secretas, la angustia omnipresente a lo largo de todo un día me obligó a trabajar empecinadamente hasta terminar el relato y sólo entonces, sin cuidarme de releerlo, bajar a la calle y caminar por mí mismo, sin ser ya Pierre, sin ser ya Michèle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Esto permite sostener que cierta gama de cuentos nace de un estado de trance, anormal para los cánones de la normalidad al uso, y que el autor los escribe mientras está en lo que los franceses llaman un “état second”. Que Poe haya logrado sus mejores relatos en ese estado (paradójicamente reservaba la frialdad racional para la poesía, por lo menos en la intención) lo prueba más acá de toda evidencia testimonial el efecto traumático, contagioso y para algunos diabólico de The Tell-tale Heart o de Berenice. No faltará quien estime que exagero esta noción de un estado ex-orbitado como el único terreno donde puede nacer un gran cuento breve; haré notar que me refiero a relatos donde el tema mismo contiene la “anormalidad”, como los citados de Poe, y que me baso en mi propia experiencia toda vez que me vi obligado a escribir un cuento para evitar algo mucho peor. ¿Cómo describir la atmósfera que antecede y envuelve el acto de escribirlo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si Poe hubiera tenido ocasión de hablar de eso, estas páginas no serían intentadas, pero él calló ese círculo de su infierno y se limitó a convertirlo en The Black Cat o en Ligeia. No sé de otros testimonios que puedan ayudar a comprender el proceso desencadenante y condicionante de un cuento breve digno de recuerdo; apelo entonces a mi propia situación de cuentista y veo a un hombre relativamente feliz y cotidiano, envuelto en las mismas pequeñeces y dentistas de todo habitante de una gran ciudad, que lee el periódico y se enamora y va al teatro y que de pronto, instantáneamente, en un viaje en el subte, en un café, en un sueño, en la oficina mientras revisa una traducción sospechosa acerca del analfabetismo en Tanzania, deja de ser él-y-su-circunstancia y sin razón alguna, sin preaviso, sin el aura de los epilépticos, sin la crispación que precede a las grandes jaquecas, sin nada que le dé tiempo a apretar los dientes y a respirar hondo, es un cuento, una masa informe sin palabras ni caras ni principio ni fin pero ya un cuento, algo que solamente puede ser un cuento y además en seguida, inmediatamente, Tanzania puede irse al demonio porque este hombre meterá una hoja de papel en la máquina y empezará a escribir aunque sus jefes y las Naciones Unidas en pleno le caigan por las orejas, aunque su mujer lo llame porque se está enfriando la sopa, aunque ocurran cosas tremendas en el mundo y haya que escuchar las informaciones radiales o bañarse o telefonear a los amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acuerdo de una cita curiosa, creo que de Roger Fry; un niño precozmente dotado para el dibujo explicaba su método de composición diciendo: First I think and then I draw a line round my think (sic). En el caso de estos cuentos sucede exactamente lo contrario: la línea verbal que los dibujará arranca sin ningún “think” previo, hay como un enorme coágulo, un bloque total que ya es el cuento, eso es clarísimo aunque nada pueda parecer más oscuro, y precisamente ahí reside esa especie de analogía onírica de signo inverso que hay en la composición de tales cuentos, puesto que todos hemos soñado cosas meridianamente claras que, una vez despiertos, eran un coágulo informe, una masa sin sentido. ¿Se sueña despierto al escribir un cuento breve? Los límites del sueño y la vigilia, ya se sabe: basta preguntarle al filósofo chino o a la mariposa. De todas maneras si la analogía es evidente, la relación es de signo inverso por lo menos en mi caso, puesto que arranco del bloque informe y escribo algo que sólo entonces se convierte en un cuento coherente y válido per se. La memoria, traumatizada sin duda por una experiencia vertiginosa, guarda en detalle las sensaciones de esos momentos, y me permite racionalizarlos aquí en la medida de lo posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay la masa que es el cuento (¿pero qué cuento? No lo sé y lo sé, todo está visto por algo mío que no es mi conciencia pero que vale más que ella en esa hora fuera del tiempo y la razón), hay la angustia y la ansiedad y la maravilla, porque también las sensaciones y los sentimientos se contradicen en esos momentos, escribir un cuento así es simultáneamente terrible y maravilloso, hay una desesperación exaltante, una exaltación desesperada; es ahora o nunca, y el temor de que pueda ser nunca exacerba el ahora, lo vuelve máquina de escribir corriendo a todo teclado, olvido de la circunstancia, abolición de lo circundante. Y entonces la masa negra se aclara a medida que se avanza, increíblemente las cosas son de una extrema facilidad como si el cuento ya estuviera escrito con una tinta simpática y uno le pasara por encima el pincelito que lo despierta. Escribir un cuento así no da ningún trabajo, absolutamente ninguno; todo ha ocurrido antes y ese antes, que aconteció en un plano donde “la sinfonía se agita en la profundidad”, para decirlo con Rimbaud, es el que ha provocado la obsesión, el coágulo abominable que había que arrancarse a tirones de palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por eso, porque todo está decidido en una región que diurnamente me es ajena, ni siquiera el remate del cuento presenta problemas, sé que puedo escribir sin detenerme, viendo presentarse y sucederse los episodios, y que el desenlace está tan incluido en el coágulo inicial como el punto de partida. Me acuerdo de la mañana en que me cayó encima Una flor amarilla: el bloque amorfo era la noción del hombre que encuentra a un niño que se le parece y tiene la deslumbradora intuición de que somos inmortales. Escribí las primeras escenas sin la menor vacilación, pero no sabía lo que iba a ocurrir, ignoraba el desenlace de la historia. Si en ese momento alguien me hubiera interrumpido para decirme: “Al final el protagonista va a envenenar a Luc”, me hubiera quedado estupefacto. Al final el protagonista envenena a Luc, pero eso llegó como todo lo anterior, como una madeja que se desovilla a medida que tiramos; la verdad es que en mis cuentos no hay el menor mérito literario, el menor esfuerzo. Si algunos se salvan del olvido es porque he sido capaz de recibir y transmitir sin demasiadas pérdidas esas latencias de una psiquis profunda, y el resto es una cierta veteranía para no falsear el misterio, conservarlo lo más cerca posible de su fuente, con su temblor original, su balbuceo arquetípico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Lo que precede habrá puesto en la pista al lector: no hay diferencia genética entre este tipo de cuentos y la poesía como la entendemos a partir de Baudelaire. Pero si el acto poético me parece una suerte de magia de seguno grado, tentativa de posesión ontológica y no ya física como en la magia propiamente dicha, el cuento no tiene intenciones esenciales, no indaga ni transmite un conocimiento o un “mensaje”. El génesis del cuento y del poema es sin embargo el mismo, nace de un repentino extrañamiento, de un desplazarse que altera el régimen “normal” de la conciencia; en un tiempo en que las etiquetas y los géneros ceden a una estrepitosa bancarrota, no es inútil insistir en esta afinidad que muchos encontrarán fantasiosa. Mi experiencia me dice que, de alguna manera, un cuento breve como los que he tratado de caracterizar no tiene una estructura de prosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que me ha tocado revisar la traducción de uno de mis relatos (o intentar la de otros autores, como alguna vez con Poe) he sentido hasta qué punto la eficacia y el sentido del cuento dependían de esos valores que dan su carácter específico al poema y también al jazz: la tensión, el ritmo, la pulsación interna, lo imprevisto dentro de parámetros pre-vistos, esa libertad fatal que no admite alteración sin una pérdida irrestañable. Los cuentos de esta especie se incorporan como cicatrices indelebles a todo lector que los merezca: son criaturas vivientes, organismos completos, ciclos cerrados, y respiran. Ellos respiran, no el narrador, a semejanza de los poemas perdurables y a diferencia de toda prosa encaminada a transmitir la respiración del narrador, a comunicarla a manera de un teléfono de palabras. Y si se pregunta: Pero entonces, ¿no hay comunicación entre el poeta (el cuentista) y el lector?, la respuesta es obvia: La comunicación se opera desde el poema o el cuento, no por medio de ellos. Y esa comunicación no es la que intenta el prosista, de teléfono a teléfono; el poeta y el narrador urden criaturas autónomas, objetos de conducta imprevisible, y sus consecuencias ocasionales en los lectores no se diferencian esencialmente de las que tienen para el autor, primer sorprendido de su creación, lector azorado de sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Breve coda sobre los cuentos fantásticos. Primera observación: lo fantástico como nostalgia. Toda suspensión of disbelief obra como una tregua en el seco, implacable asedio que el determinismo hace al hombre. En esa tregua, la nostalgia introduce una variante en la afirmación de Ortega: hay hombres que en algún momento cesan de ser ellos y su circunstancia, hay una hora en la que se anhela ser uno mismo y lo inesperado, uno mismo y el momento en que la puerta que antes y después da al zaguán se entorna lentamente para dejarnos ver el prado donde relincha el unicornio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Segunda observación: lo fantástico exige un desarrollo temporal ordinario. Su irrupción altera instantáneamente el presente, pero la puerta que da al zaguán ha sido y será la misma en el pasado y el futuro. Sólo la alteración momentánea dentro de la regularidad delata lo fantástico, pero es necesario que lo excepcional pase a ser también la regla sin desplazar las estructuras ordinarias entre las cuales se ha insertado. Descubrir en una nube el perfil de Beethoven sería inquietante si durara diez segundos antes de deshilacharse y volverse fragata o paloma; su carácter fantástico sólo se afirmaría en caso de que el perfil de Beethoven siguiera allí mientras el resto de la nubes se conduce con su desintencionado desorden sempiterno. En la mala literatura fantástica, los perfiles sobrenaturales suelen introducirse como cuñas instantáneas y efímeras en la sólida masa de lo consuetudinario; así, una señora que se ha ganado el odio minucioso del lector, es meritoriamente estrangulada a último minuto gracias a una mano fantasmal que entra por la chimenea y se va por la ventana sin mayores rodeos, aparte de que en esos casos el autor se cree obligado a proveer una “explicación” a base de antepasados vengativos o maleficios malayos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agrego que la peor literatura de este género es sin embargo la que opta por el procedimiento inverso, es decir el desplazamiento de lo temporal ordinario por una especie de “full-time” de lo fantástico, invadiendo la casi totalidad del escenario con gran despliegue de cotillón sobrenatural, como en el socorrido modelo de la casa encantada donde todo rezuma manifestaciones insólitas, desde que el protagonista hace sonar el aldabón de las primeras frases hasta la ventana de la bohardilla donde culmina espasmódicamente el relato. En los dos extremos (insuficiente instalación en la circunstancia ordinaria, y rechazo casi total de esta última) se peca por impermeabilidad, se trabaja con materias heterogéneas momentáneamente vinculadas pero en las que no hay ósmosis, articulación convincente. El buen lector siente que nada tienen que hacer allí esa mano estranguladora ni ese caballero que de resultas de una apuesta se instala para pasar la noche en una tétrica morada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este tipo de cuentos que abruma las antologías del género recuerda la receta de Edward Lear para fabricar un pastel cuyo glorioso nombre he olvidado: Se toma un cerdo, se lo ata a una estaca y se le pega violentamente, mientras por otra parte se prepara con diversos ingredientes una masa cuya cocción sólo se interrumpe para seguir apaleando al cerdo. Si al cabo de tres días no se ha logrado que la masa y el cerdo formen un todo homogéneo, puede considerarse que el pastel es un fracaso, por lo cual se soltará al cerdo y se tirará la masa a la basura. Que es precisamente lo que hacemos con los cuentos donde no hay ósmosis, donde lo fantástico y lo habitual se yuxtaponen sin que nazca el pastel que esperábamos saborear estremecidamente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-7158306456931221787?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/09/del-cuento-breve-y-sus-alrededores.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-6469765631072028200</guid><pubDate>Wed, 16 Sep 2009 16:31:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-09-16T09:32:14.929-07:00</atom:updated><title>ALGUNOS ASPECTOS DEL CUENTO</title><description>&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Julio Cortázar &lt;/span&gt;(*)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ME ENCUENTRO HOY ante ustedes en una situación bastante paradójica. Un cuentista argentino se dispone a cambiar ideas acerca del cuento sin que sus oyentes y sus interlocutores, salvo algunas excepciones, conozcan nada de su obra. El aislamiento cultural que sigue perjudicando a nuestros países, sumado a la injusta incomunicación a que se ve sometida Cuba en la actualidad, han determinado que mis libros, que son ya unos cuantos, no hayan llegado más que por excepción a manos de lectores tan dispuestos y tan entusiastas como ustedes. Lo malo de esto no es tanto que ustedes no hayan tenido oportunidad de juzgar mis cuentos, sino que yo me siento un poco como un fantasma que viene a hablarles sin esta relativa tranquilidad que da siem¬pre el saberse precedido por la labor cumplida a lo largo de los años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esto de sentirse como un fantasma debe ser ya perceptible en mi, porque hace unos días una señora argentina me é aseguró en el hotel Riviera que yo no era julio Cortázar, y ante mi estupefacción agregó que el auténtico Julio Cortázar es un señor de cabellos blancos, muy amigo de un pariente suyo, y que no se ha movido nunca de Buenos Aires. Como yo hace doce' años que resido en París, comprenderán ustedes que mi calidad espectral se ha intensificado notablemente después de esta revelación. Si de golpe desaparezco en mitad de una frase, no me sorprenderé demasiado; y a lo mejor salimos todos ganando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Se afirma que el deseo más ardiente de un fantasma es recobrar por lo menos un asomo de corporeidad, algo tangible que lo devuelva por un momento a su vida de carne y hueso. Para lograr un poco de tangibilidad ante ustedes, voy a decir en pocas palabras cuál es la dirección y el sentido de mis cuentos. No lo hago por mero placer informativo, porque ninguna reseña teórica puede sustituir la obra en sí; mis razones son más importantes que ésa.Puesto que voy a ocuparme de algunos aspectos del cuento como género literario, y es posible que algunas de mis ideas sorprendan o choquen a quienes las lean, me parece de una elemental honradez definir el tipo de narración que me interesa, señalando mi especial manera de entender el mundo. Casi todos los cuentos que he escrito pertenecen al género llamado fantástico por falta de mejor nombre, y se oponen a ese falso realismo que consiste en creer que todas las cosas pueden describirse y explicarse como lo daba por sentado el optimismo filosófico y científico del siglo XVIII, es decir, dentro de un mundo regido más o menos armoniosamente por un sistema de leyes, de principios, de relaciones de causa y efecto, de psicologías definidas, de geografía bien cartografiadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi caso, la sospecha de otro orden más secreto y menos comunicable, y el fecundo descubrimiento de Alfred Jarry, para quien el verdadero estudio de la realidad no residía en las leyes sino en las excepciones a esas leyes, han sido algunos de los principios orientadores de mi búsqueda personal de una literatura al margen de todo realismo demasiado ingenuo. Por eso, si en las ideas que siguen encuentran ustedes una predilección por todo lo que en el cuento es excepcional, trátese de los temas o incluso de las formas expresivas, creo que esta presentación de mi propia manera de entender el mundo explicará mi toma de posesión y mi enfoque del problema. En último extremo podrá decirse que solo he hablado del cuento tal y como yo lo practico. Y sin embargo, no creo que sea así. Tengo la certidumbre de que existen ciertas constantes, ciertos valores que se aplican a todos los cuentos, fantásticos o realistas, dramáticos o humorísticos. Y pienso que tal vez sea posible mostrar aquí esos elementos invariables que dan a un buen cuento su atmósfera peculiar y su calidad de obra de arte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        La oportunidad de cambiar ideas acerca del cuento me interesa por diversas razones. Vivo en un país —Francia— donde este género tiene poca vigencia, aunque en los últimos años se nota entre escritores y lectores un interés creciente por esa forma de expresión. De todos modos, mientras los críticos siguen acumulando teorías y manteniendo enconadas polémicas acerca de la novela, casi nadie se interesa por la problemática del cuento. Vivir como cuentista en un país donde esta forma expresiva es un producto casi exótico, obliga forzosamente a buscar en otras literaturas el alimento que allí falta. Poco a poco, en sus textos originales o mediante traducciones, uno va acumulando casi rencorosamente una enorme cantidad de cuentos del pasado y del presente, y llega el día en que puede hacer un balance, intentar una aproximación valorativa a ese género de tan difícil definición, tan huidizo en sus múltiples y antagónicos aspectos, y en última instancia tan secreto y replegado en sí mismo, caracol del lenguaje, hermano misterioso de la poesía en otra dimensión del tiempo literario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Pero además de ese alto en el camino que todo escritor debe hacer en algún momento de su labor, hablar del cuento tiene un interés especial para nosotros, puesto que casi todos los países americanos de lengua española le están dando al cuento una importancia excepcional, que jamás había tenido en otros países latinos como Francia o España. Entre nosotros, como es natural en las literaturas jóvenes, la creación espontánea precede casi siempre al examen crítico, y está bien que así sea. Nadie puede pretender que los cuentos solo deban escribirse luego de conocer sus leyes. En primer lugar, no hay tales leyes; a lo sumo cabe hablar de puntos de vista, de ciertas constantes que dan una estructura a ese género tan poco incasillable; en segundo lugar los teóricos y los críticos no tienen por qué ser los cuentistas mismos, y es natural que aquellos solo entren en escena cuando exista ya un acervo, un acopio de literatura que permita indagar y esclarecer su desarrollo y sus cualidades. En América, tanto en Cuba como en Méjico o Chile o Argentina, una gran cantidad de cuentistas trabaja desde comienzos de siglo, sin conocerse entre sí, descubriéndose aveces de manera casi póstuma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frente a ese panorama sin coherencia suficiente, en el que pocos conocen a fondo la labor de los demás, creo que es útil hablar del cuento por encima de las particularidades nacionales e internacionales, porque es un género que entre nosotros tiene una importancia y una vitalidad que crecen de día en día. Alguna vez se harán las antologías definitivas -como las hacen los países anglosajones, por ejemplo- y se sabrá hasta dónde hemos sido capaces de llegar. Por el momento no me parece inútil hablar del cuento en abstracto, como género literario. Si nos hacemos una idea convincente de esa forma de expresión literaria, ella podrá contribuir a establecer una escala de valores para esa antología ideal que está por hacerse. Hay demasiada confusión, demasiados malentendidos en este terreno. Mientras los cuentistas siguen adelante su tarea, ya es tiempo de hablar de esa tarea en sí misma, al margen de las personas y de las nacionalidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es preciso llegar a tener una idea viva de lo que es el cuento, y eso es siempre difícil en la medida en que las ideas tienden a lo abstracto, a desvitalizar su contenido, mientras que a su vez la vida rechaza angustiada ese lazo que quiere echarle la conceptualización para fijarla y categorizarla. Pero si no tenemos una idea viva de lo que es el cuento habremos perdido el tiempo, porque un cuento, en última instancia, se mueve en ese plano del hombre donde la vida y la expresión escrita de esa vida libran una batalla fraternal, si se me permite el término; y el resultado de esa batalla es el cuento mismo, una síntesis viviente a la vez que una vida sintetizada, algo así como un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad en una permanencia. Solo con imágenes se puede trasmitir esa alquimia secreta que explica la profunda resonancia que un gran cuento tiene entre nosotros, y que explica también por qué hay muchos cuentos verdaderamente grandes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Para entender el carácter peculiar del cuento se le suele comparara con la novela, género mucho más popular y sobre le cual abundan las preceptivas. Se señala, por ejemplo, que la novela se desarrolla en el papel, y por lo tanto en el tiempo de la lectura, sin otro límite que el agotamiento de la materia novelada; por su parte, el cuento parte de la noción de límite, y en primer término de límite físico, al punto que en Francia, cuando un cuento excede las veinte páginas, toma ya el nombre de nouvelle, género a caballo entre el cuento y la novela propiamente dicha. En ese sentido, al novela y el cuento se dejan comparar analógicamente con el cine y la fotografía, en la medida en que una película es en principio un “orden abierto”, novelesco, mientras que una fotografía lograda presupone una ceñida limitación previa, impuesta en parte por el reducido campo que abarca la cámara y por la forma en que el fotógrafo utiliza estéticamente esa limitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si ustedes han oído hablar de su arte a un fotógrafo profesional; a mí siempre me ha sorprendido el que se exprese tal como podría hacerlo un cuentista en muchos aspectos. Fotógrafos de la calidad de un Cartier-Bresson o de un Brasai definen su arte como una aparente paradoja: la de recortar un fragmento de la realidad, fijándolo determinados límites, pero de manera tal que ese recorte actúe como una explosión que abre de par en par una realidad mucho más amplia, como una visión dinámica que trasciende espiritualmente el campo abarcado por la cámara. Mientras en el cine, como en la novela, la captación de esa realidad más amplia y multiforme se logra mediante el desarrollo de elementos parciales, acumulativos, que no excluyen, por supuesto, una síntesis que dé el “clímax” de la obra, en una fotografía o en un cuento de gran calidad se procede inversamente, es decir que el fotógrafo o el cuentista se ven precisados a escoger y limitar una imagen o un acaecimiento que sean significativos, que no solamente valgan por sí mismos, sino que sean capaces de actuar en el espectador o en el lector como una especie de apertura, de fermento que proyecta la inteligencia y la sensibilidad hacia algo que va mucha más allá de la anécdota visual o literaria contenidas en la foto o en el cuento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un escritor argentino, muy amigo del boxeo, me decía que en ese combate que se entabla entre un texto apasionante y su lector, la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out. Es cierto, en la medida en que la novela acumula progresivamente sus efectos en el lector, mientras que un buen cuento es incisivo, mordiente, sin cuartel desde las primeras frases. No se entienda esto demasiado literalmente, porque el buen cuentista es un boxeador muy astuto, y muchos de sus golpes iniciales pueden parecer poco eficaces cuando, en realidad, están minando ya las resistencias más sólidas del adversario. Tomen ustedes cualquier gran cuento que prefieran, y analicen su primera página. Me sorprendería que encontraran elementos gratuitos, meramente decorativos. El cuentista sabe que no puede proceder acumulativamente, que no tiene por aliado al tiempo; su único recurso es trabajar en profundidad, verticalmente, sea hacia arriba o hacia abajo del espacio literario. Y esto, que así expresado parece una metáfora, expresa sin embargo lo esencial del método.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo del cuento y el espacio del cuento tienen que estar como condenados, sometidos a una alta presión espiritual y formal para provocar esa “apertura” a que me refería antes. Basta preguntarse por qué un determinado cuento es malo. No es malo por el tema, porque en literatura no hay temas buenos ni temas malos, solamente hay un buen o un mal tratamiento del tema. Tampoco es malo porque los personajes carecen de interés, ya que hasta una piedra es interesante cuando de ella se ocupan un Henry James o un Franz Kafka. Un cuento es malo cuando se lo escribe sin esa tensión que debe manifestarse desde las primeras palabras o las primeras escenas. Y así podemos adelantar ya que las nociones de significación, de intensidad y de tensión han de permitirnos, como se verá, acercarnos mejor a la estructura misma del cuento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Decíamos que el cuentista trabaja con un material que calificamos de significativo. El elemento significativo del cuento parecería residir principalmente en su tema, en el hecho de escoger un acaecimiento real o fingido que posea esa misteriosa propiedad de irradiar algo más allá de sí mismo, al punto que un vulgar episodio doméstico, como ocurre en tantos admirables relatos de una Katherine Mansfield o un Sherwood Anderson, se convierta en el resumen implacable de una cierta condición humana, o en el símbolo quemante de un orden social o histórico. Un cuento es significativo cuando quiebra sus propios límites con esa explosión de energía espiritual que ilumina bruscamente algo que va mucho más allá de la pequeña y a veces miserable anécdota que cuenta. Pienso, por ejemplo, en el tema de la mayoría de los admirables relatos de Antón Chéjov. ¿Qué hay allí que no sea tristemente cotidiano, mediocre, muchas veces conformista o inútilmente rebelde?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que se cuenta en esos relatos es casi lo que de niños, en las aburridas tertulias que debíamos compartir con los mayores, escuchábamos contar a los abuelos o a las tías; la pequeña, insignificante crónica familiar de ambiciones frustradas, de modestos dramas locales, de angustias a la medida de una sala, de un piano, de un té con dulces. Y sin embargo, los cuentos de Katherine Mansfield, de Chéjov, son significativos, algo estalla en ellos mientras los leemos y nos proponen una especie de ruptura de lo cotidiano que va mucho más allá de la anécdota reseñada. Ustedes se han dado ya cuenta de que esa significación misteriosa no reside solamente en el tema del cuento, porque en verdad la mayoría de los malos cuentos que todos hemos leído contienen episodios similares a los que tratan los autores nombrados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La idea de significación no puede tener sentido si no la relacionamos con las de intensidad y de tensión, que ya no se refieren solamente al tema sino al tratamiento literario de ese tema, a la técnica empleada para desarrollar el tema. Y es aquí donde, bruscamente, se produce el deslinde entre el buen y el mal cuentista. Por eso habremos de detenernos con todo el cuidado posible en esta encrucijada, para tratar de entender un poco más esa extraña forma de vida que es un cuento logrado, y ver por qué está vivo mientras otros, que aparentemente se le parecen, no son más que tinta sobre papel, alimento para el olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Miremos la cosa desde el ángulo del cuentista y en este caso, obligadamente, desde mi propia versión del asunto. Un cuentista es un hombre que de pronto, rodeado de la inmensa algarabía del mundo, comprometido en mayor o en menor grado con la realidad histórica que lo contiene, escoge un determinado tema y hace con él un cuento. Este escoger un tema no tan es sencillo. A veces el cuentista escoge, y otras veces siente como si el tema se le impusiera irresistiblemente, lo empujara a escribirlo. En mi caso, la gran mayoría de mis cuentos fueron escritos —cómo decirlo— al margen de mi voluntad, por encima o por debajo de mi consciencia razonante, como si yo no fuera más que un médium por el cual pasaba y se manifestaba una fuerza ajena. Pero eso, que puede depender del temperamento de cada uno, no altera el hecho esencial, y es que en un momento dado hay tema, ya sea inventado o escogido voluntariamente, o extrañamente impuesto desde un plano donde nada es definible. Hay tema, repito, y ese tema va a volverse cuento. Antes que ello ocurra, ¿qué podemos decir del tema en sí? ¿Por qué ese tema y no otro? ¿Qué razones mueven consciente o inconscientemente al cuentista a escoger un determinado tema?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        A mí me parece que el tema del que saldrá un buen cuento es siempre excepcional, pero no quiero decir con esto que un tema deba de ser extraordinario, fuera de lo común, misterioso o insólito. Muy al contrario, puede tratarse de una anécdota perfectamente trivial y cotidiana. Lo excepcional reside en una cualidad parecida a la del imán; un buen tema atrae todo un sistema de relaciones conexas, coagula en el autor, y más tarde en el lector, una inmensa cantidad de nociones, entrevisiones, sentimientos y hasta ideas que flotan virtualmente en su memoria o su sensibilidad; un buen tema es como un sol, un astro en torno al cual gira un sistema planetario del que muchas veces no se tenía consciencia hasta que el cuentista, astrónomo de palabras, nos revela su existencia. O bien, para ser más modestos y más actuales a la vez, un buen tema tiene algo de sistema atómico, de núcleo en torno al cual giran los electrones; y todo eso, al fin y al cabo, ¿no es ya como una proposición de vida, una dinámica que nos insta a salir de nosotros mismos y a entrar en un sistema de relaciones más complejo y hermosos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas veces me he preguntado cuál es la virtud de ciertos cuentos inolvidables. En el momento los leímos junto con muchos otros, que incluso podían ser de los mismos autores. Y he aquí que los años han pasado, y hemos vivido y olvidado tanto. Pero esos pequeños, insignificantes cuentos, esos granos de arena en el inmenso mar de la literatura, siguen ahí, latiendo en nosotros. ¿No es verdad que cada uno tiene su colección de cuentos? Yo tengo la mía, y podría dar algunos nombres. Tengo William Wilson de Edgar A. Poe; tengo Bola de sebo de Guy de Maupassant. Los pequeños planetas giran y giran: ahí está Un recuerdo de Navidad de Truman Capote; Tlön, Uqbar, Orbis Tertius de Jorge Luis Borges; Un sueño realizado de Juan Carlos Onetti; La muerte de Iván Ilich, de Tolstoi; Cincuenta de los grandes, de Hemingway; Los soñadores, de Izak Dinesen, y así podría seguir y seguir... Ya habrán advertido ustedes que no todos esos cuentos son obligatoriamente de antología. ¿Por qué perduran en la memoria?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Piensen en los cuentos que no han podido olvidar y verán que todos ellos tienen la misma característica: son aglutinantes de una realidad infinitamente más basta que la de su mera anécdota, y por eso han influido en nosotros con una fuerza que no haría sospechar la modestia de su contenido aparente, la brevedad de su texto. Y ese hombre que en un determinado momento elige un tema y hace con él un cuento será un gran cuentista si su elección contiene -a veces sin que él lo sepa conscientemente- esa fabulosa apertura de lo pequeño hacia lo grande, de lo individual y circunscrito a la esencia misma de la condición humana. Todo cuento perdurable es como la semilla donde está durmiendo el árbol gigantesco. Ese árbol crecerá en nosotros, dará su sombra en nuestra memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Sin embargo, hay que aclarar mejor esta noción de temas significativos. Un mismo tema puede ser profundamente significativo para un escritor, y anodino para otro; un mismo tema despertará enormes resonancias en un lector, y dejará indiferente a otro. En suma, puede decirse que no hay temas absolutamente significativos o absolutamente insignificantes. Lo que hay es una alianza misteriosa y compleja entre cierto escritor y cierto tema en un momento dado, así como la misma alianza podrá darse luego entre ciertos cuentos y ciertos lectores. Por eso, cuando decimos que un tema es significativo, como en el caso de los cuentos de Chejov, esa significación se ve determinada en cierta medida por algo que está fuera del tema en sí, por algo que está antes y después del tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que está antes es el escritor, con su carga de valores humanos y literarios, con su voluntad de hacer una obra que tenga un sentido; lo que está después es el tratamiento literario del tema, la forma en que el cuentista, frente a su tema, lo ataca y sitúa verbalmente y estilísticamente, lo estructura en forma de cuento, y lo proyecta en último término hacia algo que excede el cuento mismo. Aquí me parece oportuno mencionar un hecho que me ocurre con frecuencia, y que otros cuentistas amigos conocen tan bien como yo. Es habitual que en el curso de una conversación, alguien cuente un episodio divertido o conmovedor o extraño, y que dirigiéndose luego al cuentista presente le diga: “Ahí tienes un tema formidable para un cuento; te lo regalo.” A mí me han reglado en esa forma montones de temas, y siempre he contestado amablemente: “Muchas gracias”, y jamás he escrito un cuento con ninguno de ellos. Sin embargo, cierta vez una amiga me contó distraídamente las aventuras de una criada suya en París.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras escuchaba su relato, sentí que eso podía llegar a ser un cuento. Para ella esos episodios no eran más que anécdotas curiosas; para mí, bruscamente, se cargaban de un sentido que iba mucho más allá de su simple y hasta vulgar contenido. Por eso, toda vez que me he preguntado: ¿Cómo distinguir entre un tema insignificante —por más divertido o emocionante que pueda ser—, y otro significativo?, he respondido que el escritor es el primero en sufrir ese efecto indefinible pero avasallador de ciertos temas, y que precisamente por eso es un escritor. Así como para Marcel Proust el sabor de una magdalena mojada en el té abría bruscamente un inmenso abanico de recuerdos aparentemente olvidados, de manera análoga el escritor reacciona ante ciertos temas en la misma forma en que su cuento, más tarde, hará reaccionar al lector. Todo cuento está así predeterminado por el aura, por la fascinación irresistible que el tema crea en su creador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Llegamos así al fin de esta primera etapa del nacimiento de un cuento, y tocamos el umbral de su creación propiamente dicha. He aquí al cuentista, que ha escogido un tema valiéndose de esas sutiles antenas que le permiten reconocer los elementos que luego habrán de convertirse en obra de arte. El cuentista está frente a su tema, frente a ese embrión que ya es vida, pero que no ha adquirido todavía su forma definitiva. Para él ese tema tiene sentido, tiene significación. Pero si todo se redujera a eso, de poco serviría; ahora, como último término del proceso, como juez implacable, está esperando el lector, el eslabón final del proceso creador, el cumplimiento o fracaso del ciclo. Y es entonces que el cuento tiene que nacer puente, tiene que nacer pasaje, tiene que dar el salto que proyecte la significación inicial, descubierta por el autor, a ese extremo más pasivo y menos vigilante y muchas veces hasta indiferente que se llama lector. Los cuentistas inexpertos suelen caer en la ilusión de imaginar que les basta escribir lisa y llanamente un tema que los ha conmovido, para conmover a su turno a los lectores. Incurren en la ingenuidad de aquel que encuentra bellísimo a su hijo, y da por supuesto que todos los demás lo ven igualmente bello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el tiempo, con los fracasos, el cuentista capaz de superar esa primera etapa ingenua, aprende que en la literatura no bastan las buenas intenciones. Descubre que para volver a crear en el lector esa conmoción que lo llevó a él a escribir el cuento, es necesario un oficio de escritor, y que ese oficio consiste, entre muchas otras cosas, en lograr ese clima propio de todo gran cuento, que obliga a seguir leyendo, que atrapa la atención, que aisla al lector de todo lo que lo rodea para después, terminado el cuento, volver a conectarlo con sus circuntancias de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa. Y la única forma en que puede conseguirse este secuestro momentáneo del lector es mediante un estilo basado en la intensidad y en la tensión, un estilo en el que los elementos formales y expresivos se ajusten, sin la menor concesión, a la índole del tema, le den su forma visual y auditiva más penetrante y original, lo vuelvan único, inolvidable, lo fijen para siempre en su tiempo y en su ambiente y en su sentido más primordial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que llamo intensidad en un cuento consiste en la eliminación de todas las ideas o situaciones intermedias, de todos los rellenos o fases de transición que la novela permite e incluso exige. Ninguno de ustedes habrá olvidado El barril de amontillado, de Edgar A. Poe. Lo extraordinario de este cuento es la brusca prescindencia de toda descripción de ambiente. A la tercera o cuarta frase estamos en el corazón del drama, asistiendo al cumplimiento implacable de una venganza. Los asesinos, de Hemingway, es otro ejemplo de intensidad obtenida mediante la eliminación de todo lo que no converja esencialmente al drama. Pero pensemos ahora en los cuentos de Joseph Conrad, de D. H. Lawrence, de Kafka. En ellos, con modalidades típicas de cada uno, la intensidad es de otro orden, y yo prefiero darle el nombre de tensión. Es una intensidad que se ejerce en al manera con que el autor nos va acercando lentamente a lo contado. Todavía estamos muy lejos de saber lo que va a ocurrir en el cuento, y sin embargo no podemos sustraernos a su atmósfera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el caso de El barril de amontillado y de Los asesinos, los hechos despojados de toda preparación saltan sobre nosotros y nos atrapan; en cambio, en un relato dmeorado y caudalosos de Henry James —La lección del maestro, por ejemplo— se siente de inmediato que los hechos en sí carecen de importancia, que todo está en las fuerzas que los desencadenaron, en la malla sutil que los precedió y los acompaña. Pero tanto la intensidad de la acción como la tensión interna del relato son el producto de lo que antes llamé el oficio de escritor, y es aquí donde nos vamos acercando al final de este paseo por el cuento. En mi país, y ahora en Cuba, he podido leer cuentos de los autores más variados: maduros o jóvenes, de la ciudad o del campo, entregados a la literatura por razones estéticas o por imperativos sociales del momento, comprometidos o no comprometidos. Pues bien, y aunque suene a perogrullada, tanto en la Argentina como aquí los buenos cuentos los están escribiendo quienes dominen el oficio en el sentido ya indicado. Un ejemplo argentino aclarará mejor esto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En nuestras provincias centrales y norteñas existe una larga tradición de cuentos orales, que los gauchos se transmiten de noche en torno al fogón, que los padres siguen contando a sus hijos, y que de golpe pasan por la pluma de un escritor regionalista y, en una abrumadora mayoría de casos, se convierten en pésimos cuentos. ¿Qué ha sucedido? Los relatos en sí son sabrosos, traducen y resumen la experiencia, el sentido del humor y el fatalismo del hombre de campo; algunos incluso se elevan a la dimensión trágica o poética. Cuando uno los escucha de boca de un viejo criollo, entre mate y mate, siente como una anulación del tiempo, y piensa que también los aedos griegos contaban así las hazañas de Aquiles para maravilla de pastores y viajeros. Pero en ese momento, cuando debería surgir un Homero que hiciese una Iliada o una Odisea de esa suma de tradiciones orales, en mi país surge un señor para quien la cultura de las ciudades es un signo de decadencia, para quien los cuentistas que todos amamos son estetas que escribieron para el mero deleite de clases sociales liquidadas, y ese señor entiende en cambio que para escribir un cuento lo único que hace falta es poner por escrito un relato tradicional, conservando todo lo posible el tono hablado, los giros campesinos, las incorrecciones gramaticales, eso que llaman el color local.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si esa manera de escribir cuentos populares se cultiva en Cuba; ojalá que no, porque en mi país no ha dado más que indigestos volúmenes que no interesan ni a los hombres de campo, que prefieren seguir escuchando los cuentos entre dos tragos, ni a los lectores de la ciudad, que estarán muy echados a perder pero que se tienen bien leidos a los clásicos del género. En cambio —y me refiero también a la Argentina— hemos tenido a escritores como un Roberto J. Payró, un Ricardo Güiraldes, un Horacio Quiroga y un Benito Lynch que, partiendo también de temas muchas veces tradicionales, escuchados de boca de viejos criollos como un Don Segundo Sombra, han sabido potenciar ese material y volverlo obra de arte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Quiroga, Güiraldes y Lynch conocian a fondo cl oficio de escritor, es decir que sólo aceptaban temas significativos, enrique¬cedores, así como Homero debió desechar montones de episodios bélicos y mágicos para no dejar más que aquellos que han llegado hasta nosotros gracias a su enorme fuerza mítica, a su resonan¬cia de arquetipos mentales, de hormonas psíquicas como llamaba Ortega y Gasset a los mitos. Quiroga, Güiraldes y Lynch eran escritores de dimensión universal, sin prejuicios localistas o étnicos o populistas; por eso, además de escoger cuidadosa¬mente los temas de sus relatos, los sometían a una forma líteraria, la única capaz de transmitir al lector todos sus valores, todo su fermento, toda su proyección en profundidad y en altura. Escri¬bían intensamente. No hay otra manera de que un cuento sea eficaz, haga blanco en el lector y se clave en su memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        El ejemplo que he dado puede ser de interés para Cuba. Es evidente que las posibilidades que la Revolución ofrece a un cuentista son casi infinitas. La ciudad, el campo, la lucha, el trabajo, los distintos tipos psicológicos, los conflictos de ideología y de carácter; y todo eso como exacerbado por el deseo que se ve en ustedes de actuar, de expresarse, de comunicarse como nunca habían podido hacerlo antes. Pero todo eso, ¿cómo ha de traducirse en grandes cuentos, en cuentos que lleguen al lector con la fuerza y la eficacia necesarias? Es aquí donde me gustaría aplicar concretamente lo que he dicho en un terreno más abstracto. El entusiasmo y la buena voluntad no bastan por sí solos, como tampoco basta el oficio de escritor por sí solo para escribir los cuentos que fijen literariamente (es decir, en la admiración colectiva, en la memoria de un pueblo) la grandeza de esta Revolución en marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí, más que en ninguna otra parte, se requiere hoy una fusión total de estas dos fuerzas, la del hombre plena¬mente comprometido con su realidad nacional y mundial, y la del escritor lúcidamente seguro de su oficio. En ese sentido no hay engaño posible. Por más veterano, por mas experto que sea un cuentista, si le falta una motivación entrañable, si sus cuentos no nacen de una profunda vivencia, su obra no irá más allá del mero ejercicio estético. Pero lo contrario será aún peor, porque de nada valen el fervor, la voluntad de comunicar un mensaje, si se carece ele los instrumentos expresivos, estilísticos, que hacen posible esta comunicación. En este momento estamos tocando el punto crucial de la cuestíón. Yo creo, y lo digo después de haber pesado largamente todos los elementos que entran en juego, que escribir para una revolución, que escribir dentro de una revolución, que escribir revolucionariamente, no significa, como creen muchos, escribir obligadamente acerca de la revolución misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por mi parte, creo que el escritor revolucionario es aquel en quien se fusionan indisolublemente la conciencia de su libre compromiso individual y colectivo, con esa otra so¬berana libertad cultural que confiere el pleno dominio de su oficio. Si ese escritor, responsable y lúcido, decide escribir literatura fantástica, o psicológica, o vuelta hacia el pasado, su acto es un acto de libertad dentro de la revolución, y por eso es también un acto revolucionario aunque sus cuentos no se ocupen de las formas individuales o colectivas que adopta la revolución. Contrariamente al estrecho criterio de muchos que confunden literatura con pedagogía, literatura con enseñanza, literatura con adoctrinamiento ideológico, un escritor revolucionario tiene todo el derecho de dirigirse a un lector mucho más complejo, mucho más exigente en materia espiritual de lo que imaginan los escritores y los críticos improvisados por las circunstancias y convencidos de que su mundo personal es el único mundo existente, de que las preocupaciones del momento son las únicas preocupaciones válidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Repitamos, aplicándola a lo que nos rodea en Cuba, la admirable frase de Hamlet a Horacio: “Hay muchas más cosas en el cielo y en la tierra de lo que supone tu filosofia...” Y pensemos que a un escritor no se le juzga solamente por el tema de sus cuentos o sus novelas, sino por su presencia viva en el seno de la colectividad, por el hecho de que el compromiso total de su persona es una garantía indes¬mentible de la verdad y de la necesidad de su obra, por más ajena que ésta pueda parecer a las circunstancias del momento. Esta obra no es ajena a la revolución porque no sea accesible a todo el mundo. Al contrario, prueba que existe un vasto sector de lectores potenciales que, en un cierto sentido, están mucho más separados que el escritor de las metas finales de la revolu¬ción, de esas metas de cultura, de libertad, de pleno goce de la condición humana que los cubanos se han fijado para admira¬ción de todos los que los aman y los comprenden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuanto más alto apunten los escritores que han nacido para eso, más altas serán las metas finales del pueblo al que pertenecen. ¡Cuidado con la fácil demagogia de exigir una literatura accesible a todo el mundo! Muchos de los que la apoyan no tienen otra razón para hacerlo que la de su evidente incapacidad para com¬prender una literatura de mayor alcance. Piden clamorosamente temas populares, sin sospechar que muchas veces el lector, por más sencillo que sea, distinguirá instintivamente entre un cuento popular mal escrito y un cuento más difícil y complejo pero que lo obligará a salir por un momento de su pequeño mundo circun¬dante y le mostrará otra cosa, sea lo que sea pero otra cosa, algo diferente. No tiene sentido hablar de temas populares a secas. Los cuentos sobre temas populares sólo serán buenos si se ajustan, como cualquier otro cuento, a esa exigente y difícil mecánica interna que hemos tratado de mostrar en la primera parte de esta charla. Hace años tuve la prueba de esta afirmación en la Argentina, en una rueda de hombres de campo a la que asistíamos unos cuantos escritores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien leyó un cuento basado en un episodio de nuestra guerra de independencia, escrito con una deliberada sencillez para ponerlo, como decía su autor, “al nivel del campesino”. El relato fue escuchado cortésmente, pero era fácil advertir que no había tocado fondo. Luego uno de nosotros leyó La pata de mono, el justamente famo¬so cuento de W. W. Jacobs. El interés, la emoción, el espanto, y finalmente el entusiasmo fueron extraordinarios. Recuerdo que pasamos el resto de la noche hablando de hechicería, de brujos, de venganzas diabólicas. Y estoy seguro de que el cuento de Jacobs sigue vivo en el recuerdo de esos gauchos analfabetos, mientras que el cuento supuestamente popular, fabricado para ellos, con su vocabulario, sus aparentes posibilidades intelectua¬les y sus intereses patrióticos, ha de estar tan olvidado como el escritor que lo fabricó. Yo he visto la emoción que entre la gente sencilla provoca una representación de Hamlet, obra difícil y sutil si las hay, y que sigue siendo tema de estudios eruditos y de infi¬nitas controversias. Es cierto que esa gente no puede comprender muchas cosas que apasionan a los especialistas en teatro isabelino. ¿Pero qué importa? Sólo su emoción importa, su maravilla y su transporte frente a la tragedia del joven príncipe danés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que prueba que Shakespeare escribía verdaderamente para el pueblo, en la medida en que su tema era profundamente significativo para cualquiera -en diferentes planos, sí, pero alcanzando un poco a cada uno- y que el tratamiento teatral de ese tema tenía la in¬tensidad propia de los grandes escritores, y gracias a la cual se quiebran las barreras intelectuales aparentemente más rígidas, y los hombres se reconocen y fraternizan en un plano que está más allá o más acá de la cultura. Por supuesto, sería ingenuo creer que toda gran obra puede ser comprendida y admirada por las gentes sencillas; no es así, y no puede serlo. Pero la admi¬ración que provocan las tragedias griegas o las de Shakespeare, el interés apasionado que despiertan muchos cuentos y novelas nada sencillos ni accesibles, debería hacer sospechar a los parti¬darios del mal llamado “arte popular” que su noción del pueblo es parcial, injusta, y en último término peligrosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se le hace ningún favor al pueblo si se le propone una literatura que pueda asimilar sin esfuerzo, pasivamente, como quien va al cine a ver películas de cowboys. Lo que hay que hacer es educarlo, y eso es en una primera etapa tarea pedagógica y no literaria. Para mí ha sido una experiencia reconfortable ver cómo en Cuba los escritores que más admiro participan en la revolución dando lo mejor de si mismos, sin cercenar una parte de sus posibili- dades en aras de un supuesto arte popular que no será útil a nadie. Un día Cuba contará con un acervo de cuentos y de no¬velas que contendrá transmutada al plano estético, eternizada en la dimensión intemporal del arte, su gesta revolucionaria de hoy. Pero esas obras no habrán sido escritas por obligación, por con¬signas de la hora. Sus temas nacerán cuando sea el momento, cuando el escritor sienta que debe plasmarlos en cuentos o novelas o piezas de teatro o poemas. Sus temas contendrán un mensaje auténtico y hondo, porque no habrán sido escogidos por un imperativo de carácter didáctico o proselitista, sino por una irresistible fuerza que se impondrá al autor, y que éste, apelando a todos los recursos de su arte y de su técnica, sin sacrificar nada ni a nadie, habrá de transmitir al lector como se transmiten ras cosas fundamentales: de sangre a sangre, de mano a mano, de hombre a hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(*) Originalmente publicado en Diez años de la revista “Casa de las Américas”, nº 60, julio 1970, La Habana.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-6469765631072028200?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/09/algunos-aspectos-del-cuento.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-6790065533035262807</guid><pubDate>Tue, 15 Sep 2009 17:59:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-09-15T11:00:04.459-07:00</atom:updated><title>LA MÁQUINA DE FABRICAR HISTORIAS Y FORMATEAR LAS MENTES</title><description>&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;“Storytelling” de Christian Salmon&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;(elcultural.es)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Entramos en una era en la que, debido a la proliferación de canales de comunicación y a la portabilidad de las nuevas tecnologías informáticas y de telecomunicaciones, los medios se están convirtiendo en algo omnipresente. El desarrollo de los teléfonos móviles constituye un excelente ejemplo. No son sólo aparatos de telecomunicaciones. Permiten jugar, bajar información de Internet, hacer y enviar fotografías o mensajes de texto, incluso ver tráilers de nuevas películas, bajar entregas de relatos o contemplar la retransmisión de conciertos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al tiempo que la comunicación se extiende, se está produciendo un interesante cambio en el contenido y la propiedad de los medios, como ha señalado con acierto Henry Jenkins en Convergence Culture. El viejo Hollywood se centraba en el cine, pero desde hace unos años los nuevos conglomerados mediáticos tienen participaciones mayoritarias en toda la industria del entretenimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Warner Bros., por poner un ejemplo, produce películas, televisión, música, juegos de ordenador, sitios web, juguetes, visitas a parques de atracciones, libros, periódicos, revistas y cómics. Asistimos así a una expansión tecnológica de la comunicación a la vez que los medios se diversifican en su oferta y su propiedad se concentra en gigantescos conglomerados. Por si ello fuera poco, esta transformación se acompaña de un profundo cambio en nuestra manera de consumir los medios. Ahora se consumen mezclando polivalencia, multiparticipación e interactividad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christian Salmon ha escrito Storytelling con este horizonte en su cabeza. Multiplicación de productos comunicativos, abaratamiento de los costes de producción y distribución, mayor protagonismo del consumidor y una alarmante concentración de la propiedad de unos medios que en gran medida son transnacionales y dominan todos los sectores de la industria de la comunicación y del entretenimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre este panorama de fondo, la preocupación de Salmon va más allá. Lo que inquieta a este miembro del prestigioso Centro de Investigaciones sobre las Artes y el Lenguaje (CNRS) es la utilización y el aprovechamiento malintencionados que desde el poder se hace de la situación. Porque la fuerza, extensión y variedad del bombardeo comunicativo, unido a la falacia de un consumidor que, como participa e interacciona, se autoconvence de que controla su entorno mediático, proporcionan las condiciones para que aparezca una nueva forma de manipulación del individuo y de las masas que se denomina storytelling.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El storytelling o “arte de contar historias” surge en Estados Unidos en los años 90 y desde entonces su uso no ha hecho sino aumentar en el mundo de la comunicación y en el de la política. Considerado durante tiempo como una forma de comunicación destinada a los niños, el storytelling resurge, adaptado a los nuevos tiempos, como un instrumento de persuasión y propaganda en manos de quien dispone del poder para ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En opinión de Salmon, el storytelling es una forma de discurso que se ha impuesto en Estados Unidos permeando todos los sectores de la sociedad más allá de la política, la cultura o el consumo. La capacidad centrífuga de todo lo norteamericano habría convertido el storytelling en un fenómeno internacional gracias a unas élites que en todo el planeta comparten la visión estadounidense del mundo. Salmon apoya su argumentación analizando las pautas de consumo de grandes marcas mundiales. Analiza sus estrategias narrativas como nuevas formas de movilización del consumidor adaptadas a un mundo cada vez más líquido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un segundo tramo, muestra cómo los discursos políticos de la Administración norteamericana han adoptado el storytelling como una eficaz forma de propaganda que ha visto aumentada su potencia persuasiva gracias a la creciente convergencia entre Hollywood, la industria mediática y el poder político. Por último, Salmon examina el storytelling que desde el 11-S ha difundido al resto del mundo la Administración Bush para justificar la invasión de Afganistán, Iraq o Guantánamo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las técnicas narrativas tendrían en el capitalismo emocional del que nos habla la socióloga Eva Illouz una perfecta adecuación a la estructura en red de la sociedad actual. Los presidentes norteamericanos tendrían en común la construcción de un storytelling creado a partir de sus orígenes familiares, de su propia vida y de su relación con el mundo. Para Salmon, Reagan fue el gran narrador. Las falsedades de su estilo discursivo no impidieron que Clinton sorprendiera a su entorno nombrando director de comunicación de la Casa Blanca a David R. Gergen, que ya había ocupado el mismo cargo con Reagan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema no es el cultivo del arte del relato; la cuestión está en cómo el Estado utiliza el storytelling como instrumento de persuasión y dominio. La última campaña electoral norteamericana ha sido un gran festival narrativo en el que los medios han sido a un tiempo actor, corazón y público del espectáculo. Los medios, como señala Salmon, interpretan la historia, utilizan los relatos reinterpretados para ello por los políticos y satisfacen el deseo del público de nuevos relatos. “Las campañas son duelos de historias a gran velocidad que duran meses”, escribe Salmon. El ganador es el candidato cuyas historias están en conexión con el mayor número de electores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Concluye Salmon este volumen señalando que el storytelling es la muestra más evidente de lo que él denomina un “nuevo orden narrativo”, cuyo objetivo es domesticar a la opinión pública y adueñarse de las prácticas sociales, los saberes y la memoria del individuo. Este “nuevo orden narrativo” originado en Estados Unidos habría alcanzado Europa en el año 2000. La campaña electoral francesa de la primavera de 2007 que acabó con la victoria de Sarkozy sería el ejemplo más evidente de la aplicación, con éxito, de las “técnicas del storytelling made in USA”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cambio más notable de la campaña francesa fue el hecho de que los políticos, los medios de comunicación y los analistas cambiasen bruscamente su manera de expresarse. Comenzaron a contar historias. Por primera vez, la derecha ya no hacía hincapié en la independencia nacional ni la izquierda en el progreso social. La prensa se adueñó del relato de la vida de los candidatos. La opinión pública entró al trapo y se encandiló enseguida con los rumores de disputas conyugales, rupturas e infidelidades.El marketing de Sarkozy y Ségolène Royal marcó un profundo cambio en la cultura política francesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asesorado por sus expertos en storytelling, Sarkozy venció en ese terreno, deslegitimando la vieja idea política de la Ilustración e inaugurando una nueva era que podría calificarse de postpolítica. Resulta evidente que la tesis central de este libro es cierta. “Las formas, los ritos y los lugares del debate democrático están cada vez más sometidos a las nuevas tecnologías del poder”, escribe Salmon. Los intentos de manipulación y de persuasión se han ido haciendo cada vez más sutiles y, por otro lado, como ya señaló Paul Ricoeur hace treinta años, la identidad personal y la social están constituidas de forma narrativa. No obstante, el ser humano es un sujeto reflexivo capaz de reaccionar a los intentos orwellianos de dominio. Buena prueba de ello es este mismo libro, el cual alerta y previene frente a las nuevas técnicas persuasión y de manipulación. Estamos avisados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Creamos nuestra propia realidad”. George Bush, Ron Suskind y el Storytelling&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salmon ilustra en su libro la importancia del storytelling en la administración Bush recordando una conversación mantenida por Ron Suskind, columnista del “New York Times”con George W. Bush en el verano de 2002: “Me dijo -explicó Suskind- que la gente como yo era de esos tipos ‘que pertenecen a lo que llamamos la comunidad realidad’. Usted cree que las soluciones emergen de su juicioso análisis de la realidad observable [...] El mundo ya no funciona realmente así. Ahora somos un imperio, prosiguió, y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad. Y mientras usted estudia esta realidad, juiciosamente como desea, actuamos de nuevo y creamos otras realidades nuevas, que asimismo puede usted estudiar, y así son las cosas. Somos los actores de la historia”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-6790065533035262807?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/09/la-maquina-de-fabricar-historias-y.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-8846018139271701491</guid><pubDate>Tue, 15 Sep 2009 17:48:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-09-15T10:50:10.107-07:00</atom:updated><title>SOY CIEGO Y HOY COMIENZA LA PRIMAVERA</title><description>&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;(Prólogo de “Storytelling”)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Por Miguel Roig&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace algunos años estaba en Rosario, Argentina, visitando la catedral de la ciudad, cuando de repente sentí un leve mareo que me obligó a tomar asiento. Mientras recuperaba el tono vital, me quedé observando la arquitectura del templo: la superposición de épocas y estilos. El altar mayor, neoclásico, construido con mármol de Carrara y traído por partes desde Italia en el siglo XIX; otro, gótico, más pequeño, desplazado a un lateral cuando fue reemplazado por el anterior; la cúpula bizantina original del xviii. En fin, diferentes edades de la Iglesia relacionadas unas con otras en una misma estructura. Entonces pensé: ¿y si en lugar de un tenue mareo me hubiera desvanecido unos instantes y al recuperar la conciencia no consiguiera, a primera vista, situarme? &lt;br /&gt;La dispersión se hizo cargo del interrogante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me podría encontrar en una iglesia de Granada o de Lima; en la catedral de San Patricio en Dublín o en la de La Habana, o en la metropolitana de Ciudad de México o en la de Southwark en Londres. Todas las posibilidades estaban abiertas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La analogía con un mall americano fue inmediata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Seattle a Santiago de Chile y de Dubai a Barcelona, el modelo del mall-cuyo sistema de organización podemos encontrar también en los aeropuertos y en algunas áreas de las grandes ciudades como la City de Londres o la de Buenos Aires, el Azca de Madrid o La Défense de París-es similar al modelo de globalización que desarrolló la Iglesia. Todos los centros comerciales son iguales, en todos encontraremos un Starbucks, tiendas de Calvin Klein y Gucci, un McDonald's y un Burger King, cadenas de restaurantes italianos, chinos y japoneses y, por supuesto, cines multiplex.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo consigue articular la Iglesia semejante red a través de los siglos y convertirse en una especie de avantgarde del movimiento global de la economía?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La lectura de Storytelling de Christian Salmon puede echar luz sobre esta pregunta, ya que de alguna manera se puede leer el éxito de la Iglesia a través de una historia que es el eje de su dogma y que viene contando a lo largo de los siglos de su existencia. En primer lugar, la historia del mundo, que ha dado pie a la teoría creacionista, tan en boga en la era de Bush, y luego la historia de Cristo, el redentor, ambas enlazadas en un final esperanzador en el que todos se salvan-los justos por su propia condición y los pecadores a través del arrepentimiento-: el Juicio Final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los días se celebra misa. La feligresía, en masa, cumple con este ritual, al menos, los domingos. La misa gira en torno a la historia central: la pasión de Cristo, su muerte y su resurrección. Durante la ceremonia el sacerdote lee un pasaje bíblico que evoca algún momento de la vida de Cristo; acto seguido, la narración de la historia da pie a un sermón que sirve para incorporar este relato a la propia experiencia de los creyentes. Pero eso no es todo. El proceso pedagógico culmina con el instante cumbre de la liturgia, que consiste en alimentarse literalmente del cuerpo de Cristo, a través de la comunión, ingiriendo una oblea que representa su carnalidad. ésta sería la expresión suprema de la asimilación-y la eficacia- de una historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es casual, me parece, que la práctica del storytelling como sistema para imponer ideas, generar sentido y controlar las conductas se haya originado en Estados Unidos, que es uno de los países más religiosos del planeta. En toda la historia social y política del país, el factor religioso está vivamente pre- sente. Y lo está en esta nueva expresión del capitalismo, en el que interactúan la religión, la economía y la política. El storytelling, entonces, se erige, citando una definición que Christian Salmon ofrece en este brillante libro, en un "arma de distracción masiva" que, como ocurre con las Escrituras, no admite el estatus de ficción: se trata de una manera distinta de gestionar los relatos para utilizar la narración como una manera de convencer y movilizar la opinión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En sus Mitologías, Roland Barthes ya da muestras a finales de los años cincuenta, en el caso concreto de la religión y de la astrología, de "historias" que intentan ordenar y orientar las ideas y la conducta. Le llama la atención a Barthes, mirando la sección del horóscopo de la revista Elle, que ni una sola de las "predicciones" estimulan ni alimentan ninguna transgresión al orden establecido; al contrario, lo confirman. Jamás se habla del salario, por ejemplo, ya que "el salario es lo que es y permite la vida". Entonces, se pregunta Barthes, si no hay compensación onírica en estas historias, ¿para qué sirven? Para exorcizar lo real, nombrándolo; su función es objetivarlo sin desmitificarlo. En otra entrada, Barthes habla sobre el mito de los seres extraterrestres y la existencia de vida en Marte. En todas las historias, Marte aparece como una Tierra idealizada, perfecta. Y por supuesto, esta perfección incluye la religión como uno de los ejes del orden establecido. En el colmo del paroxismo, un periódico francés, Le Progrès de Lyon, afirmó al respecto: "Es inconcebible que seres que alcanzaron tal grado de civilización como para poder llegar hasta nosotros por sus propios medios sean paganos. Deben ser deístas, reconocer la existencia de un dios y tener su propia religión".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los méritos del libro de Christian Salmon es esclarecer el sentido de las historias que nos cuentan y arrojar luz sobre un gran malentendido: nosotros no construimos las historias o, mejor, no somos autores de su sentido: éste viene dado y muy acotado para que no lo forcemos ni lo cambiemos. En los manuales de marketing que abordan el tema, se advierte falazmente sobre la autonomía del receptor y su capacidad para moldear las historias a través de los distintos canales tecnológicos que posee, principalmente, la red. Se habla de mensajes líquidos y deformables, otorgándole al target una alta capacidad de distorsión de la historia. Salmon demuestra exactamente lo contrario: cómo un relato bien construido es capaz de ser interiorizado por la audiencia, construir sentido y camuflarse en el mundo real. Por supuesto que esto requiere pericia, capacidad de respuesta y reconocer la caducidad de los relatos a tiempo para sustituirlos por otros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presidente Ronald Reagan, paradigma del uso del storytelling, lo tenía muy claro según nos cuenta Salmon. En una rueda de prensa, en la que alimentaba con sus respuestas la denominada line of the day, la historia del día, le dijo a un periodista que pretendía romper su discurso: "Si contesto a esa pregunta, ninguno de vosotros dirá nada sobre aquello por lo que estamos aquí hoy. No voy a darle una información diferente". Esta contestación nos deja perplejos y no tanto por negarse a responder, sino por el argumento que ofrece y con el que avala su actitud (antecedente de una manera aún más radical de una práctica que hoy se ha hecho cotidiana y que pretende ser una garantía total para la salud de los relatos: las ruedas de prensa que ofrecen los mandatarios en las que no se aceptan preguntas por parte de los periodistas, simplemente se les convoca para que tomen nota de las declaraciones que se harán en la misma).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro caso curioso que menciona Salmon es el de Bill Clinton, quien, a diferencia de Reagan, ha llegado a creerse sus propios relatos, como una víctima del síndrome de Estocolmo, hasta el punto de contarlos en situaciones en las que decir la verdad le sería más beneficioso. Posiblemente, al alcanzar el éxito valiéndose de las historias, Clinton las ha incorporado definitivamente porque su manera de construir sentido está indisolublemente vinculada al éxito; poco o nada importa ya su relación con lo real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christian Salmon nos habla de un giro curioso en la vida democrática de los últimos veinte años: el concepto de la campaña electoral permanente. En estos tiempos en los que la política está predeterminada por los mercados y los mandatarios se someten a su designio, tiempos de un silencio político sobre lo real, la voz de los políticos necesita contenidos. Se hacen necesarias "historias" que permitan elaborar un relato desde el poder que, como Clinton explica sin velos en Mi vida, donde cuenta sus memorias-y recoge Salmon-, ha perdido su capacidad de decisión o de organización: "El presidente es un guionista, el realizador y el principal actor de una secuencia política que dura el tiempo de un mandato, al estilo de las series de gran audiencia como 24 o El ala oeste de la Casa Blanca". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En España esta situación se torna tangible al cotejar las administraciones de los presidentes Aznar y Rodríguez Zapatero, que se diferencian por la concepción de los derechos civiles-arraigados a la Iglesia en el caso de Aznar y concebidos en términos laicos y socialmente abiertos al reconocimiento de todas las minorías en el caso de Zapatero-, pero guardan buena sintonía en el plano económico. Aunque quizás el paradigma de este fenómeno se puede constatar en el Reino Unido, donde tanto los tories como los laboristas, a través de Margaret Thatcher y Tony Blair, han convergido en la defensa de las líneas maestras del mismo modelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El concepto de campaña electoral permanente bebe del clásico esquema del folletín; the line of the day que le preparaban al presidente Reagan. El atentado islamista del 11-M llevó al Partido Popular a escribir una historia en la que se vinculaba al terrorismo vasco en la trama y, en un total salto al vacío, incluía al PSOE no sólo como beneficiario de aquellos sucesos, sino como un actor secundario del atentado, ya que este hecho facilitó su triunfo en las urnas. Día a día, hasta casi el final de la legislatura, incluso después de que la sentencia del juicio desbaratara cualquier vinculación de ETA con los hechos, el Partido Popular insistió con su historia, que se pudo seguir como un verdadero thriller por entregas en el periódico El Mundo, uno de los tantos altavoces de esta narración. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué no convenció esta historia, seguida por los españoles con atención más allá de sus adhesiones políticas? Al margen de su cuestionable vínculo con la realidad-rasgo absolutamente ajeno al storytelling-, la historia no prosperó porque su triunfo hubiera puesto en juego el sistema, ya que atacaba directamente a la línea de flotación de uno de los dos partidos que controlan el espectro político español. Su final era previsible- lo cual no le quitó fuerza dramática, del mismo modo que no le quita tensión a la serie 24 saber que el héroe, Jack Bauer, siempre consigue sus propósitos-pero lo curioso es que su argumento parecía escrito por el propio Partido Socialista, ya que su puesta en escena le permitió ocultar, por ejemplo, la caída del salario real durante esa legislatura. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Partido Popular no entendió lo que sí comprendió el Partido Demócrata en el año 2000, cuando de manera dudosa George W. Bush le ganó las elecciones a Al Gore. Por buena que fuera la historia que contaran para deslegitimar la victoria de Bush, el sistema no ampararía ese relato. Al tiempo que los españoles consumían la historia de la conspiración, de manera atenta pero sin interiorizarla, se fortalecía otro relato, el del presidente Zapatero que, con buenos modos y escuchando el consejo del politólogo irlandés Philip Pettit, se abría a su vez en múltiples historias: las de las minorías sociales, como por ejemplo, el colectivo de gais y lesbianas, que irrumpió con un relato muy sugerente entre los jóvenes: el de la nueva familia; la paridad laboral entre hombres y mujeres, empezando por el propio gabinete del presidente, con igual número de ministros y ministras; el casamiento homosexual con toda su secuela mediática; la conspiración del 11-M. Todo se puede contar, día a día, mejorando la historia, sustituyéndola por otra o cambiando los personajes, igual que en un folletín.[...]&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-8846018139271701491?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/09/soy-ciego-y-hoy-comienza-la-primavera.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-3592789705501990734</guid><pubDate>Sun, 06 Sep 2009 14:32:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-09-06T07:35:18.580-07:00</atom:updated><title>PREGUNTAS AL ESCRITOR CARLOS LISCANO:</title><description>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(102, 102, 102);font-size:130%;" &gt;“Desconfío de quien es solidario y nunca caritativo”&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;(La Onda Digital Nº 177 – 16.03.04)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguna vez escribió: “Los escritores no somos un gremio, ni un sindicato, ni un grupo de poder. Somos la gente menos poderosa de este país, excepto en un sentido: somos, o deberíamos ser, los profesionales de la palabra. La literatura, siempre, fue el arte de la resistencia. Pero no alcanza con describir lo que ocurre, es necesaria alguna solidaridad práctica, que aunque no solucione definitivamente los problemas de nadie, ayude a alguien a pasar la noche, a llegar hasta la semana que viene”. Escribió “El furgón de los locos” y “La ciudad de todos los vientos”. También un libro reportaje a Tabaré Vázquez. En las líneas siguientes nos cuenta como se ve a sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Fecha y lugar de nacimiento?&lt;br /&gt;- 18 de marzo de 1949, Montevideo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cuál considera que es su profesión actual?&lt;br /&gt;- Escritor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Autores que le inspiran?&lt;br /&gt;- Robert Musil, Louis Ferdinand Celine, Samuel Beckett, Felisberto Hernández.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Dónde le gustaría escribir (cualquier lugar del mundo)?&lt;br /&gt;- En Montevideo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Definición de Padre?&lt;br /&gt;- Un hombre que hace lo que puede, nunca consigue lo que quiere, ni satisface a el / los objeto/s de sus afanes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Estudios?&lt;br /&gt;- Autodidacto (con o, por favor).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué premio le gustaría ganar?&lt;br /&gt;- El premio al Amigo Fiel, si existiera. Aunque es seguro que no me lo merezco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Viaje ideal que realizó?&lt;br /&gt;- Ninguno. Todos fueron para cumplir con algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cuál es el mejor lugar para vivir?&lt;br /&gt;- Montevideo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Dr. Alberto Fernández?&lt;br /&gt;- Ni idea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Juan Pablo II?&lt;br /&gt;- Exceso de soberbia católica: vicario de Dios en la Tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿El umbandismo?&lt;br /&gt;- Religión de los más pobres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Peñarol o Nacional?&lt;br /&gt;- Peñarol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Solidaridad o caridad?&lt;br /&gt;- Desconfío de quien es solidario y nunca caritativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Jorge Batlle?&lt;br /&gt;- Un señor que nació para ser dueño del país y por eso hace lo que se le antoja. Pero más del 50% del pueblo lo votó. Ambos se lo merecen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Tabaré Vázquez?&lt;br /&gt;- Representa a los que nunca tuvieron representación, en ningún partido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Los Estómagos?&lt;br /&gt;- Desconozco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿No te va a gustar?&lt;br /&gt;-Ídem.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Alfredo Zitarrosa?&lt;br /&gt;- El segundo cantor popular uruguayo, después de Gardel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Ana Ribeiro?&lt;br /&gt;- Una amiga. En segundo lugar: una gran intelectual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Fernando Cabrera?&lt;br /&gt;- Un amigo. En segundo lugar: el más montevideano de los cantores populares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Lula?&lt;br /&gt;- El sueño de la clase obrera de tener un presidente salido de sus  filas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Pinochet?&lt;br /&gt;- Un genocida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿“El” amigo?&lt;br /&gt;- Dos: Juanjo y Rodolfo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Una amiga?&lt;br /&gt;- Maria Carmen&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Plato preferido?&lt;br /&gt;- Cordero asado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Bebida preferida?&lt;br /&gt;- Vino tinto&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Medio de transporte preferido?&lt;br /&gt;- Caminar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Playa o campo?&lt;br /&gt;- Campo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Próximo Presidente?&lt;br /&gt;- Tabaré Vázquez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Radio, TV, diario o Internet para informarse?&lt;br /&gt;- Radio e internet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Algo cumplido?&lt;br /&gt;- Haber publicado un libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Algo que le falta hacer?&lt;br /&gt;- Retirarme con dignidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Algo para agregar?&lt;br /&gt;- Me he quedado sin nada para decir. Y no sólo en esta encuesta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-3592789705501990734?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/09/preguntas-para-carlos.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-3865975483709540572</guid><pubDate>Sun, 06 Sep 2009 13:21:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-11T10:54:43.369-07:00</atom:updated><title>ADVERTENCIA DE WALTER HEGO</title><description>Este tipo está loco... el otro día le pregunté por qué le había puesto al blog "La Pluma y la Tinta", esperando recibir como respuesta algo así como: "pues porque son los elementos necesarios primariamente para la escritura, los instrumentos con los que el narrador cuenta su historia, las armas con las que el político convence a sus votantes, las herramientas con las que el poeta escribe los versos que conmueven el alma", en fin, algo mas o menos sensato por el estilo. Sin embargo, el tipo me respondió que este blog se llama así por la pluma del águila y la tinta del calamar. ¿Se dan cuenta el despropósito? ¿De la sinrazón? Además, me explicó que la pluma la encontró cuando era chico al lado de la jaula de las Águilas en Villa Dolores, y la tinta en una lata de calamares en su idem. que comió en 1972, y me mostró un frasco con un apestoso líquido violeta y una cánula reblandecida, que era lo único que quedaba de la pluma... "Acá las tenés", me dijo Capelán. Yo le dije que "¡Mirá vos!" y que "¡Qué bien!", y me fuí más rápido que ligero. No lo he vuelto a ver, me limito a leerle y -cada tanto- le escribo algún comentario diciéndole lo gracioso y lo inteligente que es (le digo que mucho para dejarlo contento). Pero trato de mantenerme lejos, que no quiero estar cerca cuando le dé el ataque final. Así son las cosas. Obren en consecuencia, y después no digan que no les avisé. Buenas tardes.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; font-weight: bold;"&gt;Walter Hego&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://laplumaylatinta.blogspot.com/"&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(102, 102, 102);"&gt;(si todavía tiene ganas de volver ahí, haga click aquí)&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-style: italic; font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-3865975483709540572?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/09/advertencia-de-walter-hego.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-121250546022824637</guid><pubDate>Sun, 30 Aug 2009 04:54:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-08-29T22:13:55.182-07:00</atom:updated><title>CAPELÁN CON LOS FAMOSOS</title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_x-PpPJyoVa0/SpoHaX3o0wI/AAAAAAAABKc/tcJjDiPNLo0/s1600-h/P1010710.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 632px; height: 455px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_x-PpPJyoVa0/SpoHaX3o0wI/AAAAAAAABKc/tcJjDiPNLo0/s320/P1010710.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5375617254885479170" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Con Joaquín Sabina y Estela Carlotto, en el Ateneo de Madrid, Octubre de 2005&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;La cara de Joaquín refleja la alegría y la satisfacción que le produjo encontrarme. Estela Carlotto sonrió de pierna que es, no más. Nunca nos habíamos visto antes, nunca nos vimos después, pero vaya uno a saber si eso es verdad o no. Conmigo nunca se sabe (o sí, no lo sé). Si aún quiere volver a La Pluma y la Tinta, haga click&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a style="font-weight: bold; color: rgb(0, 153, 0);" href="http://laplumaylatinta.blogspot.com/"&gt; aquí.&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-121250546022824637?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/08/capelan-con-los-famosos.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_x-PpPJyoVa0/SpoHaX3o0wI/AAAAAAAABKc/tcJjDiPNLo0/s72-c/P1010710.JPG' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-2202225208732537169</guid><pubDate>Fri, 21 Aug 2009 04:50:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-08-20T22:00:41.078-07:00</atom:updated><title>BIG BILL BRONZY</title><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_x-PpPJyoVa0/So4oqxnMu8I/AAAAAAAABAU/WQGH-8yv_EM/s1600-h/bigbillbroonzy%5B1%5D.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 292px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_x-PpPJyoVa0/So4oqxnMu8I/AAAAAAAABAU/WQGH-8yv_EM/s320/bigbillbroonzy%5B1%5D.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5372276120836946882" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Big Bill Broonzy (26 de junio de 1898 - 14 de agosto de 1958) fue un prolífico compositor, guitarrista y cantante de blues estadounidense.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Big Bill nació bajo el nombre de William Lee Conley Broonzy en el condado de Scott, Misisipi. El año exacto de su nacimiento no ha sido aun esclarecido. Algunos autores, señalan que era hermanastro de Washboard Sam. En cualquier caso, Broonzy abandonó Misisipi en 1924 para trasladarse a Chicago, donde se encontró con Papa Charlie Jackson, quien le enseñó a tocar la guitarra (el violín había sido el instrumento de Broonzy hasta entonces).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Broonzy grabó por primera vez acompañándose a sí mismo en 1929. Hacia 1936 se convirtió en uno de los primeros bluesman en usar un pequeño grupo instrumental, incluyendo batería y contrabajo, así como uno o más instrumentos melódicos (metales o armónica). Estas grabaciones solían llevar el nombre de Big Bill and his Chicago Five.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante esta época Broonzy actuaba en los clubs del South Side de Chicago y también realizó tournés con Memphis Minnie en los años 30. Broonzy grabó para distintas discográficas durante los 30 y 40, con músicos como Jazz Gillum.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los años 50 volvió a sus raíces folk-blues tocando solo y recorrió Europa extensamente, dando conciertos y grabando, en 1956. Aunque había sido un pionero del estilo de Chicago y había empleado instrumentos eléctricos desde 1942 su nuevo, y blanco, público deseaba escuchar sus canciones acompañándose de guitarra acústica solamente, considerándolo más auténtico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Broonzy volvió a Chicago y continuó actuando, aunque su salud estaba empeorando. Falleció en 1958 a causa de un cáncer de garganta. Fue enterrado en el cementerio Lincoln, en Blue Island, Illinois.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante su periodo folk-blues grabó con Pete Seeger, Sonny Terry y Brownie Mcghee y Leadbelly. Como Broonzy no era un guitarrista eléctrico de estilo espectacular no es tan conocido como otros artistas contemporáneos del género y no fue tan imitado durante el revival británico del blues en los 60.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aun así, ganó cierta popularidad por su canción Key To The Highway, grabada por Eric Clapton en el álbum Layla And Other Assorted Love Songs, de Dereck And The Dominoes. Fue un aclamado guitarrista acústico y una gran fuente de inspiración para artistas como Muddy Waters y Memphis Slim. En total Big Bill Broonzy grabó más de 350 composiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Véalo actuar en vivo en París en 1956,&lt;span style="color: rgb(102, 102, 102);font-size:130%;" &gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;a style="font-weight: bold;" href="http://www.youtube.com/watch?v=MEOoc0kR6yg"&gt;aquí&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:85%;" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic; color: rgb(102, 102, 102);font-size:85%;" &gt;(información de la Wikipedia)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-2202225208732537169?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/08/big-bill-bronzy.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_x-PpPJyoVa0/So4oqxnMu8I/AAAAAAAABAU/WQGH-8yv_EM/s72-c/bigbillbroonzy%5B1%5D.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-8629372552956671986.post-2171736936296257635</guid><pubDate>Mon, 17 Aug 2009 01:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-08-16T18:58:26.894-07:00</atom:updated><title>EL DOMINIO DE ARNHEIM O EL JARDÍN PAISAJE (fragmento)</title><description>&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(102, 102, 102);"&gt;Edgar Allan Poe&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(...) Habitualmente se llegaba a Arnheim por el río. El visitante abandonaba la ciudad de mañana temprano. Hasta mediodía pasaba entre orillas de una belleza tranquila y doméstica, donde pacían innumerables ovejas cuyos blancos vellones manchaban el verde vivo de las praderas onduladas. Gradualmente la impresión de cultivo iba tornándose en otra de vida puramente pastoril. Lentamente ésta terminaba en una sensación de retiro, y ésta, a su vez, en la conciencia de la soledad. Al acercarse la noche el canal se angostaba; las orillas eran cada vez más escarpadas, cubiertas de follaje más rico, más profuso y más sombrío. La transparencia del agua aumentaba. La corriente daba mil vueltas, de suerte que en ningún momento podía verse su superficie brillante desde una distancia mayor de un cuarto de milla. &lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;A cada instante el barco parecía prisionero dentro de un círculo encantado, rodeado de inexpugnables e impenetrables muros de follaje, un techo de satén azul ultramar y ningún piso; la quilla se balanceaba con admirable exactitud como sobre la de un barco fantasma que, habiéndose invertido por algún accidente, flotara en constante compañía de la nave real, con el fin de sostenerla. El canal se convertía entonces en una garganta, aunque el término no es exactamente aplicable y lo empleo tan sólo porque no hay en el lenguaje palabra que represente mejor el rasgo más sorprendente —no el más característico— del paisaje. El aspecto de garganta sólo se manifestaba en la altura y el paralelismo de las orillas; pero desaparecía en otros caracteres. Las paredes del barranco (entre las cuales fluía tranquila el-agua clara) se elevaban hasta una altura de cien y en ocasiones ciento cincuenta pies, inclinándose tanto una hacia la otra que en gran medida interrumpían el paso de la luz, mientras arriba los largos musgos como plumas colgando espesos desde los entrelazados matorrales, daban a todo el abismo un aire de melancolía fúnebre. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Los meandros se multiplicaban y complicaban, y parecían volver a menudo sobre sí mismos, de modo que el viajero perdía en seguida todo sentido de orientación. Lo envolvía, además, una exquisita sensación de extraneza. El concepto de naturaleza subsistía, pero como si su carácter hubiese sufrido una modificación; había una misteriosa simetría, una estremecedora uniformidad,una mágica corrección en sus obras. Ni una rama seca, ni una hoja marchita, ni un guijarro perdido, ni un sendero en la tierra oscura, se percibían en ninguna parte. El agua cristalina manaba sobre el granito limpio o sobre el musgo inmaculado con una exactitud de diseño que deleitaba y al mismo tiempo deslumbraba la vista.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Después de recorrer los laberintos de este canal durante algunas horas, mientras la oscuridad se ahondaba por momentos, una brusca e inesperada vuelta del barco lo lanzaba de improviso, como si cayera del cielo, en un estanque circular de gran extensión, comparada con la anchura de la garganta. Tenía unas doscientas yardas de diámetro y lo rodeaban, por toda partes, salvo la que enfrentaba a la nave al entrar, colinas iguales en su altura general a las paredes del abismo, aunque de carácter completamente distinto. Sus flancos subían inclinados desde el borde del agua en un ángulo de unos cuarenta y cinco grados, y estaban cubiertos desde la base hasta la cima —sin ningún intervalo perceptible — por un manto de flores magníficas, donde apenas se veía una hoja verde en un mar de color perfumado y ondulante. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;El estanque tenía gran profundidad, pero tan transparente era el agua que el fondo, como hecho de una espesa capa de guijarros de alabastro pequeños y redondos, era claramente visible por momentos, es decir, cuando la mirada podía permitirse no ver, en el fondo del cielo invertido, la reflejada floración de las colinas. No había en éstas ni árboles ni siquiera arbustos de cualquier tamaño que fuese. Producían en el observador una impresión de riqueza, de calidez, de color, de quietud, de uniformidad, de suavidad, de delicadeza, de elegancia, de voluptuosidad y de milagroso refinamiento de cultura que hacía soñar con una nueva raza de hadas laboriosas, dotadas de gusto, magníficas y minuciosas; pero cuando el ojo subía por la pendiente multicolor, desde su brusca unión con el agua hasta su vaga terminación entre los pliegues de una nube suspendida, resultaba verdaderamente difícil no pensar en una panorámica catarata de rubíes, safíros, ópalos y ónix áureo, precipitándose silenciosa desde el cielo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;El visitante que cae de improviso en esta bahía desde las tinieblas del barranco queda encantado pero sorprendido por el rotundo globo del sol poniente que había supuesto ya bajo el horizonte y que ahora lo enfrenta, constituyendo el único límite de una perspectiva que de otro modo sería infinita vista desde otro abismo abierto entre las colinas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Pero aquí el viajero abandona el navio que lo llevara tan lejos y desciende a una ligera canoa de marfil ornada, tanto por dentro como por fuera, de arabescos de un vívido escarlata. La popa y la proa de este bote se levantan muy por encima del agua en agudas puntas, de modo que la forma general es la de una luna irregular en cuarto creciente. Flota en la superficie de la bahía con la gracia altiva de un cisne. Sobre el piso cubierto de armiño descansa un solo remo liviano, de palo áloe; pero no se ve ningún remero ni sirviente. Se ruega al huésped que no pierda el ánimo, que el hado se ocupará de él. El navio más grande desaparece y queda solo en la canoa que flota aparentemente inmóvil en medio del lago. Mientras medita sobre el camino a seguir, advierte un suave movimiento en la barca mágica. Esta gira lentamente sobre sí misma hasta ponerse de proa al sol. Avanza con una velocidad suave, pero gradualmente acelerada, mientras los leves rizos del agua que rompen en los costados de marfil con divinas melodías parecen ofrecer la única explicación posible de la música suave pero melancólica, cuyo origen invisible en vano busca a su alrededor el perplejo viajero.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;La canoa prosigue resueltamente, y la barrera rocosa del panorama se acerca de modo que sus profundidades pueden verse con más claridad. A la derecha se eleva una cadena de altas colinas cubiertas de bosques salvajes y exuberantes. Se observa, sin embargo, que la exquisita limpieza, característica del lugar donde la orilla se hunde en el agua, sigue siendo constante. No hay huella alguna de los habituales sedimentos fluviales. A la izquierda el carácter del paisaje es más suave y evidentemente más artificial. Allí la ribera sube desde el agua en una pendiente muy moderada, formando una amplia pradera de césped de textura perfectamente parecida al terciopelo y de un verde tan brillante que podría soportar la comparación con la de la más pura esmeralda. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;La anchura de esta meseta varía de diez a trescientas yardas; va desde la orilla del río hasta una pared de cincuenta pies de alto que se alarga en infinitas curvas pero siguiendo la dirección general del río, hasta perderse hacia el oeste en la distancia. Esta pared es de roca uniforme y ha sido formada cortando perpendicularmente el precipicio escarpado de la orilla sur de la corriente, pero sin permitir que quedara ninguna huella del trabajo. La piedra tallada tiene el color de los siglos y está profusamente cubierta y sembrada de hiedras, madreselvas, eglantinas y clemátides. La uniformidad de las líneas superior e inferior de la pared es ampliamente compensada por algunos árboles de gigantesca altura, solos o en grupos pequeños, a lo largo de la meseta y en el dominio que se extiende detrás del muro, pero muy cerca de éste; de modo que numerosas ramas (especialmente de nogal negro) pasan por encima y sumergen en el agua sus extremos colgantes. Más allá, en el interior del dominio, la visión es interrumpida por una impenetrable mampara de follaje.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Estas cosas se observan durante la gradual aproximación de la canoa a lo que he llamado la barrera de la perspectiva. Pero al acercarnos a ésta su apariencia de abismo se desvanece; se descubre a la izquierda una nueva salida a la bahía, y en esa dirección se ve correr la pared que sigue el curso general del río. A través de esta nueva abertura la vista no puede llegar muy lejos, pues la corriente, acompañada por la pared, aun dobla hacia la izquierda, hasta que ambas desaparecen entre las hojas. El bote, sin embargo, se desliza mágicamente en el canal sinuoso, y aquí la orilla opuesta a la pared llega a semejarse a la que estaba frente al muro que había delante. Elevadas colinas, que alcanzan a veces la altura de montañas, cubiertas de vegetación silvestre y exuberante, cierran siempre el paisaje.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Navegando suavemente, pero con una velocidad algo mayor, el viajero, después de breves vueltas, halla su camino obstruido en apariencia por una gigantesca barrera o más bien, por una puerta de oro bruñido, minuciosamente tallada y labrada, que refleja los rayos directos del sol, el cual se hunde ahora con un esplendor que se diría envuelve en llamas todo el bosque circundante. Esta puerta está metida en la alta pared, que aquí parece atravesar el río en ángulo recto. Al cabo de unos minutos, sin embargo, se ve que el cauce principal del río sigue corriendo en una curva suave y amplia hacia la izquierda, junto a la pared, como antes, mientras una corriente de considerable volumen, divergiendo de la principal, se abre camino bajo la puerta con ligeros rizos, y así se sustrae a la vista. La canoa entra en el canal menor y se acerca a la puerta. Los pesados batientes se abren lenta, musicalmente. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;El bote se desliza entre ellos y comienza un rápido descenso a un vasto anfiteatro circundado de montañas purpúreas, cuyos pies lava un río resplandeciente en la amplia extensión de su circuito. Al mismo tiempo todo el paraíso de Arnheim irrumpe ante la vista. Se oye una arrebatadora melodía; se percibe un extraño, denso perfume dulce; es como un sueño, en que se mezclan ante los ojos los altos y esbeltos árboles de Oriente, los arbustos boscosos, las bandadas de pájaros áureos y carmesíes, los lagos bordeados de lirios, las praderas de violetas, tulipanes, amapolas, jacintos y nardos, largas e intrincadas cintas de arroyuelos plateados, y surgiendo confusamente en medio de todo esto la masa de un edificio semigótico, semiárabe, sosteniéndose como por milagro en el aire, centelleando en el poniente rojo con sus cien torrecillas, minaretes y pináculos, como obra fantasmal de silfos, hadas, genios y gnomos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8629372552956671986-2171736936296257635?l=andrescapelandos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://andrescapelandos.blogspot.com/2009/08/el-dominio-de-arnheim-o-el-jardin.html</link><author>andrescapelan@gmail.com (Andrés Capelán)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item></channel></rss>