LA DESAPARICIÓN DE ANDRÉS CAPELÁN

ACÁ ESTOY
ACÁ TAMBIÉN ESTOY

Y ACÁ DESAPARECÍ...

¡Oh noveles autores! ¡Desconfiad de los editores!

Hacia 1994 yo era el encargado de la columna del quincenario Mate Amargo "Pregúntele al doctor Boero". Me senté a esperar las cartas de los lectores, pero pasaban los días y nadie preguntaba nada. Entonces llamé a quien se encargaba de esa columna antes que yo, Anibal Paiva, y le pregunté como hacía él. "¡Ah! Yo inventaba, nunca nadie mandó ninguna carta preguntando nada, así que le preguntaba lo que a mi me parecía" -me contestó.

Entonces, comencé a hacer lo mismo y mas o menos una vez al mes iba a la casa de Gastón con un puñado de preguntas, se las formulaba y grababa sus respuestas. Luego las trascribía, les daba un poco más de color, y las publicaba. Más adelante, cuando Gastón comenzó a contestar preguntas por radio, primero en CX 44 y luego en CX 14, yo grababa sus respuestas y las trascribía para Mate Amargo.

Un buen día me encontré con algunas decenas de preguntas y respuestas muy interesantes y se me ocurrió la idea de juntarlas en un libro. Lo conversé con Gastón, lo conversé con Tae (Tupac Amarú Ediciones), y a todos los pareció buena idea. Puse manos a la obra, pasando en limpio las columnas hechas por mí y por mis dos antecesores (el ya mencionado Aníbal Paiva y el no mencionado Kintto Lucas), y se me ocurrió ponerle ese título que parafrasea al de la película de Woody Allen. El primer tomo del libro se presentó en 1995 en Paysandú (pago natal de Boero), y el segundo se presentó en la Feria del Libro de 1996.

Pero Tae nunca nos pagó un peso por los dos libros que nos editó, por lo que perdió los derechos de facto. Entonces Gastón se lo ofreció a Canalda, y Edmundo le planteó juntar los dos tomos en uno. En la edición de Fin de Siglo no está el reportaje que le hice a Gastón para el segundo tomo de Tae, pero el prólogo y la contratapa son refritos de mis prólogos y mis contratapas para Tae. Sin embargo, en esa edición no figuro como co autor, sino apenas como dactilógrafo, mencionado al pasar en el (mi) prólogo modificado. Gastón compartió conmigo las regalías (Canalda si nos pagó), pero yo hubiera preferido la fama al dinero (porque además eran unos pesos locos, claro).

En fin, que la idea de hacer el libro fue mía, que el título lo elegí yo, las supuestas preguntas de los lectores de Mate Amargo que Gastón contestaba las inventé yo, y resulta que ahora soy nada más que un dactilógrafo. Como se vé, está todo documentado en los ficheros de la Biblioteca Nacional. ¡Salud y Buen Provecho! Ya está, ya pasó.